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El futuro de Lucas Matthysse

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Matthysse: "Esa noche no me salió nada" (0:49)

El argentino que se quedó sin el campeonato mundial de los welter juniors del CMB, regresó al país y relató lo sucedido durante la pelea. (0:49)

CARSON -- Era la medianoche del sábado. De pronto, Mario Arano se levantó de su silla con una copa de Malbec patagónico en la mano. Y, parándose en el medio del salón, pidió silencio: -Quiero brindar y decir que estoy orgulloso de todo lo que ha hecho Lucas. Que se lo agradezco más allá de lo que haya pasado. Una derrota no es el fin de nada... Y luego se abrazaron fugazmente promotor y boxeador, entre los aplausos de los asistentes.

Un sueño se terminaba de hacer añicos. Bajo la misma luz tenue y de tonos ocres del restaurante Ushuaia, del argentino Javier Pardini en Santa Mónica, compartimos otras noches de triunfo, risas y alegría, como aquella cuando El Chino Maidana arrasó con Josesito López o el propio Lucas Matthyse terminó con John Molina, en la que fue la mejor pelea del 2014.

Pero hoy es hoy. Y la derrota ante Viktor Postol significó, para todo el equipo Matthysse, la pérdida de cumplir un sueño -el del campeonato mundial welter junior, en este caso del Consejo- y el de brillar definitivamente en el mercado norteamericano.

“Esta tiene que ser su noche, esta noche tiene que deslumbrar”, nos había dicho, apenas unas horas antes, Mauricio Sulaimán, el presidente del Consejo Mundial. “Esto es lo que estamos esperando todos”, señaló, dándole paso más al aficionado al boxeo que al dirigente.

El deseo era lógico y casi unánime, ya que era la posibilidad de la ubicación en grandes escenarios, a los que Lucas no tuvo mucho acceso. No es lo mismo Carson o Cincinnatti o el propio Boardwalk de Atlantic City que Las Vegas, por ejemplo...

Convengamos en que Lucas tuvo una gran noche en la Ciudad del Pecado, el objetivo de oro de todos los boxeadores. Fue cuando en el MGM compartió la cartelera de Mayweather-Saúl "Canelo" Alvarez. Esa noche, todos esperaban ver su despegue definitivo y su gran coronación, pero terminó perdiendo frente a Danny García, por puntos, tras sufrir una seria lesión en el ojo.

La cita no es ociosa: sucede que, después de aquella noche, el equipo sufrió serias modificaciones. Se cambió al preparador físico, ya que se incorporó al joven Matías Erbin, se sacó a un colaborador de gimnasio (Darío Fernández) y se sumó a Juan Martín “Látigo” Coggi -justamente tres veces campeón mundial welter junior- para colaborar con el técnico de siempre, Cuty Barrera.

Si aquella derrota fue un sacudón, la de este sábado pasado en Carson, California, fue algo más. Ante todo por la forma de la derrota en sí, y otro - aunque gran parte del equipo pretenda no admitirlo-, por el gran interrogante que flota sobre el futuro de Lucas.

Empecemos por la pelea. Se sabía que Viktor Postol, entrenado por Freddie Roach, iba a hacer un planteamiento mezquino. Atento y fiel a su apodo -“Hombre de Hielo”-, el ucraniano iba a utilizar su gran alcance de brazos y de piernas (mide 1,80 metros, diez centímetros más que el argentino) para congelar la pelea.

Además, anular las derechas cruzadas de Matthysse y salirle a los costados, tal cual hizo -y con muy buenos resultados para él- Danny García. No olvidar: Postol es compañero de gimnasio y de equipo de Ruslan Provodnikov: ambos son entrenados por Freddie Roach. Hubo 12 rounds para analizar a Lucas, ganador en tremenda pelea ante el ruso.

Vadim Kornilov, su manager, lo dijo en la conferencia de prensa: “Esta es una revancha para nosotros, hemos estudiado a Lucas y el sábado le vamos a ganar”. Bien, ante todo eso, ¿Qué opuso “La Máquina? “Yo tengo un plan A, que es el B y el C”, dijo cuando fuimos a verlo a Junín, el lunes 14 de septiembre.

“Yo tengo que hacer la pelea, porque él no va a querer. Tengo que hacer todo el gasto y buscarlo toda la noche”, aseveró.

