Gonzo Jordan: La verdadera historia detrás de la prometedora pero breve carrera de Michael Jordan en el béisbol

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Recordando la corta carrera de Michael Jordan como pelotero (1:29)

Hace 25 años, Michael Jordan debutó como beisbolista profesional junto a los Birmingham Barons de las ligas menores. (1:29)

Ha hecho de la noche de hoy algo emocionante. Con los Barons con ventaja 5-1, Jordan se acerca al plato por cuarta ocasión... dos de sus tres turnos al bate casi fueron cuadrangulares... la llevó lejos hacia el left-center para chocar con el muro en el cuarto y luego, en el sexto, Jordan la llevó un poco más lejos y falló por dos pies... Elevado profundo hacia el jardín izquierdo una vez más, Ratfliff se aleja, hacia la pista de seguridad, alza... ¡ESA SE FUE... JORDAN! (IT IS GON-ZO JORDAN!) ¡Lo logró!

- Curt Bloom, narrador de los Birmingham Barons, 30 de julio de 1994.

Los Barons ya no juegan en el Hoover Metropolitan Stadium. Sin embargo, no fue hasta la mudanza del equipo al Regions Field ubicado en el centro de Birmingham en 2013 que las instalaciones del viejo estadio del sur de la ciudad rindieron homenaje a algunas de las grandes figuras que habían jugado allí. Estaba el Rollie Fingers Bullpen Deck, bautizado por el relevista miembro del Salón de la Fama que había lanzado para el equipo sucursal de los Oakland Athletics en 1967 y 1968 y el Pabellón Robin Ventura, en honor del antesalista que había jugado con los Barons en 1989 antes de su ascenso por parte de los Chicago White Sox y el Área de Picnics Frank Thomas, dedicado al slugger miembro del Salón de la Fama que infringió gran dolor en Doble-A a los pitchers de la Southern League en 1990. ¿El comedor? Pues bien, tenía el nombre de cierto jardinero derecho que ligó para .202 con los Barons en 1994. Había cierta ironía deliciosa en su designación como Salón de Banquetes Michael Jordan. Después de todo, Jordan dio inicio a un goloso festín hace 25 años en la noche del 8 de abril en el Hoover Met, cuando hizo su debut oficial en el béisbol profesional. Vestido con el 45, su número cuando jugaba en la secundaria Laney High (Carolina del Norte), el egresado del baloncesto de 31 años atrajo a 10,359 asistentes, al igual que 130 miembros de los medios de comunicación. Lo vieron batear para elevado en su primer turno al bate contra el abridor del Chattanooga, John Courtright. En esa noche y en los libros de historia, bateó de 3-0 en una derrota 10-3 a manos de los Lookouts. Los aficionados se fueron a casa ligeramente decepcionados.

Ha pasado largo tiempo desde que Jordan dejó Birmingham, al igual que la mayoría de los jugadores y entrenadores que vistieron el uniforme de los Barons ese año. El manager Terry Francona se encuentra en su decimonovena temporada como estratega en las Mayores, con credenciales dignas del Salón de la Fama, que incluyen el conjuro de la maldición de 86 años de los Boston Red Sox en 2004, otro trofeo de Serie Mundial tres años después y otras dos incursiones en el Clásico de Otoño, incluyendo una con su actual equipo, los Cleveland Indians. De los jugadores en ese roster de 1994, 20 cuentan con experiencia en Grandes Ligas, entre quienes venían de jugar con el equipo grande o lo hicieron después de su estadía con los Barons. Jordan no jugó en Grandes Ligas; sin embargo, por lo menos pudo conseguir consuelo con su segundo tricampeonato en la NBA con los Chicago Bulls.

Hoy en día, los aficionados al deporte consideran que su paso por el béisbol fue mero capricho y cuando revisan sus números y ven que bateó para .202, concluyen que su carrera como beisbolista fue un fracaso. Al igual que esa multitud congregada en la noche inaugural de 1994, se alejan del recuerdo algo decepcionados.

No pueden estar más equivocados.

Yo no podría estar más equivocado.

