El primer extranjero nacional

En acción, el primer extranjero en jugar por Argentina Jeanne Hatch

El Campeonato Sudamericano fue la única competencia internacional para la selección argentina durante sus primeros casi 30 años. Fue, por lógica, la referencia aislada para relacionarse con el exterior y donde el básquetbol doméstico reflejaba sus particularidades, su potencial o sus carencias y donde cada suceso tomaba una repercusión mayor.

Una de aquellas ediciones, la que se realizó en Montevideo a comienzos de 1940, marcó un hecho histórico para el básquetbol argentino: por primera vez un jugador no nacido en su tierra vistió la camiseta de la selección nacional. Se trató del norteamericano Rolf Lamport Larson, quien se convirtió en una de las figuras del equipo.

Esta historia singular, extraña o pintoresca quedó olvidada en el tiempo, pero por ser infrecuente y aislada, invita a revisarla y a hacerla conocer.

Larson nació en junio de 1916 en Snowflakes, Arizona, pero vivió gran parte de su juventud en Lakeside, un pueblito cercano. Cuando decidió ir a la universidad lo hizo en Flagstaff Teachers College, donde integró el equipo de básquetbol. Como su situación económica era muy limitada, utilizó una vaca de su familia para vender leche, casa por casa, y con eso pagarse los estudios. Con apenas 19 años se recibió de maestro y durante dos años dio clases y fue entrenador de básquetbol en una escuela secundaria.

A mitad de 1937 aceptó la tarea de misionar para la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, conocida comúnmente como la religión mormona, en Argentina. A Buenos Aires llegó el 18 de septiembre. Por su tarea religiosa Larson no cobraba dinero y se mantenía con lo poco que su familia le enviaba desde Estados Unidos, llevando una vida muy austera.

Este norteamericano aprendió muy rápido el idioma y su carácter jovial le permitió hacerse de muchos amigos. Era común verlo vestido con ropa de gaucho y animándose a entonar canciones folclóricas.

En Buenos Aires, junto a varios compañeros religiosos apasionados por el básquetbol, se dedicaron a construir una cancha en un terreno de la iglesia.

Pocos después ese grupo de extranjeros conformó un equipo llamado Los Mormones y allí mostró rápidamente sus condiciones de buen delantero, que, como se decía en esa época "hacía bien la llave", es decir que se desplazaba bien en esa zona, jugando muchas veces de espaldas al cesto en la misma línea de tiros libres, y que anotaba con frecuencia. Se lo consideraba un buen reboteador y desplegaba un juego muy intenso.

Esto llamó la atención de los clubes de Buenos Aires, que le ofrecieron integrar sus equipos. Finalmente, en 1939 la Federación Argentina (FABB) permitió que el equipo Los Mormones, participara, con ese nombre, en su torneo de primera división.

De ese equipo se destacaban Larson y su compatriota Dale Bergeson y ambos fueron incluidos en el plantel que debía participar, en enero de 1940, del 8º Campeonato Sudamericano que se disputaría en Montevideo.

La presencia de los dos jugadores norteamericanos levantó una gran polémica en el Congreso Técnico previo, realizado en el Colegio Militar de Montevideo, y varios países se opusieron a su participación. Sin embargo, el artículo 19 del Reglamento de esa época señalaba claramente que para que un jugador extranjero participara de una selección nacional, debía acreditar, al menos, dos años de residencia en ese país.

En el caso de Bergeson no le alcanzaba el tiempo en Argentina, por lo que no pudo jugar, pero sí a Larson, quien fue inscripto. El delegado argentino, Marcelo Echegaray, defendió la situación de este, explicando que había completado su formación deportiva en Buenos Aires, jugando en el Club Lanús Oeste, que lo había incorporado a sus categorías a su llegada al país.

En el Sudamericano de 1940 Argentina tuvo un buen rendimiento y Larson logró destacarse. Para muchos, los buenos resultados del equipo, que llegó invicto a la última jornada para definir el título contra Uruguay, la gran potencia de la época, se debían a la presencia del "refuerzo extranjero".

Si bien esto tenía algo de razón, porque Larson demostró gravitación en el equipo y terminó quinto entre los goleadores del torneo, la figura argentina en ese entonces era el delantero José Biggi, quien junto al uruguayo Arnábal, resultaron los máximos anotadores del torneo. Larson, Biggi, de Sporting Social, y Kisman, de El Tala, conformaban la muy buena delantera argentina, en la época en que los otros dos jugadores, los defensores, apenas pasaban la mitad de cancha y apenas hacían una una tarea de apoyo.

En la final, la defensa uruguaya controló bien a Larson, que no pudo sumar ningún punto, para quedarse con el triunfo y el título por un apretado 25-23.

Lo curioso fue que en los momentos libres que le daba el torneo, Larson se dedicó a misionar en Montevideo y la historia lo señala como la primera referencia de la religión mormona en Uruguay.

Después del Sudamericano, Larson (ahora sí junto a Bergeson) también integró el seleccionado de Capital Federal en el Campeonato Argentino en Santiago del Estero, aquel de los incidentes en la final, precisamente ante el equipo porteño y que desembocó en la suspensión del partido y en la decisión de darle el título al equipo local.

Larson terminó su misión religiosa en 4 de junio de 1940 y en la Federación Argentina de Básquetbol (que en realidad administraba el básquetbol sólo en Capital Federal y Gran Buenos Aires), le realizaron una cena de despedida y hasta lo nombraron "representante" en los Estados Unidos.

Al regresar a su país trabajó en el cuerpo diplomático norteamericano, por el que fue destinado a La Paz, Bolivia, y a Río de Janeiro, Brasil. En ambas ciudades también se sacó el gusto de jugar al básquetbol. Entre los bolivianos se incorporó al Club Amerist, mientras que participó del Torneo Carioca con el Fluminense en 1946. Lo curioso fue que al inscribirlo, la Confederación Brasileña debió pedir el pase internacional a Argentina, donde todavía estaba registrado.

Se jubiló del cuerpo diplomático estadounidense en 1966 y decidió regresar a su pueblo de Arizona, donde falleció poco después de cumplir 53 años, en Phoenix.

Tras su salida de la Argentina, Larson nunca más volvió a Buenos Aires. Su paso fue breve, pero, al menos para el básquetbol, le sirvió para dejar un registro histórico.