De hecho, su técnico, Cuty Barrera, hizo una apuesta más fuerte aún: “Lucas no tiene techo. Es un boxeador extraordinario y lo va a demostrar ante Postol, es la gran figura del mañana. Estoy convencido de que va a ganar sin dejar ninguna duda”.

En el ring sucedió todo lo que se esperaba de Postol, que no sorprendió para nada: izquierda en punta, tirada sin fuerza, con la derecha apuntada y lista para dispararla con todo. Salidas a los costados. Y amarres en la corta distancia (sin forcejar, atención: esto es, sin gastar energía inútilmente).

Por si no quedó en claro o no lo puntualizamos: Lucas ante Postol, como ante Danny García -son apenas dos ejemplos- se mostró lento en los dos o tres primeros asaltos (es su costumbre), prevaleció en los medios pero, por razones que nunca se terminaron de aclarar, se fue desdibujando en los tramos finales.

Es cierto: ante Provodnikov, se cansó de pegar, pero también es cierto que fueron, los asaltos finales, los que más le costaron porque incluso llegó a pasar un momento difícil.

Se sabía, entonces, que el equipo de Postol iba a ponerle más presión al combate en la segunda parte, especialmente en los últimos rounds. No fue ninguna casualidad ni ningún golpe de suerte que la pelea terminará en el décimo, tras una derecha muy justa, pero no explosiva, que acabó con el duelo.

Hasta el momento de la definición, se podía afirmar desde un punto de vista matemático, que estaba para cualquiera de los dos. Es que mientras para dos jurados había un punto de ventaja para Postol (igual que nuestra tarjeta), para el otro había también uno pero para Lucas. Sin embargo, sobre el ring había un dominado y un dominador.

El “hubiera” no existe en la vida, pero la sensación generalizada era que Postol llegaría con más reservas físicas y anímicas al final, porque daba toda la sensación de que era el único que sabía exactamente lo que debía hacer.

Lucas no tiró nunca el jab, no logró encerrar a Postol, quien se movió con bastante libertad a los costados, y cayó en el forcejeo inútil, rematado con golpes a la nuca, producto más de la impotencia que de otra cosa.

Así que, cuando en el sexto asalto, Lucas recién pareció despertarse y asumir el control del ring, se encontró con un Postol que, lanzando más golpes, cerró el round retomando el control del combate.

Con uno intentando sin concretar, y el otro concretando sin intentar, los rounds fueron más que parejos, cercanos al aburrimiento, porque no hubo acciones claras.

Y luego, en el décimo, cuando llegó esa derecha ante un Lucas que unos instantes antes se había dado vuelta para esquivar un golpe; vino el derrumbe. De rodillas en la lona, primero con la cara pegada al piso, escuchó la cuenta que llego a los diez. Y luego vinieron sus frases, ya en la conferencia de prensa.

-En esos diez segundos tuve tiempo para pensar en mi salud. Tuve miedo de perder el ojo, de un desprendimiento de retina, qué sé yo... y me quede en el suelo.

-Sentí como un estallido en el ojo. Fue muy fuerte y de pronto no vi nada más.

-No, esa mano no me puso groggy ni nada, no sentí la mano, pero sí pensé en mi salud y me quedé.

-¿Ir a un sicólogo? Bueno (sonrisa) no creo que por perder una pelea necesite ir a un sicólogo.

-Ahora solamente quiero estar con mi familia y descansar.

-No, no me vino a la cabeza lo que me pasó en el ojo con Danny García. Decidí que no quería quedarme ciego.

-Sigo pensando que no hace falta entrenar en los Estados Unidos: en Junín se hizo todo bien.

-Esta noche fue una mala noche, como le puede suceder a cualquiera, no me salieron las cosas, estuve muy atado.

A la mañana siguiente, antes de la partida hacia el aeropuerto, en el hall del Double Tree Hilton de Carson, vendrían otras voces. “Si se toma un descanso, Lucas no pelea más. Todavía no sé qué le pasó, estaba vacío, frustrado, no hizo lo que le pedíamos: todavía nos estamos preguntando qué paso...”, afirmó Látigo Coggi.

“No hizo caso a todo lo que habíamos trabajado, fue una noche muy mala y confieso que no sé lo que le pasó”, afirmó Cuty Barrera.