Pregúntenle a Curt Bloom, quien permanece en Birmingham, narrando partidos de los Barons por la vigesimoséptima temporada consecutiva. "No hay día que pasa en el cual no pienso en esa temporada del '94", afirma Bloom. "Pasé 150 días al lado de Michael Jordan. Jugué baloncesto con él... Recuerdo haber tratado de armar una jugada en una partida improvisada, para que él me dijera: 'No necesito eso'. Nuestra hija Chloe cumplirá 25 años en agosto. Ella nació justo después que Michael frotara el vientre de mi esposa para la buena suerte. Le vi confrontar dificultades durante unos meses, aunque también lo vi convertirse en pelotero, justo frente a mis propios ojos. Trabajó con todo su esfuerzo, pero también disfrutó de su experiencia y estrechó lazos con el equipo".

"Yo juraba que jugaría en Grandes Ligas".

O pregúntenle a Mike Barnett, quien fue coach de bateo de los Barons esa temporada y quien se reunió con Francona como coordinador de repeticiones de los Indians y funge como instructor de bateo para la organización. "Michael lo intentaba cinco veces al día", dijo Barnett, también conocido como Barney. "Iba a la jaula de bateo antes del desayuno. La práctica de bateo regular. Lances suaves. La práctica de bateo antes del partido. Luego, volvía a la jaula después del partido. Sus manos estaban llenas de ampollas y sangrantes, su intensidad se salía de lote. No miren su promedio de bateo. Fíjense en sus 51 carreras impulsadas: nunca se sintió abrumado por el momento. Podía volar: fíjense en sus 30 bases robadas. No había jugado béisbol desde la secundaria y estaba manteniéndose en pie en Doble-A, una categoría llena de prospectos. Para el mes de agosto, esos elevados de rutina en la práctica de bateo comenzaron a abandonar el estadio. No estoy seguro de haber visto algo tan hermoso en un parque de béisbol como aquella ocasión en la cual Michael Jordan bateó hacia el hueco y corrió hasta la tercera para conseguir triple. De haber jugado dos temporadas más, se habría convertido en un legítimo jardinero extra con los White Sox, o hasta titular".

Y si no les creen, pregúntenle a Tito. "Lo tenía todo", dijo Francona una mañana durante los entrenamientos primaverales de su organización en Goodyear, Arizona. "Habilidad, aptitud, ética de trabajo. Siempre fue tan respetuoso de lo que estábamos haciendo y considerado con sus compañeros de equipo. Cierto que tenía mucho que aprender. Recuerdo que una vez, estábamos ganando 11-0 a Chattanooga y Michael bateó un doblete. ¡Y se robó la tercera! Estoy gesticulando en señal de disculpas a Pat Kelly, el otro manager, y él se ríe. Luego de que Michael regresara al dugout, le digo: '¿Qué estás intentando hacer, que nos maten?' Y el me respondió: 'Bueno, en la NBA, cuando estás arriba por 20 puntos, intentas llegar a 30 de ventaja'".

"Creo que, con otros 1,000 turnos al bate, él lo hubiera logrado. Pero hay otro elemento que la gente no sabe con respecto a esa temporada. El béisbol no fue su único aprendizaje. Realmente creo que él logró redescubrirse, reencontrarse con la alegría de competir. Hicimos que él quisiera volver a jugar baloncesto".

"Y él me hizo mejor manager".

Las líneas de estadísticas pueden decir mucho. Sin embargo, en el caso de la ficha de la temporada 1994 de Michael Jordan, ésta no cuenta mucho del cómodo autobús que le compró a los Barons, las partidas de Yahtzee y Spades, las batallas de ping pong y lecciones de inglés con el receptor Rogelio Núñez, el homenaje a los Birmingham Black Barons, la noche cuando Charles Barkley se apoderó del clubhouse, las miles de pelotas que autografió, las cientos de pelotas que sacó del estadio en prácticas de bateo, o la épica partida improvisada de 4 contra 4 en Rime Village, el complejo de apartamentos en Hoover donde residían los peloteros.

Igualmente, hay muchas cosas que omite la tabla de posiciones de esa temporada. No indican que los Barons de 1994 tuvieron una temporada milagrosa.

Después de todo, ¿cuántos equipos sotaneros de la Southern League pueden sentirse responsables de ganar dos Series Mundiales y tres títulos de la NBA?


