Momento de cambios

NUEVA YORK -- En 1972, Flushing Meadows era el escenario de la reunión que dio origen a la Asociación de Jugadores Profesionales, la ATP, cuyo presidente fue Jack Kramer. Se necesitaba la unión de los tenistas del circuito masculino para lograr mejoras en su situación.

En 1988, en el estacionamiento del mismo complejo, un grupo de 85 de los mejores 100 firmaron una carta de apoyo que redundó en la creación de un nuevo circuito, el ATP Tour, en 1990. Los Grand Slam y la Copa Davis seguirían bajo el mando de la Federación Internacional de Tenis, como ocurre en el presente.

En la actual edición del US Open, no hubo reuniones multitudinarias, principalmente porque la acción ocurrió en la segunda semana. Quedaban pocos en la sala de jugadores. Sin embargo, los problemas de programación y de reparto de dinero en el circuito originaron reuniones de las estrellas y frases determinantes, como la de Rafael Nadal: "Hay que intentar cambiar las cosas. Ha llegado el momento".

Pero, momento ¿no existe la ATP, que es el sindicato de jugadores y fue creada a tal efecto en 1972? ¿Desde cuándo se volvió blanco de las críticas de los propios tenistas? Los problemas se mezclan, también los destinatarios de las quejas: Nadal apuntó a la FIT y a la ATP, los problemas de dinero tienen que ver principalmente con la segunda; los problemas de programación, con la FIT y la organización del torneo; en este caso, la USTA (United States Tennis Association).

"Estaría bueno que hubiera un sindicato de jugadores que tuviera un tipo de poder de decisión", pidió Novak Djokovic. "Tenemos a la ATP, la FIT, y no se quieren mucho: siempre habrá problemas con la Davis, el calendario, los Grand Slam, y lo que pasó ayer", indicó Andy Murray.

Boris Becker, hoy comentarista, era jugador activo durante aquella reunión de 1988. "El líder era Mats Wilander, un joven Nº 1 muy inteligente, que nos guió en ese cambio. Pusimos al tenis en una mejor posición, pero con el paso de los años, los empresarios y managers de cada individual tomaron el mando y ya no es más lo que solía ser", explica el alemán, en una figura que recuerda a Rebelión en la Granja, la figura de los cerdos, el egoísmo humano y la corrupción del poder.

"Es una lástima que no tengan un representante. Es un deporte tan rico internacionalmente y no tienen a un comisionado del tenis, de alguna manera. Es casi ridículo", agregó Boris en charla con ESPNDeportes. "Es tiempo de cambiarlo otra vez. El tenis está en una gran posición, hay grandes jugadores, talentosos y muy respetados. Sería bueno que se organizaran nuevamente. Esta segunda semana del US Open ha disparado el tema. Volverán a sus casas y pensarán: 'Nos hemos podido juntar y podemos hacer algo'".

Es un momento especial para hacer cambios: el director ejecutivo de la ATP, Adam Helfant, dejará su cargo a fines de año "en buenos términos". Andy Murray dijo: "Estamos buscando un nuevo CEO. En los torneos regulares, tenemos representantes de la ATP que nos escuchan, seguramente no habríamos salido a jugar con la cancha mojada".

La estructura de la ATP consta de un Consejo de Directores, formado por el ejecutivo (Helfant), tres representantes de los jugadores (Justin Gimelstob, David Edges y Giorgio di Palermo) y tres de los torneos (Gavin Forbes, Charles Smith y Mark Webster). Cada parte se relaciona con su Consejo de Jugadores o Torneos. En el primero, Roger Federer, Rafael Nadal, Fernando González y Sam Querrey son los que llevan las peticiones de sus colegas.

"La ATP no es un sindicato: es una sociedad entre los jugadores y los torneos", explica Gimelstob en diálogo con ESPNDeportes. "Un sindicato de jugadores podría llegar con fuerzas y también con desafíos, eso deben entenderlo. El tenis tiene muchas partes y gente con poder. Acá se vieron más los desafíos que las partes buenas, pero prefiero quedarme con esto último, que es tener por ejemplo a los cuatro mejores en semifinales", agregó en tono contemporizador.

"En mi rol, a los jugadores trato de representarlos de la mejor manera, sea con el reparto de dinero, el compromiso para jugar, las jubilaciones, o el calendario. No es fácil, mucha gente en el tenis pide cosas distintas, incluso los jugadores", agregó uno de los tres representantes en el Consejo de Directores. En su libro "You cannot be serious", John McEnroe lista diez recomendaciones para mejorar el tenis, y en uno de ellos, incluye la creación de la figura del comisionado que mencionaba Becker. Lo de McEnroe también es una autopostulación.

"Sabemos que si corremos algo de un lado, se mueve del otro", graficó Roger Federer. "Por estas cosas es que Rafa y yo, antes Novak (Djokovic) también, no quisimos quejarnos solamente y tomamos un rol activo en el Consejo de Jugadores. Es muy importante que lleguemos a la mesa y hablemos, lo cual nunca suele ocurrir".

