Los Marlins del 2019 van en retroceso

A estos Miami Marlins no se les exige que peleen por la división Este de la Liga Nacional.

En su segundo año de reconstrucción, basta con que muestren progreso en comparación con el 2018, cuando a duras penas evitaron las 100 derrotas.

Sin embargo, después de los primeros 22 juegos de la actual campaña, los Marlins exhiben un preocupante retroceso que los tienen con el peor récord de todo el béisbol: apenas seis victorias y 16 derrotas.

Ningún equipo es tan bueno cómo luce cuando gana o tan malo cómo luce cuando pierde, pero la proyección, de acuerdo con esta primera muestra, ubica a los Marlins con 44-118 para cuando termine la contienda en septiembre, lo cual sería el peor resultado en la historia del club.

Luego de una primavera en la que el equipo consiguió hilvanar una esperanzadora cadena de 11 victorias seguidas, las cosas cambiaron una vez que comenzó la campaña, como si hubieran dejado olvidados los bates en el campo de entrenamientos en Jupiter.

Seis de sus 16 derrotas han sido por blanqueadas y en otros tres encuentros sólo anotaron una carrera.

Los bateadores se ven perdidos en el plato, con 212 ponches, a un promedio de 9.6 por juego. O lo que es igual: prácticamente uno de cada tres outs de los Marlins son sin poner la pelota en juego.

Miami es el equipo con menos extrabases en ambas ligas, apenas 44 y el que más batea para dobles matanzas, con 24.

A eso súmese que sus jugadores han negociado 57 boletos, sólo mejores que los San Francisco Giants (54) y los Cincinnati Reds (52).

La cara más visible de ese retroceso es Lewis Brinson, quien vino en el canje por Christian Yelich.

Entonces era el prospecto número uno de la organización de los Milwaukee Brewers, cuyos fanáticos criticaron cómo dar a semejante promesa por Yelich, a quien calificaban de jugador promedio.

Ya en Milwaukee ni se acuerdan de aquellas críticas, luego de que Yelich adquiriera una dimensión superior con el cambio de uniforme y equipo.

Mientras tanto, Brinson, quien fue señalado como la posible nueva cara de la franquicia miamense, es una mala caricatura de pelotero, mediocre ofensiva y defensivamente.

Su average de .179, sin jonrones y cuatro carreras remolcadas, 24 ponches en 67 turnos y únicamente dos pasaportes, son la clara prueba de que el muchacho ha dado varios pasos hacia atrás en su carrera.

Los pocos seguidores que cada noche van al Marlins Park piden a gritos la remoción del jugador a las Ligas Menores, aunque la gerencia parece negada a tirar la toalla, quizás como defensa para no reconocer el tamaño error del canje.

Pero Brinson no es el único cuyo desempeño con el madero da, cuando menos, lástima.

En el invierno, el equipo adquirió a los veteranos Curtis Granderson y Neil Walker, con la esperanza de que aportaran experiencia y liderazgo.

Pero el liderazgo se impone, sobre todo, con buenos resultados. Nadie va a seguir a bateadores cuyos promedios andan por debajo de la línea Mendoza y ya no tienen mucho más que hacer en Grandes Ligas.

La otra cara de la moneda ha sido el pitcheo, donde sí se evidencian notables avances.

Los abridores Caleb Smith, Trevor Richards, el dominicano Sandy Alcantara y el venezolano Pablo López ya han dejado de ser promesas para convertirse, en mayor o menor medidas, en realidades, mientras que el colombiano Tayron Guerrero se encamina a ser el cerrador del futuro del equipo, con su recta supersónica de más de 100 millas por hora.

En el caso de Guerrero, se ve que trabajó duro durante el invierno en sus envíos adicionales y se le observa más confiado en su slider, que combina con su bola rápida.

En diez apariciones en la presente campaña acumula 12 ponches en nueve entradas y dos tercios, con efectividad perfecta de 0.00.

Pero de poco valen los progresos en la lomita, su la falta de apoyo ofensivo deja a los serpentineros prácticamente sin margen de error.

Ya rodó la primera cabeza, la del coach de bateo Mike Pagliarulo, más no sería la última.

Entretanto, mientras las derrotas se acumulan una detrás de otra, el manager Don Mattingly se queda sin argumentos cada noche, cuando tiene que enfrentar estoicamente a la prensa local en busca de respuestas.