EL RELATO sobre la incursión de Michael Jordan en el mundo del béisbol nunca se ha compaginado completamente con la realidad, lo cual es algo sorprendente, considerando su visibilidad como el más grande jugador de baloncesto de todos los tiempos. Siempre hubo una cualidad inescrutable en él (estuvo siempre por encima del aro y con los pies sobre la tierra); pero esto no explica por completo lo equivocados que estuvimos todos. Cuando Jordan anunció su retiro de los Chicago Bulls el 6 de octubre de 1993, aún sentía el duelo por el asesinato de su padre, James Jordan, con 56 años. Por ello, cuando Michael convocó a otra rueda de prensa el 7 de febrero de 1994 para anunciar sus intenciones de asistir a los entrenamientos primaverales de los White Sox, equipo propiedad del dueño de los Bulls, Jerry Reinsdorf, la gente se precipitó a tomar toda clase de conclusiones. La decisión, según la sensación de muchas personas, era un homenaje a su padre, que amaba el béisbol y creía que su hijo podía seguir los pasos de otras estrellas que habían alcanzado el éxito en dos deportes distintos, como Deion Sanders y Bo Jackson. O en el caso de los sospechosos, pensaban que era una forma de mantenerse activo y con bajo perfil mientras esperaba que la NBA le liberase de cualquier acusación tras las acusaciones que lo vinculaban con apuestas deportivas. O, como lo pensaban los cínicos, era una búsqueda de satisfacción de ego que podía ayudar a vender una nueva línea de mercancía marca Jordan.

En realidad, Jordan había empezado a acariciar la idea de dejar el baloncesto para dedicarse al béisbol antes del verano de 1992, cuando jugó con el "Dream Team" que apabulló hasta alcanzar el oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Se sentía agotado de la rutina del baloncesto y todas las altas expectativas puestas sobre él, con el deseo de ver si aún era capaz de dedicarse al béisbol, tal como su padre le había dicho una vez. Vamos, el Sr. Baloncesto fue una ocasión como "Sr. Béisbol" en Carolina del Norte, elegido por la Dixie Youth Association. Sin importar que en ese momento contaba con 12 años.

No obstante, el béisbol es difícil y fue hecho aún más difícil para Jordan gracias a los vientos generados por el escepticismo. Esa primavera en Sarasota, mientras los aficionados se reunían para verle con un uniforme de pelotero, los jueces "gatillo alegre" empezaron a dar sus veredictos. Beisbolistas veteranos, periodistas y puristas del deporte de los diamantes comenzaron a fruncir el ceño. Yo fui uno de los que dudaron. Redacté un artículo que fue tema de portada para la revista Sports Illustrated ('Err Jordan', en un juego de palabras con su sobrenombre en inglés "Air Jordan") en el cual me burlaba de su swing, puse en duda la cordura de los White Sox y terminé diciendo: "En alguna parte, hay hombres riéndose". Los editores de Sports Illustrated elevaron la apuesta titulando en la portada: "¡Ya basta, Michael!: Jordan y los White Sox están avergonzando al béisbol".

El único argumento de ese artículo que vale la pena recordar es que indiqué que Jordan estaba trabajando sumamente fuerte. Durante la mayor parte de esa primavera, su tutor en el bateo fue Walt Hriniak, cuya filosofía que radica en "batear hacia todas las bandas" funcionaba bien para algunos, aunque no con todos los jugadores. Considerando que Jordan no había jugado al béisbol desde que había dejado este deporte luego de disputar dos encuentros en su último año de secundaria, las lecciones se asemejaban un poco a ver a Einstein enseñándole aritmética a un estudiante de sexto grado.

El 31 de marzo, Jordan fue asignado a Double-A Birmingham, una parada bastante alta para su inexperiencia. Comenzaron a alinearse de inmediato: los fanáticos de los Barons querían comprar boletos, los reporteros querían hablar con Tito. Pero faltaba una semana para la temporada, por lo que Mike Barnett se fue a trabajar. "Walt era un gran entrenador de bateo", dijo Barnett ahora, en el complejo primaveral de los Indios. "Pero su escuela de bateo no era la más adecuada para Michael. Estaba parado lejos del plato y se lanzaba hacia el pitcheo. Lo acerqué más al plato y logré que avanzara hacia la pelota y usara sus caderas y esos largos brazos. Me imaginé que los lanzadores iban a retarlo con sus rectas".
Jordan también recibió una rápida lección de Francona sobre la vida en las ligas menores. "Quería saber si volamos entre ciudades. Tenía que decirle que viajábamos en autobús. ¿De Birmingham a Orlando? 12 horas".

