PARIS -- Los franceses están desilusionados de la selección nacional de futbol y apenas un póster publicitario en el metro nos recuerda el próximo torneo. Muchos franceses tienen dificultades para pensar en otra cosa que no sea terrorismo. En la ausencia de un gran despliegue publicitario, he aquí cinco modestas expectativas para la Eurocopa 2016:
1. La historia de una Cenicienta
Los equipos pequeños ya prácticamente nunca ganan nada a nivel de clubes. Los grandes equipos se han vuelto tan dominantes, que estamos tratando al Leicester City (el vigésimo cuarto club más rico en el planeta) como una Cenicienta.
Los grandes probablemente también ganarán la Eurocopa 2016. Si bien es cierto, en las Eurocopas algunos equipos han dado la sorpresa, en particular Checoslovaquia en 1976, Dinamarca en 1992 y Grecia en 2004. Pero ahora que la competencia se ha ampliado a 24 equipos, el camino a la victoria es más largo y eso juega en contra de los débiles.
La buena noticia es que veremos un inédito grupo de Cenicientas. Islandia (323 000 habitantes) se convirtió en el país más pequeño de Europa en calificar a un torneo importante. Albania (2.8 millones de habitantes) también hará su debut. Mientras que Irlanda del Norte (1.8 millones) jugará su primer torneo desde 1986 y Gales (3 millones) su primero desde 1958.
Algunos de ellos seguramente lograrán besar a uno o dos príncipes. Por otro lado, para los países fuertes nunca antes había habido tanto potencial de vergüenza.
2. Los fans podrán experimentar los placeres de Francia
Aún conservo la foto. Tiene fecha del 3 de julio de 1998, y estamos cuatro periodistas (todos terriblemente jóvenes) almorzando en el jardín de flores iluminado por el sol del restaurante Colombe d'Or en St-Paul-de-Vence, al sur de Francia. En nuestra mesa están una canasta de vegetales de la zona y una cubeta de vino.
Dentro del restaurante cuelgan cuadros de Picasso, Matisse y Chagall, supuestamente usados como moneda a cambio de un almuerzo. Estamos viviendo la vida que los alemanes describen con la frase: "Viviendo como Dios en Francia".
Llegamos a Francia para cubrir la Copa Mundial. Cada mañana me levantaba tarde después de ver el partido de la noche anterior, desayunaba un croissant y café con el periódico deportivo L'Equipe en una soleada y pequeña plaza en Lyon, o comía bouillabaise de pescado junto a la alberca en Marsella.
Posiblemente sean clichés, pero eran tan seductores que cuando regresé a la oficina en Londres después de la final de Zidane, ya no podía soportarlo. Un mes después de la Copa Mundial renuncié a mi trabajo. En el 2001, compré un pequeño apartamento en París. Aún sigo aquí. Aquí me encuentro ahora escribiendo este artículo, y es donde mis hijos nacieron y asisten al colegio.
Tal vez la Eurocopa 2016 cambiará la vida de algún joven fan visitante. Esperemos que los placeres de Francia superen las desalentadoras e interminables filas para pasar los controles de seguridad en los estadios.
3. Los franceses aceptan de nuevo a su selección nacional
La relación entre los aficionados franceses y Les Bleus alcanzó un punto crítico en junio del 2010, en la ciudad sudafricana de Knysna, cuando los jugadores se pusieron en huelga a la mitad de la Copa Mundial. El delantero Nicolas Anelka había sido expulsado del equipo por proferir insultos al entrenador Raymond Domenech, y los jugadores se pusieron del lado de Anelka. Se sentaron en el autobús y se negaron a entrenar.
Los franceses, que observaban desde la comodidad de sus sofás en casa, calificaron a los jugadores de ser multimillonarios mimados y poco patrióticos. La frase "el autobús de la vergüenza" se incorporó al idioma francés. La mayoría de los comentaristas franceses coinciden en que el racismo también fue un factor: muchos de los seguidores de la selección no se identificaban (ni se identifican) con una selección nacional en gran parte no blanca.
