Como si fuera ayer

BELO HORIZONTE -- El domingo a la tarde es muy domingo a la tarde, a pesar de que se juegue el Mundial. No pasa prácticamente nada en la zona de Pampulha.

La gente aprovecha para sentarse a tomar algo, caminar o trotar en el hermoso atardecer alrededor de la lagoa. A pocas cuadras de allí, en la puerta del estadio, se arma un tumulto. Son dos familias brasileñas que se acercan a charlar con cinco jóvenes argentinos.

Ellos son Eduardo, Facundo, Gonzalo, Pablo y Diego, amigos de toda la vida, de la escuela y el fútbol, en la ciudad balnearia de Pinamar. Llegaron a Brasil sin tickets, con la idea de seguir a la Selección: "Si tenemos la suerte de entrar, bienvenido. Si no, vamos a disfrutar el Mundial y el viaje con amigos".

Un día después del golazo de Messi para Argentina 1-0 Irán, posan pegados a la reja del Mineirao. "Ayer no teníamos ingreso y lo vimos en el Fan Fest de Belo Horizonte. Hoy vinimos a conocer el estadio", cuentan los muchachos.

El 12 de junio salieron de Aeroparque a Iguazú. Cruzaron a Foz de Iguazú y en ese aeropuerto les entregaron el auto que alquilaron. Son dos conductores, uno en ruta y el otro experimentado en la ciudad. "Sin GPS, sin Google Maps, entramos a las ciudades a ver dónde podemos ir y buscamos a los argentinos, para hermanarnos", dicen con orgullo.

Valoran mucho el trato con los brasileños. Tuvieron un guía salvador: "Nos metimos en San Pablo sin conocer nada. Al perdernos, le preguntamos a un hombre y nos respondió: 'Ustedes están locos. Vamos a buscar a mi mujer y los acompaño'. Acá manejan como locos, pero fue despacio, dio mil vueltas durante 40 minutos. Si no nos sacaba, todavía estábamos ahí".

Antes de llegar a Belo Horizonte pasaron por Curitiba, Arraial do Cabo y Río de Janeiro, donde durmieron en el hotel "Mil estrellas", como llaman los acampantes a la concurrida playa de Copacabana. Ya suman 2500 kilómetros en auto en Brasil y van por más.

Desistieron de acompañar a Argentina en el tercer partido ante Nigeria, en la lejana Porto Alegre, y se guardan para los octavos de San Pablo, siempre y cuando los de Sabella sean primeros del Grupo F.

"Nos estamos administrando bien, hay días en los que se gasta un poquito más… sobre todo de noche. Y en Río de Janeiro. Tuvimos que aflojar un poco porque es muy cansador, no dormís". Se los nota agotados, pero felices.

Aunque la idea de asistir al Mundial estuvo siempre, comenzó a tomar forma en diciembre. Hicieron un esfuerzo grande para poder ahorrar durante la temporada veraniega, momento fuerte en Pinamar. Cada uno se abocó a lo suyo: unos trabajan en gastronomía, otros en hotelería y uno en un mangrullo vendiendo licuados en la playa.

Les sobra optimismo. Tiene planeado el regreso para el 18 de julio, cinco días después de la gran definición en el Maracaná. Para ellos, que Argentina llegue a la final, sea campeón del mundo y ellos puedan presenciarlo "sería la frutilla del postre".

Mientras tanto, se llevaron de recuerdo la foto del estadio Mineirao. Llegaron un día después del triunfo de Argentina, pero lo disfrutaron como si fuera ayer.