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Relación del boxeo con la política, ¿tóxica o saludable?

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La cara oculta del boxeo - Episodio 3 (3:56)

Según los ejemplos de Edwin Valero, Alexis Arguello y "Chocolatito" González, política y boxeo son como el agua y el aceite. Sin embargo, no siempre las cosas son lo que parecen. (3:56)

En el primer episodio de esta serie, conocimos las graves consecuencias que para el boxeo tiene la guerra que sostiene la Agencia Mundial Antidopaje contra el dopaje genético; en el segundo episodio, investigamos el vacío legal y ético que existe alrededor de esa forma de dopaje. En próximos capítulos regresaremos a ese tema. No obstante, en este tercer capítulo abordamos otra de las facetas ocultas del boxeo y a la que muchos no dudan en otorgarle tanta o mayor influencia que el dopaje: la relación entre el boxeo y la política.

Alexis Argüello, Román González y Edwin Valero pertenecen a épocas diferentes en la historia moderna del boxeo. Sin embargo, sus carreras tuvieron alguna forma de relación con la política que a todos los acerca y más allá de que esa relación deba ser analizada desde ópticas diferentes, sus ejemplos son adecuados para intentar encontrar los beneficios y los perjuicios de esa relación.

LA RELACIÓN TÓXICA

El ejercicio absoluto de la política, tal como es concebida en nuestra civilización occidental, se sustenta en el apoyo popular y democrático. Esa cultura, a su vez, se sostiene mediante símbolos que están en nuestro subconsciente desde la propia infancia. Para muchos pueden ser el himno nacional, la bandera, el escudo, el concepto de patria y la gesta heroica o de independencia que veneramos en nuestro ciclo escolar. Todas bajo la custodia de nuestros gobernantes que fungen como los custodios y propietarios ocasionales de esos símbolos. Pero no es todo.

“La comunicación política ha alcanzado el mundo de lo teatral, creando pseudo-eventos (siguiendo la terminología de Katz), auténticos escenarios en los que los personajes, adoptando su papel, siguen un guión para transmitir un mensaje lleno de fuerza simbólica”, escribía en 2005 la especialista española en Comunicación Política, María José Canel en el diario El País de Madrid.

Ella hacía alusión a otra forma de símbolos, mediante “escenas construidas, como en la que vimos a George Bush llevando el pavo de Navidad a sus soldados en Irak, Bill Clinton haciendo footing, José Aznar jugando al paddle, Gerhard Schröder achicando agua en las inundaciones de Alemania o Rudolph Giulani animando a los bomberos en la catástrofe de las Torres Gemelas”.

El deporte también es parte de esa colección de símbolos y escenas construidas. Los campeones que reciben la llamada telefónica de su presidente al que le llevarán el trofeo conquistado al regreso o los rostros inconfundibles en el palco del estadio, la primera fila del partido de baloncesto o la mejor butaca del ringside. El boxeo no ha podido evitar ser incluido en esa relación, donde dos de sus víctimas más célebres, Alexis Argüello y Edwin Valero, con su muerte, parecen alertar al resto de los campeones para que se alejen de la misma o para que no permitan que su imagen sea manipulada con fines políticos.

El triple campeón nicaragüense es el ejemplo emblema, algo que ya investigamos en la serie "Alexis Argüello, Las Luces y las Sombras del Legado". Su epopeya de vida fue una verdadero vía crucis por el vaivén de la política nicaragüense y del cual no salió ileso. Su relación con el somocismo lo llevó de la gloria a la ruina, las drogas y el alcohol. Su relación con el sandinismo lo llevó a la muerte. Dentro de esa dramática saga, el episodio bisagra ocurrió en 1979, cuando la triunfante revolución sandinista, le hizo pagar muy caro su relación con el régimen derrocado. Algo que claramente nos explicó su hija, Dora Argüello.

“Para nosotros como familia, para mí como hija, siempre lo catalogué como un error que mi padre se involucrara en la política. Por todo el daño que el gobierno de (Daniel) Ortega nos habían hecho. Con ese antecedente de los años ochenta, que a mi papá no lo dejaron entrar a Nicaragua y lo dejaron en el exilio a él y a mi hermano. A mi mamá y a mí nos tildaron de somocistas, nos confiscaron propiedades de mi papá, carros, cuentas bancarias. Hablar de Alexis Argüello estaba prohibido. Partiendo desde ese momento, para él (Alexis) fue un error”, nos confesó Dora Argüello.

En el caso de Edwin Valero, tanto las confusas circunstancias de su muerte (suicidio), como la verdadera relación que sostuvo con el régimen chavista, sirven para cuestionar la conveniencia de esa asociación tan peligrosa con la política.

El empresario boxístico venezolano José Machek, titular de Júpiter Fight Boxing y que manejaba parte de la carrera del fallecido púgil durante sus últimas peleas, fue un testimonio esclarecedor, tanto para el caso Valero, como el ejemplo de otro campeón célebre de su país, Jorge Linares.

“Me tocó trabajar con él (Valero) durante sus últimas peleas y cuando estábamos en el gimnasio, él terminaba de tatuarse en el pecho la imagen del difunto presidente Hugo Chávez. Ese día yo le dije que el deporte no se debe ligar con la política. Me respondió que ese (Chávez) era su líder y después él mismo se dio cuenta del error. Con ese tatuaje en el pecho trató de pedir ayuda y no se la dieron. También le cerraron la puerta de entrada en varios países por la misma razón”, dijo Machek y asoció con el mismo error a Jorge Linares.