El argentino Martín García formó parte del Consejo de Jugadores. "En estos últimos cuatro años se lograron muchas cosas porque los mejores del ranking volvieron a formar parte de comisión. Vieron que los jugadores estaban siendo poco escuchados".

"La Federación es otro tema, no hay una comisión de jugadores. Ellos hacen y deshacen a su antojo. Apenas si escucharon a los jugadores sobre las fechas de las semanas de Davis, en lo cual se ha logrado un avance. En los otros temas de reparto de dinero en los Slam o programaciones, no se pudo lograr nada. Es cierto que falta unidad de los jugadores. Hace cinco años hubo una reunión en Wimbledon donde se instauró la posibilidad de boicotear los torneos de Grand Slam (a cambio de más porcentaje de las ganancias totales). Esa idea duró lo que un suspiro... a la próxima reunión ya faltaban muchos... Presiones de sponsors, de federaciones, hicieron que varios dieran marcha atrás", cuenta el ex doblista argentino, hoy entrenador.

¿De qué hablamos cuando hablamos de jugadores? ¿Están todos incluidos en la discusión? La ATP tiene representantes también para los peor ranqueados, pero como es lógico, no tienen la misma voz que las figuras que mueven el circuito.

"Si a veces no se logra unidad en un equipo de Copa Davis que se compone de cuatro jugadores, imaginate reunir a 120 que piensen igual", dice García, que tiene experiencia en la materia. "Sólo si los primeros 10 decidieran no jugar, sería ya un gran paso y el resto los siga o al menos haga pensar a la FIT. Es complicado, varios juegan para hacer historia y no creo que piensen en posponer sus sueños para ayudar a los que van a llegar después de ellos".

El australiano Wally Masur, ex top 15, opina: "Los jugadores que están más allá del 100 tienen que ir detrás de los mejores, porque ellos mueven la rueda, son las reglas del marketing. Pero estos últimos deben velar por los intereses de todos, porque si no, no habría circuito. Un Grand Slam lo juegan 128 jugadores. En mi época, estaban Connors, Lendl, sin mucha relación entre ellos. Ahora tienes a los top unidos, es una gran oportunidad. No todos piensan igual, hay que encontrar puntos en común, pero también ir con los tiempos: el circuito es muy duro, muy físico, como ping-pong. Hay que seguir revisando el calendario".

Eduardo Schwank, finalista del doble mixto en el US Open, asiste a las reuniones de jugadores y afirma: "Voy desde hace tres años y no hay cambios, a los jugadores que están más allá del 100 se les complica mucho viajar. Hay jugadores como Devvarman, Stakhovski y Berrer que siempre piden por nosotros, pero nunca pasa nada". El entrenador Horacio de la Peña agrega: "Las estrellas pelean por jugar menos y ganar más; los otros, por jugar más y ganar más".

"Los que están 150 del mundo no pueden vivir bien del tenis, se le complican mucho los viajes, eso tendrían que atender los jugadores. Mientras, un futbolista 150 del mundo es millonario", afirma un tenista sudamericano ubicado cerca de esa posición. El checo Jan Hajek, 150º en el ranking de ganancias y 152º del ATP hasta antes del US Open, embolsó 123.246 dólares en el año y 884.035 en la carrera. El décimo del ranking de premios, el español Nicolás Almagro, lleva 1.162.364 en el 2011. Hablar de los 8.309.318 del serbio Novak Djokovic, de apenas dos derrotas en la temporada, es saltar a otra dimensión. Aún falta agregarle a esa suma lo que coseche en Flushing Meadows.

Comprender los problemas del otro, aceptar las diferencias, no viene inserto en el chip con el que se forman los tenistas, acostumbrados desde pequeños, por la naturaleza del deporte, a pensar en sí mismos y sacar ventajas sobre el rival. Es muy difícil construir una conciencia colectiva, problema que también excede al ámbito del deporte.

Andy Roddick, uno de los más francos a la hora de expresar el malestar, es conciente de las dificultades: "Hasta que no nos unamos en una gran voz, no conseguiremos lo que queremos. Por lo tanto, no tenemos derecho de quejarnos. Cuando tenés a 25 o 30 personas, un tipo está preocupado a ver si entra en el doble de Stuttgart, y el otro de otra cosa. Estuve tratando de decirle a la gente que el talento normalmente gana en las negociaciones. Si Bono no quiere salir de gira, la gira se cae".

Según Roddick, se necesita sacrificio, una inversión de tiempo, lo cual es un problema. "Es un deporte que depende de las estrellas. No hay un equipo local o visitante. En este momento de mi carrera, me gustaría contribuir a la chance de que, cuando deje el deporte, los jugadores hayan avanzado".

En 1973, hubo un recordado boicot a Wimbledon: 90 colegas se borraron del torneo en solidaridad con el yugoslavo Niki Pilic, a quien la FIT había prohibido participar en Londres por haberse negado a formar parte del equipo de la Davis por jugar un torneo en Canadá.

¿Podría repetirse la historia? Hoy parece improbable. La decisión, en este caso, no es individual.