Jordan tuvo una última mirada a las grandes ligas en el Clásico de la Ciudad de los Vientos del 7 de abril entre los Medias Blancas y los Cachorros en el Wrigley Field. Las lecciones de bateo parecían valer la pena: se fue de 5-2 mientras que los rivales del otro lado de la ciudad se las arreglaban para un empate 4-4, en 10 entradas.

Se fue sin hits en sus primeros dos juegos oficiales, pero bateó dos hits contra Knoxville en su tercero. Al final de sus seis partidos iniciales en casa, bateaba para .250. También había estado trabajando tras bastidores con la compañía de transporte Thrasher Brothers para obtener una actualización del viejo autobús Trailways de los Barons que habían usado el año anterior. Dijo Francona: "Michael me había preguntado: '¿Qué pasa si consigo un autobús?' No quiero que me despidan, así que obtuve permiso y al día siguiente aparecieron cuatro autobuses nuevos en nuestro estacionamiento. El primero debe haber sido un autobús para un grupo de rock, muy agradable para Michael y para mí y los entrenadores, pero no hay espacio para los otros jugadores. Terminamos eligiendo un autobús realmente agradable que podría haber sido para la Familia Partridge. Michael autografió el exterior y ahí nació el 'Jordancruiser'".

Entonces, si bien es cierto que Jordan les 'consiguió' el autobús, él no lo compró, a diferencia de lo que dice la leyenda popular. Los Thrasher Brothers obtuvieron lo que buscaban: publicidad. En cuanto a los jugadores: "Quería besarlo", dijo Kenny Coleman, un jugador polivalente de cuadro en el equipo. "Nuestro viejo autobús no tenía control de temperatura. Hacía demasiado calor o demasiado frío. El nuevo se sentía como una nave espacial".

En ese primer viaje por carretera, Jordan despegó como una nave espacial. Tuvo una racha de 13 partidos que lo dejó con un promedio de bateo de .327. Parecía GOAT 2.0. Pero, como dijo Barnett: "Estaba destinado a terminar. Seguí esperando a que los lanzadores dejaran de desafiarlo con las rectas y empezaran a lanzarle bolas rompientes, y para fines de abril, ya lo estaban haciendo".

Fue en esta época cuando un escritor independiente de Portland, Oregon, llamado Jim Patton, apareció para hacer un libro sobre la primera temporada de Jordan. El problema era que no obtuvo la autorización de David Falk, el agente de Jordan, por lo que rápidamente descubrió que su acceso iba a ser muy limitado. Sin embargo, eso no le impidió seguirlo toda la temporada y escribir "Rookie" (Addison-Wesley 1995), una mirada divertida y observadora de esa temporada.
"No se vendió en absoluto", dijo Patton durante una llamada telefónica desde Italia, donde trabaja en un libro sobre tráfico sexual. "Muchos de los críticos dijeron: 'No es bueno porque Patton no tuvo acceso', pero ese fue el punto. De todos modos, recibí una crítica muy favorable. [La crítica] lo encontró 'inteligente, divertido y totalmente ignorado".

En el libro, el lector se encuentra con la mascota del perro de los Barons, Babe Ruff, y escucha 'Sirius' de Alan Parsons Project, el tema principal de los Bulls y la música de entrada de Jordan a la caja de bateo. La descripción de Patton de la época en que Jordan perdió su collar de joyas en el jardín derecho, lo que requirió una partida de búsqueda entre entradas, es un estudio narrado ironía que termina con su descubrimiento y "la mayor ovación de la noche".

