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Que el medallero no tape el bosque

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Los Leones regresaron a la Argentina (1:41)

Gonzalo Peillat, Lucas Rossi y Juan Manuel Vivaldi hablaron de la experiencia dorada en #YoRIOxESPN. (1:41)

BUENOS AIRES -- Argentina terminó en el puesto 27 dentro del medallero de Río 2016, en una de sus mejores actuaciones en Juegos Olímpicos.

Se ganaron tres oros y una plata: la última vez que se habían conseguido tres primeros puestos, fue en Londres 1948. El balance es positivo, por supuesto, pero la ubicación en el medallero y el furor olímpico generado en los últimos días no debe tapar la realidad.

Queda todavía un largo camino por recorrer si queremos pensar en una Argentina como potencia olímpica o con aspiraciones de serlo. Estamos lejos de eso.

Por caso, si Los Leones, Lange-Carranza o Pareto hubieran quedado en el segundo lugar en vez del primero, algo que pudo ser posible dada la paridad de sus finales, se habrían retrocedido 10 casilleros. Entonces, ¿hablaríamos de actuación histórica?

Lo cierto es que el medallero es mentiroso y no refleja la realidad del deporte de un país. Como el oro tiene prioridad a la hora de ubicar, un país que sumó 10 medallas (República Checa, con esa cifra, quedó 43) puede terminar más retrasado pese a contar con más calidad y cantidad de medallas.

Sin dudas, el deporte argentino creció en los últimos años a partir de la creación del Enard. Hay más presupuesto y muchos atletas, no todos, pueden prepararse mejor. Ahora, el desafío será seguir creciendo.

No importa si en Tokio 2020 se ganan menos oros. Tal vez se ganen más medallas. Incluso, con menos medallas, podríamos tener una mejor actuación si se logran más diplomas (deportistas que terminan entre los ocho primeros). Habrá que seguir trabajando en las bases, pensando en los atletas que en los próximos años deberán reemplazar a figuras como Pareto, Lauro, Crismanich…

Está claro que el fuerte de nuestro país son los deportes con pelota. Pero debemos crecer mucho en los deportes formativos como el atletismo y la natación: en ambos, estamos a años luz de los mejores, y de los que no lo son tanto.

Río 2016 terminó dentro de lo esperado: en la previa se especulaba con entre cuatro medallas de mínima y seis de máxima. Pareto cumplió. El yachting también, aportando su clásica medalla de los últimos años de la mano de Lange y Carranza. Las Leonas esta vez no pudieron, pero aparecieron Los Leones para darles la primera medalla a los varones en olimpíadas. Lo de Del Potro fue tan brillante como inesperado.

Después, se podía esperar algo del fútbol, más por historia que por presente. La Generación Dorada ilusionó hasta que se encontró con Estados Unidos antes de lo previsto. El vóley mostró un crecimiento, aunque se sabía que subir a un podio era difícil. El rugby cumplió: Argentina tiene equipo para seguir peleando entre los candidatos.

A nivel individual, el boxeo (Peralta y Melián) y la lucha (Patricia Bermúdez) estuvieron a una pelea de la medalla. Melisa Gil se destacó en tiro, Matías Albarracín en equitación y Emiliano Grillo en golf. Más allá de los diplomas, es para destacar la actuación de Germán Chiaraviglio y Braian Toledo: los dos llegaron a una final olímpica, algo histórico para nuestro país. Y los dos tienen todavía más potencial.

Pero hay mucho por mejorar y para corregir. Formar un atleta olímpico no es tarea fácil: lleva más de una década de trabajo. Además del apoyo económico para el deportista, debe haber una fuerte inversión en infraestructura, en los cuerpos técnicos, en los viajes para las principales competencias, en la compra de implementos, desde una garrocha para el atletismo o una bala para el tiro, hasta un bote. Y por supuesto, una decisión política.

Por eso, y ahora que la fiebre por Río empezará a bajar, hay que tener mucha mesura: que el medallero no tape el bosque.