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Federer disfruta con un comienzo de año sorpresivo y genial

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La película de Indian Wells y su gran protagonista (3:46)

ATP Masters 1000. (3:46)

Nadie se imaginó semejante inicio de temporada. Ni él mismo, como lo admitió. Sólo una parte de sus más fieles seguidores habrá soñado con algo así. Roger Federer, tras seis meses inactivo por lesiones, volvió en 2017 con un nivel sensacional, que le permitió ganar los dos principales torneos en juego, el Abierto de Australia e Indian Wells, siendo el mejor tenista en lo que va del calendario.

Con 35 años y medio, Federer retornó al circuito con una autoridad que deja perplejos a sus rivales. "Esto prosigue mi regreso de cuento de hadas. Son unos resultados de ensueño", afirmó el suizo tras lograr su 90º título, en el desierto californiano, que significó su 25º Masters 1000.

La espalda y una rodilla habían puesto, como nunca, a Federer en apuros el año pasado. Rindió bien en general, pero debió quedarse afuera tras llegar a semifinales en Wimbledon. Se perdió los Juegos Olímpicos de Río, el US Open y varias citas de primera línea, hasta que volvió en enero, siendo 16º en el ranking ATP, para jugar el certamen de exhibición mixta de la Copa Hopman.

Enseguida pisó Melbourne, quedando 17º en la clasificación (cedió los puntos de la final de Brisbane del año anterior), donde se vio que le tocó un cuadro muy exigente. Muchos dicen que evitó a Andy Murray, Nº1 del mundo, y que por el otro sector también fue eliminado prematuramente Novak Djokovic (2º), pero el gran mérito del suizo fue haber mostrado mucha agresividad en su juego, con un revés tremendo, muy suelto y potente, y una mentalidad superganadora y positiva.

En fila, derrotó a cuatro rivales del Top 10, como Tomas Berdych (10º), Kei Nishikori (5º), Stan Wawrinka (4º) y Rafael Nadal (9º). Al primero lo superó en tres sets y a los tres siguientes, en cinco, en duras luchas, en especial contra su acérrimo rival, el español, quien en general le ganaba al helvético. Su hazaña en el primer Grand Slam de 2017 le dio el soñado 18º título en los Majors, aumentando su récord histórico. Y así dio el salto para volver a meterse entre los 10 primeros.

La única sorpresa de estos meses la vivió en Dubai, otro certamen que le dio muchísimas alegrías, ya que en la segunda ronda cedió, tras disponer de tres match points en el segundo set y una amplia ventaja en el último, ante Evgeny Donskoy (116º). Su sed de revancha tuvo su premio rápidamente, pese al duro panorama que le había ofrecido el sorteo de Indian Wells.

En octavos, otra vez pudo con Nadal y en esta ocasión con un triunfo rotundo, borrando literalmente al zurdo de la cancha. Nuevamente, en superficie dura, hizo de las suyas ante Wawrinka y se quedó con el primer M1000 del año, que le permitió escalar cuatro puestos en el ranking y ser Nº6, justo delante de Nadal. Además, suma casi el doble de puntos que el español y así Federer lidera cómodo la carrera hacia las Finales ATP de Londres.

Por eso, era impensado este envión inicial, con seis victorias sobre Top 10, con récord 13-1 y el sabor especial de haber podido gritar campeón en los dos principales torneos del año. Para varios, parece vivirse 2007 o alguna de sus temporadas previas, cuando el helvético dominaba ampliamente el circuito. Pero no, estamos en 2017. Hay que remontarse a 2012 para verlo a Federer ganar un Grand Slam, como Wimbledon, y algún Masters 1000, año en el que se impuso en Indian Wells, Madrid y Cincinnati. Ahora celebró en Australia y repitió en Indian Wells. Y va por mucho más...