Aunque Jordan se negó a sentarse con él, Patton estaba allí cuando dio una reveladora conferencia de prensa posterior al juego en Orlando la noche después de que los Bulls fueran eliminados de los playoffs. Cuando se le preguntó cómo estaba encajando, considerando la diferencia de edad entre él y sus compañeros de equipo, dijo: "Me siento más viejo que estos chicos, como su hermano mayor, y trato de decirles lo que está bien y lo que está mal en ciertas situaciones, como tratar con la prensa. En otras formas, me siento como su hermano pequeño: me están enseñando a jugar el béisbol. En cuanto a con quién comparto, salgo con todo el mundo".

No hay manera de medirlo y se pasa por alto, pero la capacidad de llevarse bien es una herramienta esencial en el béisbol, especialmente por el largo y arduo calendario. Y Jordan tenía esa habilidad. "Fue genial con todos", dijo Coleman, quien ahora es un alto ejecutivo de la empresa de servicios de Southern Company. "Teníamos esta mesa de ping-pong en la casa club, y el mejor jugador era Rogelio Núñez, nuestro receptor dominicano. Él y Jordan lo jugaban todo el tiempo, pero casi todos los días, Michael le enseñaba una palabra diferente en inglés: y $100 por cada palabra que aprendiera. Al final de la temporada, el inglés de Nunie sabía más inglés, era más rico y Jordan lo estaba dominando en el ping-pong.

"Como jugué baloncesto en la Universidad de New Haven, me encantó entrar a la cancha con Jordan", dijo Coleman. "Pero no fue solo el juego lo que nos unió a nosotros. Cuando necesitó consejos de béisbol, se apoyó en nosotros. Kerry Valrie básicamente le enseñó a jugar en los jardines. Vimos lo bueno que podía ser y nos comprometimos en ayudarlo a mejorar".

Jordan también salía mucho con los entrenadores. Por supuesto, estaba el factor edad, y las experiencias de vida compartidas, pero también estaba Yahtzee, el juego de dados que Francona le enseñó en el primer viaje por carretera. "Jugamos todo el tiempo", dijo Francona. "Esto todavía me hace reír. Una noche, él está en la oficina después de un juego en el que solo bateamos cuatro hits, y miro el 'box score' del cuadro mientras jugamos con Yahtzee y veo que él bateó dos de los hits. Yo digo: 'Michael, fuiste la mitad de nuestra ofensiva esta noche. Y sin perder el ritmo, dice: 'No es la primera vez en mi vida que sucede'".

Ocasionalmente, Jordan se dignaba jugar al básquetcon los mortales. "Puedo decirte esto con seguridad ahora", dijo Francona, "pero si te lo decía en el '94, podrían haberme despedido.

"Acabábamos de regresar a Birmingham después de un partido de domingo por la mañana en Huntsville (una victoria de 5-4 el 22 de mayo, en la que Michael se fue de 5-0). Decidimos jugar un juego de 4 contra 4 en Rime Village, donde se quedaban muchos de los jugadores. Los tres entrenadores más Michael, frente a cuatro de nuestros mejores jugadores de básquetbol".

Scott Tedder, un jardinero de 6'4" que fue el máximo anotador de todos los tiempos como escolta en Ohio Wesleyan, era uno de los jugadores. "A ver", dijo desde su oficina en Hibbet Sports en Birmingham, donde es un gerente de bienes raíces. "Eramos yo, nuestro receptor Chris Tremie, el jardinero Kevin Coughlin y el lanzador Brian Givens, que medía como 6'6". El juego era a 16, ganar por dos. Un punto por canasta, dos puntos por triple".

"Nadie nos estaba viendo al comienzo del juego", dijo Barnett, "pero al final, había cientos de personas rodeando la cancha".

"Esto fue en los tiempos anteriores a los teléfonos celulares", dijo Tedder. "La palabra viajó rápido".

"Barney y yo estábamos por el viaje", dijo Kirk Champion, quien era el entrenador de lanzadores y aún trabaja en la organización de los White Sox. "Una vez que le dabas el balón a Tito o Michael, no lo verías de nuevo".
"Scott fue un muy buen tirador", dijo Barnett.

"Tal vez acerté cuatro triples", dijo Tedder, quien ahora se encuentra en el Salón de la Fama del Baloncesto de Ohio. "Pero se podría decir que Michael se estaba conteniendo. Cuando nos pusimos arriba 15-11 -a una canasta de ganar- Michael me dice, como una cuestión de hecho, 'Kid, no vas a anotar nada más'. Lo siguiente que sabemos, fue que perdimos 17-15, y los entrenadores están celebrando".

