El inexplicable caso de Curtis Granderson

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MIAMI -- Max Scherzer no necesita que le regalen nada. Él solo se encarga de sacar fuera de circulación a la mayoría de los bateadores que enfrenta, a muchos de ellos por la vía de los strikes.

Y si encima le conceden gratis algunos outs, el que para muchos es el mejor pitcher de la actualidad se convierte en un monstruo de mil cabezas.

Este martes, los Washington Nationals iniciaron una visita de tres días al Marlins Park, con Scherzer en la lomita, quien en ocho episodios completos permitió una carrera limpia, con cinco hits y diez ponches, para apuntarse con pizarra de 6-1 su séptimo triunfo de la campaña.

Tratándose de la Liga Nacional, donde el lanzador ocupa un turno en la alineación, el serpentinero rival ya tiene casi garantizados --casi- al menos dos outs en el juego.

En el caso de los Miami Marlins, son más los regalos que el manager Don Mattingly le hace a los contrarios, por una caprichosa e inexplicable insistencia en mantener a Curtis Granderson en el orden al bate.

El veterano Granderson está simplemente acabado y el reloj del retiro sonó para él hace rato. Así lo demuestra su average inferior a la línea de Mendoza (menos de .200), que ha mantenido a lo largo de toda la campaña.

Con él en la tanda, suponiendo que consuma tres turnos al bate en el juego, el pitcher rival ya tiene prácticamente de su lado un inning completo sin daño.

Antes de iniciarse la serie de tres ante Washington, el jugador de 38 años promediaba .183, con apenas 35 imparables en 192 turnos, de los cuales se había ponchado en 57.

O sea, que en un 30 por ciento de las veces que fue al plato ni siquiera fue capaz de poner la pelota en juego.

Cuando los Marlins lo firmaron en el invierno, el plan era ver qué podía dar en su decimosexta campaña un experimentado jugador de 336 jonrones de por vida, con el objetivo de cambiarlo a mitad de temporada por talento joven, como dicta el proceso de reconstrucción en que están inmersos los peces.

En el interín, podría traer presencia y experiencia al joven roster de Miami, pero no se lidera nada con bajo rendimiento, pues deja automáticamente de ser un ejemplo a seguir.

Pero una vez que esa idea quedó descartada, dado que a Granderson ya no le queda ni una gota de gasolina en el tanque, la fanaticada de los Marlins, escasa, pero fiel, se pregunta hasta cuándo seguir con un hombre que no representa nada en el futuro de la franquicia, en vez de darle la oportunidad a los muchachos que siguen creciendo en las Ligas Menores.

De hecho, el cambio radical del equipo a partir del 17 de mayo, fecha desde la que han jugado para 20-15, se produjo cuando llegaron de las granjas el colombiano Harold Ramírez y Garrett Cooper. Es cierto que para un deportista, sobre todo si ha gozado de cierto grado de estelaridad --fue a tres Juegos de las Estrellas-- lo más difícil es aceptar el momento de decir adiós.

Pero cuando toca, toca y hay que darle paso al futuro. Es ley de vida.