<
>

Madre hay una sola

No en todas partes del mundo se celebra al mismo tiempo. En Argentina se estableció desde hace ya muchos años que es el tercer domingo de octubre. Más allá de las claras intenciones comerciales, por el tema de los regalos, se afirma también que “El día de la Madre es todos los días”. Sea como sea, en el boxeo sobran ejemplos que las tienen como protagonistas.

Oscar Natalio “Ringo” Bonavena, boxeador mediático si los hubo, hizo famosa a su madre, Doña Dominga. No solo por mencionarla siempre, sino también porque lo hacía en circunstancias especiales. Tras ganar alguna pelea en el Luna Park, puso en marcha el “Vieja, ponga en marcha los ravioles que voy para allá” en los reportajes radiales.

La ascendencia italiana de los Bonavena no solamente se hizo famosa con los almuerzos domingueros, bulliciosos y de gran asistencia familiar, a los que los noticieros de televisión eran asiduos. También dio origen a un programa de televisión, en donde Doña Minga amasaba los ravioles como anfitriona principal.

Después de todo, el gran rival de Ringo, Muhammad Ali, solía posar seguido en las fotos con su madre, Odessa Clay. “Cuando era chico solamente podía decir “Chump” y como de ahí a “Champ” solamente hay una letra, así quedó la historia de que él siempre hablaba de ser “Champ” o sea campeón”, explicaba doña Odessa Lee Clay.

En Argentina el tango siempre ha marchado de la mano con la alusión a las madres: “Sólo una madre nos perdona en esta vida”, reza “La Casita de mis viejos”. Y así podríamos seguir mencionando una lista interminable, incluyendo “Pobre mi madre querida” o “Bonjour, mamá”. No falta Pappo, Rey del Blues, con “Mi vieja es lo más grande que hay” y la lista continúa…

Los boxeadores han sido leales a esa línea. Uby Sacco, ex campeón mundial welter junior AMB, era conducido por su padre, Ubaldo, ex boxeador. Pero en el ring side siempre estaba su madre Hilda, presente, como su admiradora número uno.

Marcos “Chino” Maidana viajaba siempre con sus padres y Doña Olga se convirtió en parte integrante del equipo, aunque se encargaba de decir que soñaba con que su hijo se retirara pronto. Doris, la madre de Lucas y Soledad Matthysse –hermanos y campeones mundiales- no solamente consentía a Lucas: hasta llegó a calzar guantes. Hizo una sola pelea y la ganó, con lo que se jactaba en broma de que “Porcentaje de 100% de victorias”.

Alicia, esposa de Juan Martin Coggi, confesó que cuando su hijo Martín decidió boxear, fue demasiado para ella. “Con Juan sufrí mucho, pero más con mi hijo, así que decidí dejar de ir a verlo a sus peleas”, admitió.

La madre de Emile Griffith inició a su hijo en el arte de diseñar sombreros femeninos. “Enelda me enseñó a hacer algo en la vida, más allá del boxeo”, decía quien fue gran rival de Carlos Monzón y varias veces titular del mundo.

Ana María Barragán, a su vez, se ha destacado en el ring por su aliento a sus hijos, incluyendo a Saúl “Canelo” Alvarez. Sus gritos y sus expresiones siempre –o casi siempre- son perseguidos por las cámaras de televisión: durante las transmisiones de las peleas, son un tremendo toque de color. El “Canelo” afirmó un día que uno de sus grandes objetivos fue “Comprarle una casa bien grandotota a mi mamá”.

A Evander Holyfield, en cambio, la fórmula no le resultó demasiado, porque según narró, “Cuando pude le compré una hermosa casa, en un lujoso barrio, para que no le faltara nada. Y ella me confesó que no era feliz viviendo lejos de sus amigos de siempre, que no estaba cómoda. Ni siquiera los ómnibus paraban cerca de su nueva casa. Y eso me enseñó que no siempre el lujo es el mejor sistema de vida”, concluyó el doble vencedor de Mike Tyson. Y luego, con una sonrisa, agregó: “Confieso que le tenía más miedo a mi mamá que al propio Mike”.

Los protagonistas de la gran pelea del fin de semana también aportan sus historias. Vasyl Lomachenko fue iniciado en la gimnasia por su madre, Tetiana, que fuera destacada competidora amateur (luego su padre, le dio forma al boxeador). Jenny, la mamá de Teófimo López, a su vez, prefiere seguir a su hijo pero sin ver sus peleas, “Porque me pongo demasiado nerviosa, entonces lo único que hago es rezar”.

Hubo otras situaciones, como en el caso de Oscar De La Hoya, que perdió a su madre antes de ser campeón olímpico y que llevó su medalla dorada a la tumba de Cecilia. Algo similar ocurrió con Omar Narváez, que lo llevó a ser “Un poco madre y también padre de todos mis hermanitos menores. Nunca pude devolverle todo lo que aportó en mi vida”.

Los motores del alma y el amor suelen ser impredecibles. Julio César Chávez confesó, recientemente, que uno de los motivos que lo llevaron al boxeo, fue “Para que mi madre no tuviera que planchar más para los demás”. Algo similar le ocurrió a Sergio Víctor Palma, el ex campeón mundial super gallo WBA. “Mi mamá era doméstica, y yo sentía que tenía que hacer algo para recompensarla y en gran parte, encontré esa salida gracias al boxeo”. Víctor Emilio Galindez, dos veces campeón mundial medio pesado, le prometió a su progenitora, siendo niño que “Un dia te voy a comprar una casita grande y linda, con techos colorados”.

Cuentan unos pocos testigos que tras haber sido arrollado por un ómnibus, José María Gatica murió en un hospital. Antes de morir, el feroz peleador gritó, de manera desgarradora: “!Madre… madre…!”.

Dejamos para el final una frase clásica del boxeo. Fue cuando Rocky Graziano logró el campeonato mundial de los pesos medianos ante Tony Zale. Frente al primer micrófono radial que le acercaron, gritó:

-¡Mamá, mamá! ¡Tu hijo malo lo logró esta vez!

Y es que el tango tiene razón, solamente una madre nos perdona en esta vida…