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Melián, en el nombre del padre

Jorge, Alberto y Thaiel Melián, tres generaciones arriba del ring Ramón Cairo

BUENOS AIRES -- Allá por 1992, el cordobés Jorge Melián le ganó por segunda vez a Hugo “Pajarito” Hernández y se consagró campeón sudamericano welter junior. Fue en la Federación Argentina de Box (FAB) y de esa noche queda una foto del nuevo campeón, rodeado de amigos. Y aparece un pequeño: su hijo, Alberto Ezequiel.

Han pasado 24 años de esa foto. Ese pequeño es, hoy, representante olímpico de boxeo por segunda vez. Alberto Ezequiel Melián nació, al igual que su padre, en Villa Dolores, provincia de Córdoba, un 2 de enero del 90. Hoy, con un centenar de peleas realizadas -no lleva la cuenta exacta, en el boxeo amateur las estadísticas no son nunca precisas-, se apresta para competir por segunda vez en un Juego Olímpico. Y se tiene más fe que nunca.

“Yo debuté en el 2005, en un campeonato juvenil, y perdí en mi primera pelea. Y ese fue el mayor empuje que recibí. Me ayudó un montón, porque me juré a mí mismo que tenía que ganar, que tenía que superarme. Y aquí estoy...” dice.

La madre de Alberto, Stella Maris Alday, fue la primera en apoyarlo cuando decidió meterse a boxeador. “Iba al secundario y me peleaba todos los días y cuando le dije que pensaba dedicarme al boxeo, me dio todo su apoyo, siempre y cuando trabajara en serio, como debe ser”, recuerda.

Papá Jorge recién se asentó en un lugar cuando el chico tenía unos nueve años. “Hasta entonces vivimos en varios lados, incluyendo la provincia de Entre Ríos. A veces íbamos a hoteles pequeños, y estábamos los cinco en una misma habitación. Hasta que finalmente, nos radicamos en el barrio de La Paternal. Por eso soy hincha de Argentinos Juniors. Es que también jugué al fútbol, siempre por el lado izquierdo, porque soy zurdo. Pero me aburría y por eso al final, me decidí por el boxeo. Las primeras clases me las dio mi papá, él me enseñó a pelear con la izquierda adelantada, como hacía Ringo Bonavena”.

Para ese entonces Jorge, ya retirado del boxeo, tenía una cerrajería en el centro de Buenos Aires. Hoy se dedica al mantenimiento de ascensores. Nacido el 12 de noviembre de 1963, peleó como rentado entre 1986 y 1995. Se retiró con 39 peleas ganadas (11 nocauts), 9 derrotas y 4 empates. Fue campeón argentino y sudamericano welter junior.

Alberto lo acompañó mucho, hasta en los entrenamientos y carreras matinales, pero tiene recuerdos vagos de todo aquello: “Yo era muy chiquito, a veces las imágenes son medio borrosas, pero estuve siempre junto a mi viejo”, explica. El chico dejó los libros cuando estaba en segundo año. De la mano de su padre fue al gimnasio de la Federación Argentina, para entrenar con Julio García, quien, por si hace falta aclararlo, también había entrenado a Alberto.

El binomio continúa firme hasta hoy: García es el técnico principal del seleccionado argentino de boxeo que viajará a Rio. El padre es un factor importante. “Como estoy en la Liga Profesional de AIBA, he viajado a más de quince países, incluyendo Francia, Inglaterra, Kazajistán... Y prácticamente toda América. Muchas veces viajé con mi papá -que también está en mi rincón- y ahora, claro, viajará a Rio”.

Se considera un hombre de familia. “Los míos siempre me acompañaron. Tengo dos hermanas, Yesica y Sabrina. Y un hijo, Thaiel (está separado de su pareja, pero comparten la tenencia) al que suelo extrañar mucho, por las concentraciones. Pero el gran objetivo es Rio. Hay que trabajar más que nunca”.

El equipo argentino se compone de cinco boxeadores: Fernando Martínez (52 kilos), Alberto Melián (57), Ignacio Perrín (60), Alberto Palmetta (69) y Yamil Peralta (90).

“Me costó mucho clasificar y finalmente lo conseguí este año en Buenos Aires. Para eso tuve que ganarle en el debut al cubano Robeisy Ramírez, que fue medalla de oro en Londres”, cuenta.

En la pelea final, por la medalla dorada, perdió por puntos con un gran candidato, el norteamericano Shakur Stevenson: para los expertos, el nuevo Mayweather.

Y prosigue Melián, a quien llaman “Impacto”: “Entreno en tres turnos. El último es en Plaza Irlanda, a la nochecita, y lo hago con la compañía de mis padres, ellos son mi principal aliento, siempre”.

“Nunca la tuve fácil”, recuerda Alberto. “Para estar en Londres tuve que ganarle a Ignacio Perrín (con el que ahora viajaré a Rio) y me costó mucho. Esta vez, tengo la ventaja de que como Rio está más cerca, vendrán no solamente mi familia y mis amigos de Buenos Aires, sino también de Villa Dolores, mi pueblo natal. Y eso siempre tiene un incentivo extra”.

Dos recuerdos son importantes para Alberto, a la hora de hacer una síntesis de la relación con su padre, al que califica como “Un hombre a veces muy cerrado, de pocas palabras, pero justas”.

Melián cuenta esos dos recuerdos, esas dos imágenes: “Una noche de mucho frío, estaba corriendo en la Plaza Irlanda. Se me congelaban las manos, pero había que entrenar, fuera como fuese. Y solamente tenía a mi lado a dos personas: mi papá y mi mamá. En ese momento me di cuenta del valor de ese gesto. Solamente nosotros tres sabemos todo lo que significa esto”, dice.

Y concluye: “Cuando hice mi primera pelea, mi papá me acompañó y me dijo que el boxeo es como el colegio: si uno estudia, todo va a salir bien. Nunca me olvido de esas palabras. Por eso para Rio, estoy estudiando mucho y haciendo bien los deberes...”