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México: Pasión y picante de la F1... espera que la emoción esté no sólo en la tribuna

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'Esteré muy sorprendido si conseguimos la victoria aquí' (2:22)

Lewis Hamilton charla en exclusiva con ESPN (2:22)

De Suzuka al Autódromo Hermanos Rodríguez, la Fórmula tiene un puente lleno de pasión.

Difícilmente hay dos carreras en el calendario con aficionados y organizaciones tan festivas y emotivas. El fanatismo y emotividad que traen consigo nipones y aztecas son el color del Máximo Circuito.

No es que Nurburgring, Silverstone, Monza o Spa no tengan ardorosos amantes de la velocidad, pero son nichos de los conocedores, donde peregrinan los feligreses de la F1 en místicos viajes a los templos de asfalto más emblemáticos.

Lo que pasa con Japón, donde ya Valteri Bottas exudó alegría en el podio, y México es que su gente se prende sin importar lo que pase en la pista. La F1esta corre y se desborda como reflejo de un sentimiento, el pretexto es tener un Gran Premio en casa, pero el gozo es permanente.

México trae a la Fórmula uno tradición, tacos, historia, microbuses, aglomeraciones, sombreros de charro, picante, miles y miles de eufóricos aficionados, pero una pista a la que le robaron todos los retos y donde, por lo regular se ven carreras muy aburridas.

En México, la F1esta está en la tribuna, en el festejo en el más colorido podio, en los miles de fans conocedores y otros miles más de aficionados de ocasión (villamelones) que son los que completan el lleno cada año (¿qué sería de cualquier espectáculo, evento deportivo o musical sin villamelones, es imposible tener a 200 mil expertos analíticos, enciclopédicos juntos, además alguien tiene que comprar las playeras de 60 dólares).

Para tratar de regresarle un poco o un mucho de lo que el aficionado mexicano aporta al mejor evento de los últimos cuatro años, la F1 a dispuesto que en 2019 sean tres las zonas de DRS (Drag Reduction System) que es donde los autos activan un mecanismo que permite a los autos que están atrás de otros tener menos resistencia al aire y con ello desarrollar la velocidad necesaria para un rebase. En resumen, más emoción y pelea en la circuito.

Ojalá funcione y no sea un soso y anticlimático desfile de autos después de la luz verde.

Pero ¿qué podemos esperar del Gran Premio de México?

Primero, festejar que seguirá ahí, a pesar de la miopía gubernamental que amenazaba con cancelarlo, pero que finalmente fue rescatado por empresarios.

Luego, el mismo ambiente arriba descrito, porque los mexicanos cuando están dentro del ánimo de disfrutar no los para nada.

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1:34

"Si no puedo estar en Mercedes o Ferrari no tengo que buscar algo más"

Sergio Pérez busca maximizar la oportunidad de correr en su país y sumar el mayor número de puntos.

En la pista, que es lo más importante, tenemos al hexacampeón mundial virtual, Lewis Hamilton, quien es poco probable que se corone oficialmente en México. Actualmente, saca 64 puntos a su más cercano seguidor que es Bottas. Si puede aumentar esa diferencia a 78 luego de esta fecha, el inglés será el monarca de la F1 2019.

Matemáticamente, sólo Bottas podría arrebatarle el título a Lewis, pero sabemos que eso no va a pasar nunca porque es su coequipero y porque sólo una tragedia y una mágica seguidilla de triunfos del finlandés haría que las cosas cambiaran.

Así que la corona ya reposa en las sienes de Lewis I, la saeta de Stevenage.

Las dos últimas versiones del GP de México tuvieron a Max Verstappen como ganador, pero es difícil pronosticar un triplete de Red Bull, aunque Top 6 asegurado. Ferrari ha sido constantemente rápido desde el receso veraniego, pero, como ha sido también regular, las decisiones y acciones del equipo en pista y fosos no han trasladado la brillantez sabatina en gloria dominical.

Al menos un Mercedes deberá estar en el podio o los dos. Cualquier elucubración disímbola a esto es fiebre de la imaginación, anomalía cuántica o accidente del destino. Un McLaren, Renault o más difícil aún, un heroico festejo de Sergio Pérez de la mano de un Racing Point tiene aire de sueño guajiro.

Pero, como sabemos, cada largada de un Gran Premio es el despegue de 20 jets en la misma pista, con la salvedad de que todos buscan dar vuelta primero en primera curva. Es un parto, es un momento en donde dos decenas de narices hacen anchísima la recta y un golpe se clavan en un embudo a la vez. Nada distinto a la competencia del inicio de la vida entre espermatozoides en búsqueda de los favores del preciado óvulo, si se me permite la biológica y anatómica comparación.

Así pues, una largada caótica puede darnos una carrera distinta. Otro aspecto que puede entrar en la ecuación y cambiar el resultado es la lluvia. En la Ciudad de México llueve y mucho. Tláloc es un dios muy poderoso y caprichoso, por lo que no sería raro que quiera robar protagonismo a Huitzilopochtli (deidad azteca del sol) con alguna tormenta.

El piso mojado iguala circunstancias y desaparece muchas ventajas técnicas. Ahí los hombres se separan de los niños y es donde los audaces con talento se distinguen de los audaces a la fuerza. Veremos, sería algo muy interesante.

El pronóstico no es aventurado: un Ferrari, con mayor seguridad Charles Leclerc, porque vive un mejor momento que el aparentemente desmotivado o deprimido Sebastian Vettel. Pero el alemán es un campeón, y ya lo dijo Rudy Tomjanovich: "nunca subestimes el corazón de un campeón".

Sería muy emocionante ver una marea roja en las tribunas del Foro Sol. Si el mexicano Pérez se mete al Top 5 ya puede ser considerado un 'bombazo'.