“A Linares, que también lo he encaminado en su carrera, una vez se montó en el ring en Las Vegas, con una gorra tricolor pidiendo apoyo por Venezuela y en su país también le cerraron las puertas. Ese día le dije: ‘no inmiscuyas la política en nada, el deporte es una cosa y los gobernantes con otra; los gobernantes se van y el deporte queda’”.

LA RELACIÓN SALUDABLE

Pero no todo parece ser lo que parece en este tema. Desde la óptica del periodista, actor y narrador de boxeo argentino Osvaldo Príncipi y del ex campeón mundial nicaragüense Rosendo Álvarez, la política es beneficiosa para el boxeo.

Príncipi, al citar el ejemplo de su país, donde la política tiene una influencia total en el boxeo, lo explicó a partir de la faceta histórica. “Desde que en 1954 Juan Domingo Perón dio la orden de apoyar a Pascual Pérez para que le pudiera disputar el título mundial Mosca al japonés Yoshio Shirai, marcando la historia del primer campeón mundial argentino, la política ha sido siempre un buen sponsor para el boxeo. Quizás, porque el boxeador fue el mejor acompañante para la imagen polémica de la política desde que es política”.

Príncipi, a su vez, destacó que en Argentina los boxeadores suelen ser embajadores de sus provincias, especialmente las mujeres, como parte del fenómeno del pugilismo femenino en ese país. “En un país enfermo y sumiso hacia el fútbol, que las boxeadoras sean las embajadoras de los gobiernos, creo que no habla mal, porque el boxeo es un espectáculo muy caro, que no tiene la adhesión masiva que tiene el fútbol y si no tuviera el apoyo de ese sponsor seguro, quizás, no se podría realizar”.

Rosendo Álvarez –por su parte– es un ex campeón hiperactivo, tanto en el deporte donde actúa como promotor y entrenador, como en el campo de la política donde nunca ha escondido su apoyo al gobierno sandinista. Precisamente Álvarez defendió el ejemplo de “Chocolatito” González, que suele demostrar en el ring su preferencia política.

“Considero que es muy importante que un atleta tenga derecho a elegir con qué partido político quiere trabajar, porque es un ciudadano nicaragüense. Estamos viviendo tiempos modernos, todo ha cambiado La constitución de mi país me da la facultad para elegir ser de cualquier ideología política o religiosa y tener voz y voto en eso”, sostuvo Álvarez.

Al mismo tiempo, Rosendo Álvarez justificó la presencia de la política en el deporte a partir de los beneficios sociales que la misma ha permitido en alusión a las obras del gobierno sandinista.

“Nunca Nicaragua había tenido tanto éxito en todas las disciplinas deportivas gracias a ese apoyo”, afirmó y si bien consideró que “siempre habrá opositores, eso es normal, pero en la vida si un deportista considera que un gobierno está haciendo lo correcto, él tiene que apoyar también”, dijo, en cierta forma, justificando la actitud proselitista de Román González.

PUNTO DE VISTA

No parece existir una posición intermedia entre una situación y otra. No obstante, algunas cosas están claras en los datos recogidos. El boxeo necesita la política, es verdad. Pero cuidado. Más que eso, necesita que la misma le preste apoyo sin pedir nada a cambio, como debe hacerlo con todos los deportes.

Tanto Príncipi, como Álvarez y el propio Machek, mencionaron los ejemplos de participación positiva de los gobiernos, sea como sponsor (Argentina), invirtiendo en infraestructura o en el crecimiento deportivo (Nicaragua) o dando apoyo al boxeo amateur a través de la AIBA (Venezuela). En esos casos los políticos –que administran dineros públicos– no hacen otra cosa que cumplir con sus obligaciones básicas en el desarrollo social de sus comunidades. En una palabra, cumpliendo aquello para lo cual fueron elegidos.

No obstante, que un político asocie su imagen a la de esos boxeadores a quienes se les da apoyo, para que su popularidad les signifique una devolución de favores, además de un claro chantaje, es y siempre será una forma corrupta de obtener ventajas frente a sus competidores políticos, algo que, más tarde o más temprano, para el boxeador involucrado puede tener inconvenientes, dramáticos y hasta fatales resultados.

El caso de Argüello y el de Valero son claros ejemplos. Tampoco parece ser una idea inteligente que un boxeador exitoso como “Chocolatito” González se pronuncie a favor de un gobierno de turno, una ideología o un candidato. Los ídolos deportivos populares son símbolos que representan a un país con todas sus clases sociales, sin distinguir ideologías políticas, sexos, razas ni creencias religiosas. Parcializar su figura, va contra la esencia pura y neutra del verdadero ídolo deportivo.

Un ejemplo digno de mencionar, es el que simboliza, por paradoja, la máxima gloria del béisbol nicaragüense, Dennis Martínez, tal como lo describió el periodista Carlos Fernando Chamorro.

"Martínez ha sabido mantenerse afuera de la política, nunca aceptó las invitaciones para ser candidato y jamás se involucró. Ha tenido la inteligencia de saber separar las cosas, él es un motivador, es un líder de opinión, es una persona respetada y querida en este país, pero ha sido claro en no aceptar ese destino".