Independientemente de los motivos, en el 2012, solo el 3% de los franceses pensaba que la selección nacional representaba valores positivos, de acuerdo con un sondeo llevado a cabo por Sportlab. Incluso Didier Deschamps, el técnico de los Bleus, dijo que esta generación de jugadores no "sabía como diferenciar el bien del mal".
Los fans se volvieron a mostrar desconcertados por el sórdido escándalo de "le sextape" en el queKarim Benzema fue acusado de extorsionar a su compañero de equipo, Mathiew Valbuena. Es casi seguro que Benzema, la estrella más grande de Francia, no juegue la Eurocopa.
El autor francés, Daniel Riolo, escribe en su libro Racaille Football Club: "El público se siente perdido. Ama el futbol, pero no ama a las personas que lo juegan".
Ahora depende de un muy decente equipo francés (en el que destaca Paul Pogba) cambiar esa percepción este verano.
4. Inglaterra juega un futbol vistoso
Durante décadas, el ritual inglés era el siguiente: 1. Llegar al torneo prediciendo en voz alta y fuerte el éxito 2. Regresar a casa cojeando al poco tiempo, después de aburrir tremendamente a todos.
Otros elementos rituales incluían incesantes y pocos imaginativos pases hacia adelante (los jugadores ingleses no hacían pases en diagonal), jugadores debilitados por el calor, defensa con la espalda contra la pared en su propia área de penal, como si estuvieran tratando de repetir la retirada de Dunkerque en 1940, y después una búsqueda nacional de chivos expiatorios (¿recuerdan a David Beckham en el '98?).
Desde la desastrosa Copa Mundial de 2010, las expectativas se han derrumbado. Prácticamente ningún aficionado inglés mayor de ocho años espera la victoria este verano. La defensa y el medio campo de Inglaterra siguen igual de deficientes.
Pero lo que es distinto esta vez es la insólita posibilidad de que, antes de que regresen a casa cojeando, el equipo podría tal vez entretener. El auge de las academias profesionales puede haber ayudado a salvar a los jóvenes creativos del tradicional juego físico y aéreo del futbol infantil inglés.
Harry Kane, Daniel Sturridge, Jamie Vardy, Raheem Sterling, Delle Ali y Wayne Rooney (quien, al final, es el jugador inglés más talentoso de los últimos cuarenta años) son un conjunto de talentos ofensivos que el país posiblemente nunca antes haya visto.
Exactamente cincuenta años después del único premio del país, ¿sería mucho pedir algo de emoción en su camino a las semifinales? (Respuesta: Sí, probablemente).
5. Bélgica gana
Este país de 11 millones de habitantes es lo más parecido a una Cenicienta entre los aspirantes serios al título.
Los Diablos Rojos han llegado lejos. Durante su errante caminar desde el 2002 hasta el 2014, algunos de sus juegos ni siquiera se televisaban en casa. El defensa Jan Vertonghen recuerda un partido en Finlandia, al que cero aficionados acompañaron a Bélgica. En el 2013, los Diablos se ubicaban en el puesto 54 de tabla de clasificación de la FIFA.
Desde entonces, lograron la hazaña que sigue siendo, hoy en día, un sueño para Les Bleus: se ganaron a su gente. Bélgica está en el primer puesto de la clasificación mundial. Está jugando en su propio patio trasero. Las probabilidades de Bélgica de ganar nunca fueron mayores.
Y los Diablos Rojos no solo son buenos: son entretenidos. El entrenador Marc Wilmots ha acabado con el estilo tradicional de contraataque de Bélgica.
Me comentó en el 2014: "Tengo una visión diferente: Tienes que atreverte. No como pequeños belgas. Debes atreverte a hacerte cargo de un partido". Normalmente Bélgica, un país dividido por el idioma, no está a favor del nacionalismo. Pero este verano, las banderas de color negro-amarillo-rojo ondearán no solo en Bélgica, sino también aquí y allá en la vecina Holanda.
Cuando crecí en Holanda en la década de 1980, la selección nacional holandesa con frecuencia se quedaba fuera de los torneos importantes y solíamos apoyar a los Diablos. La tradición será reavivada este verano. Más de 80 000 holandeses se han inscrito en Facebook para el "Taller: Cómo convertirse en aficionado belga".
Belgas, por favor no nos decepcionen.
