El Barça celebra 40 años de su primer gran título europeo

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BARCELONA -- El Barcelona, que no enlazaba títulos de Liga ni conocía la gloria de la Champions League (llamada en la época Copa de Europa) disfrutó un 16 de mayo de una jornada marcada a fuego en el club. En 1979, se cumplen 40 años, conquistó una Recopa, la primera de su palmarés, que se mantiene como uno de los trofeos más legendarios de su historia.

Ganó por 4-3 en Basilea, en la prórroga, al Fortuna Düsseldorf alemán en una final agónica, decidida en la prórroga y con 30 mil aficionados acompañándole en la grada, habiendo recorrido más de mil kilómetros para sufrir y disfrutar de una jornada que muchos consideran la primera del Barça de la modernidad. Aún lejos del coleccionista de títulos en que se ha convertido y, también, alejado de la excelencia futbolística que aún tardaría en presenciar el Camp Nou.

Derrumbado en la Liga, que acabaría quinto a nueve puntos del Real Madrid, y eliminado en la Copa del Rey tras una sonrojante remontada sufrida en Mestalla a manos de un Valencia que convirtió el 4-1 del Camp Nou en un bestial 4-0, el Barça que dirigía Joaquim Rifé como entrenador interino deambulaba en el alambre de un fracaso absoluto en aquella temporada 1978-79, la primera de Núñez como presidente y que, a finales de abril, en Bélgica, comenzó a dibujarse en legendaria.

El Barça, que había vivido en noviembre una noche memorable con la histórica remontada al Anderlecht y en marzo superó al poderoso Ipswich Town de Bobby Robson gracias al valor doble de los goles como visitante, se clasificó en Beveren para la disputa de su segunda final, al cabo de diez años, de la Recopa.

Pello Artola, portero elevado a la categoría de santo, catapultó al equipo azulgrana a aquella final que se debía disputar el 16 de mayo de 1979 en Basilea, una pequeña ciudad suiza que se convirtió en el punto de destino de la hasta entonces mayor caravana de aficionados vista en el fútbol europeo.

Hasta 30 mil hinchas del Barça viajaron a Basilea en trenes especiales, autocares organizados por el club o coches particulares para apoyar al equipo en la final que le debía enfrentar al Fortuna Düsseldorf alemán que dirigía Hans-Dieter Tippenhauer, lideraba Klaus Allofs y que participaba en el torneo como subcampeón de Copa del año anterior, puesto que el Colonia, el vencedor, jugó la Copa de Europa al haber ganado también la Liga.

LOCURA
“Cuando salimos al campo a calentar y vimos lo que vimos... Nos dijimos que no podíamos perder”, recordó a ESPN Carles Rexach, hoy asesor presidencial del club azulgrana y que antes de ser el alter ego de Johan Cruyff en la dirección del Dream Team llegó a ser el futbolista con más partidos disputados con la camiseta barcelonista.

Se refería Rexach al espectáculo de banderas del Barça y de Cataluña que poblaban las gradas del viejo estadio de Saint Jakob. “Nos habían dicho que había venido mucha gente, pero aquello superó todo lo imaginable” admitió Quique Costas, excelente defensa de la época y que reconoció su “sorpresa” al descubrir tal apoyo de una afición que se había desplazado en tal número, recorriendo más de mil quilómetros cuando esa clase de desplazamientos en acontecimientos deportivos no eran tan habituales.

“Fue el partido de una generación, esa noche que no olvidas”, rememoró Carrasco, hoy analista de prestigio y entonces canterano emergente. Y clave en la victoria de un Barça que sufrió lo inimaginable. Sánchez marcó el 1-0 a los cinco minutos y apenas tres después Thomas Allofs igualó; pasada la media hora el capitán Asensi logró el 2-1 y antes del descanso Seel volvió a igualar. Con 2-2 acabó la primera mitad, en la que Rexach, el especialista consumado, había fallado un penalti que invitaba a la depresión y a los malos presagios...

No hubo goles en el segundo tiempo y en la prórroga marcó Charly el 3-2 y Krankl, tras una jugada de fantasía de Carrasco, el 4-2 a los 111 minutos para sentenciar la final, que se volvió a calentar con el 4-3 de Seel a los 114 que dirigió el final de la final a una locura apoteósica.

“Es verdad. No podíamos perder, pero pudimos hacerlo”, explicó Carrasco, protagonista de su primera gran noche, quizá por la lesión que apartó a Heredia de una final que disputó Krankl con su esposa hospitalizada tras sufrir días antes un grave accidente de circulación, con Migueli jugando con la clavícula rota y Costas retirándose con lágrimas en la segunda parte, lesionado.

Derrotado en dos finales precedentes en Suiza (la Copa de Europa de 1961 y la Recopa de 1969), el Barcelona conquistó aquella Recopa de 1979 que dio brillo a la primera temporada del presidente más longevo del club. Para muchos fue el paso a la modernidad del club, que aún tardaría seis años en ganar una Liga y hasta nueve después, con la llegada de Cruyff al banquillo, no se sacudiría los fantasmas de la derrota.

Pero tal y como el 20 de mayo de 1992, con Koeman al frente, permanecerá por siempre en la memoria del barcelonismo, aquel 16 de mayo de 1979 no podría ser ignorado por ningún culé.