La actuación de ese mismo día había bajado el promedio de Michael a .221. Su promedio de bateo para mayo fue de .165. Si bien no pudo batear las curvas, tuvo la oportunidad de golpear pelotas de golf con dos de los mejores y uno de los peores. El día después de que su promedio cayera por debajo de la Línea de Mendoza (.200) por primera vez, Jordan jugó en un torneo de caridad en Birmingham junto con Lee Trevino, Arnold Palmer y Barkley. Más tarde esa noche, Barkely y el 'linebacker' de los Bills (y nativo de Birmingham) Cornelius Bennett aparecieron en el camerino de los Barons después de una derrota por 4-1.

Para honrar a los ex Black Barons Satchel Paige y Willie Mays, y quizás cambiar su suerte, Jordan comenzó a usar los pantalones en la parte alta de la cintura, el estilo de las Ligas Negras. Eso no ayudó a mejorar su promedio, pero Barnett le aseguró a un reportero de que "su promedio ha bajado, pero él es en realidad un mejor bateador ahora de lo que fue durante su racha de 13 partidos bateando de hit".

Al mirar atrás un cuarto de siglo, Barnett ve el reto que enfrentó Jordan como doble. "Antes de poder conectar una curva, hay que saberla reconocer, y eso requiere tiempo y experiencia", dijo. "Pero incluso al llegar ese momento, y tras tener tu epifanía, tienes que aprender cómo atacarlo, cómo aprovechar los lanzamientos errados, y él estaba alcanzando ya ese punto".

De la mejor manera que pudieran, los coaches intentaron mantener en alto el ánimo de Jordan. Destacaban que todos los aspectos de su juego estaban en mejoría. Dijo Barnett, "en una escala de 20 a 80, su brazo de lanzar mejoró de un 20 en los entrenamientos de primavera a un 50 en agosto". Sin embargo, era evidente que estaba decaído, especialmente luego de que su promedio bajó a .186 el 29 de julio.

Por esa razón su primer cuadrangular fue tan importante. Se produjo un sábado, 20 de julio en su 354to. turno al bate de la temporada, frente a la mayor concurrencia que reunieron los Barons (13,751) desde la apertura del Hoover Met en 1988. Con los Barons en ventaja de 5-1 sobre los Carolina Mudcats en la parte baja del octavo episodio, Jordan conectó una recta en conteo de 2-0 frente a Kevin Rychel por encima de la valla del jardín central-izquierdo. Corrió lentamente las bases y fue rodeado por sus compañeros al llegar al plato mientras apuntaba al cielo, consciente de que había dado a su padre, nacido un 31 de julio, un adelantado regalo por su cumpleaños número 58. "Todavía me emociona porque me hubiese gustado que él hubiese estado aquí para verlo", dijo Jordan luego a los reporteros. "Pero sé que él lo vio".
"Qué momento", dijo Bloom. "Todavía me emociona. Sí, estaba esperanzado en usar mi frase de 'Gonzo' en los cuadrangulares con Michael antes de que terminara la temporada, pero más que nada estaba feliz por él, porque sé cuan fuerte había trabajado para lograrlo".

Los primeros dos jugadores de los Barons que felicitaron a Jordan fueron los siguientes bateadores en la alineación, Troy Fryman y Kenny Coleman. "Soy el más chico; el número 25", dijo Coleman. "Fue como ser testigo de la historia. Se sintió como una escena de 'The Natural'. Me quedé esperando a que la torre del alumbrado explotara".

Para el récord, la bola fue rescatada en la parte posterior de la verja por dos jóvenes aficionados, Eugene Stancil y Nick Parker, quienes se la entregaron a Jordan a cambio de dos bolas de béisbol autografiadas.

Dos pelotas autografiadas también fueron la recompensa que obtuvo el lanzador Jeff Ware, de los Knoxville Smokies, el día siguiente de ceder el segundo jonrón de Jordan, el 8 de agosto, un batazo de tres carreras que condujo a los Barons a un triunfo de 8-6 en el Hoover Met. Según lo describió Ware a Rob Never en su historia oral de la temporada para Complex hace dos años, "conversé con Jordan al día siguiente en los jardines... fue grandioso, parecía ser cualquier otro jugador del equipo. Recibí dos bolas autografiadas, que todavía las tengo".


