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El Maracanazinho desbordó de emoción con el oro del voley

RIO DE JANEIRO (Enviado especial) -- "Alegría, alegría", decía el tema que soaba en el estadio Maracanazinho mientras el público festejaba el triunfo de la selección brasileña de vóleibol 3-0 ante Italia en la final olímpica. El show que se brindó en este recinto deportivo a lo largo de todo Río 2016 tuvo su mejor versión en este partido definitorio y, sobre todo, tras ese último bloqueo de Wallace y compañía que le dio al equipo verdeamarelho la victoria y la medalla de oro.

Los inflables con formas de manos o de garras que se repartieron antes de la final realzaron ese juego que se propuso en este estadio en cada partido de voley. Constaba de una animación que proyectaba el enorme tablero-pantalla central, con las palabras 'Super spike' (súper remate) cuando un equipo convertía un punto vía smash sin que se interpusiera un bloqueo rival, o 'Monster block' (bloqueo monstruoso) cuando ocurría lo contrario, es decir que se conquistaba una unidad mediante un bloqueo.

Al tiempo que se emitía esa proyección, los animadores presentes en el estadio alentaban al público a que, con sus brazos levantados, hicieran el gesto hacia adelante, como el que efectúan los jugadores cuando bloquean. De por sí muy vistoso, con esas manitos o garritas, en la final ante Italia mirar esa performance del público resultaba realmente mágico.

El voley es una gran pasión en Brasil, y las 11800 personas que colmaron esta arena deportiva así lo demostraron. No sólo con el 'Super Spike' y el 'Monster Block', sino haciéndose oír permanentemente durante el choque con el equipo europeo. Gritos de aliento, aplausos y cantitos cuando el protagonista era el conjunto local. Abucheos y silbidos atronadores cuando, por ejemplo, Italia estaba por sacar.

Para colmo, el partido definitorio contó con la presencia de Neymar en las tribunas. Él y su revitalizada condición de ídolo tras el título en fútbol de este sábado aumentaron aun más el nivel de adrenalina en las gradas, sobre todo cuando durante un intervalo del partido le concedió una entrevista a la animadora oficial, que se reprodujo en vivo por las pantallas gigantes.

Un rato después, cuando se concretó el triunfo ante Italia, todos los gritos se transformaron en uno solo. Temblaba el Maracanazinho con la emoción de la gente. Aparecieron cinco hinchas enfundados en esas especie de camisetas grupales, que son en realidad una tela con cinco agujeros para las cabezas de los integrantes del grupo. Obvio, en el frente de la gran remera se leía Brasil. Qué otra cosa si no.

Luego llegó la ceremonia de premiación, para la que la totalidad de los espectadores permaneció en su lugar, a pesar de que fue unos 20 minutos más tarde. Allí la emoción volvió a inundar todo. Porque había un público alegre, que hasta tuvo el detalle de brindarle un ruidoso reconocimiento al subcampeón, Italia.

Claro, cuando la voz del estadio pronunció "Braaaaaseeeeul" y dio paso a que los integrantes del plantel campeón subieran al podio, los decibeles se elevaron hasta hacerse casi insoportables para el oído humano. Después, ovación cuando se nombraba a cada uno de los jugadores para entregarles la medalla dorada. Bruno Rezende, Wallace, Lipe, Lucas y Lucarelli fueron los ganadores del aplausómetro en el Maracanazinho, que si no fue el mejor estadio de Río 2016, estuvo seguro en el top 3.

Llegó el himno y encontró a Bruno y a varios de sus compañeros quebrados en llanto. Un recorrido con la mirada permitía comprobar que en las tribunas había muchas personas en las mismas condiciones que sus ídolos. Un sentimiento genuino por el deporte en general, y por el voley en particular.