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Aaron Boone merece el beneficio de la duda con los Yankees

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Según reportes del New York Daily News, confirmados por Buster Olney de ESPN, el exantesalista de los Yankees es el escogido por la novena del Bronx para ser el nuevo dirigente. (0:24)

Si alguien en su vida debe haber respirado, comido y bebido béisbol en cantidades industriales, ese debe haber sido Aaron Boone.

Integrante de una tercera generación de peloteros de Grandes Ligas, es de imaginar su niñez rodeado de bates, guantes, pelotas, en una casa donde, en lugar de escuchar cuentos infantiles, se oían a diario las historias y anécdotas de su abuelo Ray y de su padre Bob del tiempo que pasaron en el mejor béisbol del mundo.

Boone, de 44 años, será el manager de los Yankees de Nueva York por las próximas tres campañas.

A pesar de que jamás ha sido manager y formado parte de ningún cuerpo de dirección anteriormente, la gerencia lo escogió a él para conducir a la nueva generación de los Yankees en busca de recuperar el brillo de la franquicia más ilustre del deporte estadounidense.

Algunos han puesto el grito en el cielo por la falta de experiencia del escogido, pues hubieran preferido a alguien más curtido en los rigores de la dirección.

Incluso, sin que todavía se haya puesto el uniforme del equipo en la presentación oficial de su cargo, sus detractores ya empiezan a acusarlo de ser un títere de la gerencia, un peón al que podrán manejar a su antojo el gerente general Brian Cashman y la nueva ola de directivos sabermétricos.

¡C´mon!!! No pongan la carreta delante de los bueyes, simplemente porque hubieran preferido a otro por encima de Boone.

Uno de los mejores managers de la actualidad es Mike Matheny, de los Cardenales de San Luis, quien al momento de su designación para el puesto, en el 2012, tampoco había dirigido o sido coach a ninguna instancia.

Pero ahí están sus sólidos números de 544 triunfos y 428 derrotas, con una corona de la Liga Nacional y tres títulos divisionales, para darle la razón a quienes lo escogieron.

Craig Counsell, de los Cerveceros de Milwaukee, es otro caso similar sin experiencia previa, que tomó al equipo en reconstrucción en el 2015 y ya en la pasada temporada lo llevó a tener récord ganador de 86-76.

Entonces, por ese lado, creo que Boone merece el beneficio de la duda porque incluso directores legendarios, como Connie Mack, Casey Stengel, John McGraw o Tony LaRussa también fueron en algún momento inexpertos debutantes.

Quien ha visto a Boone en su función de analista de ESPN puede darse cuenta de que conoce las interioridades del juego, que ha sido parte inseparable de su vida.

Y esos conocimientos perfectamente puede llevarlos a la práctica desde el puente de mando de la nave neoyorquina, trazándose las tácticas y estrategias adecuadas a lo largo de la extensa campaña de 162 partidos.

Si se habla de que si sabe de béisbol, pues sí sabe. Está en su ADN, enriquecido por tradiciones orales, la propia práctica y la capacidad analítica que desarrolló en su previo empleo en ESPN.

A eso súmenle su relativa juventud y los menos de diez años que distan desde su retiro en el 2009, que lo hacen muy cercano a la actual generación de jugadores.

Boone es un tipo carismático, bromista, comunicador, lo cual facilitará el entendimiento con la joven camada de peloteros que tendrá bajo su mando.

Porque la comunicación con los discípulos es esencial para este trabajo, algo negativo que se le señaló a su predecesor Joe Girardi.

Y adicionalmente, fue el protagonista de uno de los momentos más dramáticos de la franquicia, cuando con un jonrón en el undécimo inning del séptimo juego de la Serie de Campeonato de la Liga Americana del 2003, envió a los Yankees al Clásico de Octubre.

Y esa mística también ayuda, pues lo presenta ante los ojos de sus subordinados como alguien de la casa, no como un advenedizo llegado desde afuera a tomar ventaja de la prestigiosa organización.

Entonces, no pongamos el grito en el cielo antes de tiempo.

Muchos criticaron en su momento al Jefe George Steinbrenner cuando contrató para dirigir a los Yankees en 1996 a Joe Torre, quien en 15 años previos como manager de los Mets de Nueva York, los Bravos de Atlanta y los Cardenales, amasaba récord perdedor de 894-1,003 (.471).

Le negaron el beneficio de la duda y hoy Torre está inmortalizado en el Salón de la Fama de Cooperstown por su gloriosa etapa con el uniforme a rayas.