ESE MES DE AGOSTO, durante la huelga de las Grandes Ligas, hice un viaje a Birmingham para verlo por mí mismo. Jordan seguía muy por debajo de la Línea de Mendoza, pero cuando le vi conectar una línea tras otra en una oscura jaula de bateo en el Hoover Met, entendí que me había equivocado. Jordan poseía un swing de grandes ligas, con velocidad al sacar el bate, y había estado trabajando al máximo junto a Barnett. Decidí escribir un mea culpa . Los editores de SI leyeron la pieza y me dijeron que no la publicarían.

Jordan conectó su tercer cuadrangular el 20 de agosto, un jonrón solitario frente a Glen Cullpp en la séptima entrada de una paliza de 12-4 sobre el Chattanooga Lookouts en el Hoove. Promediaba .195 en ese momento, pero cerró la temporada con un juego de tres hits y un par de juegos de dos hits que elevaron su promedio por arriba de los .200. En su último juego oficial, una victoria de 4-2 en Huntsville el 3 de septiembre, Jordan se fue de 4-0 para terminar con .202.

No está mal para alguien que no había jugado béisbol organizado desde su último año de escuela superior. Luego, en la Liga de Otoño de Arizona, frente a una mejor competencia, promedió .255. "Pienso que estaba camino de lograrlo", dijo Barnett -quien, de paso, ciertamente lo estaba: luego fue entrenador de bateo del Toronto Blue Jays, Kansas City Royals y Houston Astros.

Más importante aún, se había enamorado del béisbol. "Sabía cómo se sentía", dijo Tedder, quien llegó a ser uno de los principales vendedores de ropa marca Jordan en la nación. "En el basquet, tienes prisa de marcharte. En el béisbol, te quedas por los alrededores y haces amistades para toda la vida".

Había un problema, sin embargo. Jordan no quería relacionarse con el paro laboral de MLB. Así, en marzo de 1995, cuando no se vislumbraba una solución al paro, Jordan anunció su regreso a la NBA. Los Medias Blancas perdieron a un quinto jardinero. Los Bulls ganaron tres títulos adicionales.

A través de un intermediario, Jordan cortésmente declinó ser entrevistado o responder unas pocas preguntas para esta historia. Una de ellas era sobre su afecto hacia el béisbol. Pero su respuesta está clara en su libro "Por el amor al juego: Mi historia", que escribió con la ayuda del escritor deportivo Mark Vancil en 1998. Esto es lo que dice Jordan sobre su temporada con los Barons:

¿Cómo podría describir mi experiencia con el béisbol? La describiría hoy de la misma manera que lo hice en aquella fecha. Cada momento fue cálido. Recuerdo mirar hacia el cielo ocasionalmente y maravillarme de cuánto había cambiado mi vida. No tenía miedo alguno. Solamente una sensación cálida. No puedo describir la sensación con exactitud, pero ahora siento que estaba viviendo un sueño".

¿Hubiese llegado a las mayores? Jim Patton todavía está escéptico al respecto. "Si, su bateo estaba progresando", dijo el autor. "Pero tenía 31 años y se le estaba agotando el tiempo. Quizás Francona y Barnett lo vean desde una perspectiva sentimental. Yo, sencillamente, no lo creo".

Una cosa es segura. Ese verano, Jordan hizo mucho bien. "Fue como un retiro espiritual", dijo Vancil, ahora el jefe de operaciones de Williams Inference, una empresa de inteligencia comercial. "Fue una oportunidad de bajarle el volumen y regresar a un espacio donde volvió a ser un chico de 19 años. Regresó cambiado al básquet".

Veinticinco años y cinco títulos más tarde, Michael y Tito se mantienen en contacto.

"Significamos mucho uno para el otro", dijo Francona. Dirigirlo fue la mejor experiencia de aprendizaje que jamás he tenido. Amo esa temporada. Él nos enseñó firmeza de carácter, coraje y mantener la gracia bajo presión. Y, a cambio, nosotros le hicimos sentirse joven nuevamente".

Gonzo Jordan. Lo logró.