A su vez, Matías Erbin dijo que “se hizo un trabajo perfecto, llegó en muy buen estado y en condiciones inmejorables. Yo he sido deportista y sé que, de pronto, hay algo que no sale y se viene encima la frustración, eso creo que le ocurrió”.

Mario Arano, su promotor, dejo entrever que de alguna manera, podría ser el final de la carrera de Lucas. Tema que también lo afecta. Es que Lucas es la figura principal de Arano Box –su empresa promotora, asociada con Golden Boy Promotions-, y todo ha girado prácticamente en torno a “La Máquina”.

Si el tema del futuro preocupa es porque todo parece indicar que Lucas parece estar más cerca del retiro que del regreso.

Tener en cuenta que la derrota -provocada por su mismo abandono en una pelea que no colmó expectativas-, obligaría ahora, en un regreso, a enfrentar a rivales duros, que lo prueben a fondo. Única manera de recuperar el terreno perdido.

Para Oscar De La Hoya, quien no apareció en la sala de prensa tras la pelea, también significo una derrota. No olvidar que Oscar estuvo dos veces en Argentina, antes de Provodnikov y antes de Postol, para apoyar públicamente a su boxeador. Cediendo terreno ante el crecimiento de Al Haymon, a Oscar le queda como figura insignia el Canelo Álvarez, que tiene una parada difícil ante Miguel Cotto: “Hace un tiempo, hubiera votado por el Canelo, por su juventud”, nos dijo Sergio Maravilla Martínez. “Pero pensándolo fríamente y más allá de que me haya ganado a mí, me parece que a Cotto hay que tenerle un respeto enorme, es un gran peleador”.

Mientras tanto, Bob Arum, asociado ahora a Golden Boy (en realidad, se podría decir que es al revés y que GBP logro el apoyo de Top Rank cuando se le fueron casi todos los boxeadores a las huestes de Al Haymon) se levantó tranquilo de su primera fila del ring side. Postol forma parte de Top Rank. Como siempre, Bob nunca pierde, aun cuando a veces de la sensación de que pierde...

No hay que olvidar que Bob había dicho que, de ganar, Lucas podía tener una pelea ni más ni menos que con Manny Pacquiao.

Nadie puede pedirle a un boxeador lo que no tiene: esto pasa también en la vida de todos los días. Víctor Galíndez, bañado en sangre, cerró noqueando a Richie Kates en el último segundo del último round (eran peleas a 15...) Jorge “El Roña” Castro, desfigurado por los golpes, pidió un round más frente a John David Jackson y terminó ganando una pelea que estaba perdida. A su vez, también lastimado en un ojo, Juan Domingo Roldán se dejó caer frente a Marvelous Hagler, impotente y vencido: había llegado al límite de sus fuerzas. Gustavo Ballas le dijo al referí que no podía más en su combate en Japón ante Jiro Watanabe. Estaba vacío... Ni que hablar del rostro vencido e impotente de Paul Fujii cuando, frente a Nicolino Locche, se quedó sentado en su rincón…

Lucas, con una brutal sinceridad, dijo que había preferido su salud antes que un sacrificio. “Ahora van a criticar los que nunca se pusieron un guante y no saben lo que es esto”, afirmó. Y tiene razón. De la misma manera en que nadie puede ponerse del todo en el lugar del otro. Pero sí queda en claro que el día después deberá traer una profunda introspección del equipo. Solamente ellos y nada más que ellos saben en que se acertó y en que se falló: resultaría poco generoso pensar que solamente falló el boxeador.

Ya se sabe que las victorias tienen muchos padres y que las derrotas son huérfanas. De hecho, Mario Arano dijo públicamente que tras el triunfo sobre Provodnikov hubo una larga reunión con todo el grupo, para analizar a fondo el porqué del quedo final de Lucas. Ahora se impone un baño de sinceridad general, apuntando a un futuro mejor.

De todas maneras, lo que pueda ocurrir en el futuro, solamente Lucas Matthysse lo sabe. Si tiene el hambre de gloria que lo proyecte y lo lance a un resurgir de las cenizas a todo o nada o si –por el contrario- ha encontrado el límite de sus propias fuerzas, como le ocurrió en la triste noche de Carson...