Gonzalo Quesada, el goleador del Mundial de Gales 1999

Gonzalo Quesada fue el primer argentino en convertirse goleador en un Mundial de Rugby. Getty

BUENOS AIRES -- Transformó dudas en elogios y se convirtió en goleador del Mundial Gales 1999, con 102 puntos, adjudicándose así el anhelado Botín de Oro. Sin embargo, no fue fácil el camino que tuvo que transitar Gonzalo Quesada, ya que previo a la Copa del Mundo no tenía su lugar asegurado en el equipo.

No quedaba mucho tiempo para exámenes finales, pero las confusiones aparecían en todo el panorama de la Selección Argentina. La gira por Escocia e Irlanda, terminó de marcar el destino del joven apertura de Hindú, que con 25 años, competía para vestir la camiseta número diez en el Mundial, junto con José Cilley.

Pero Queso superó con creces los duros escollos que se le presentaron y pasó a ser indiscutido en el conjunto argentino, y con su pie derecho ratificó su relevancia. "Simplemente hice las cosas lo mejor posible para Los Pumas. Y una vez que se presentó la circunstancia es lógico que te geste terminar como goleador, porque significa quedar en la historia, será una página chiquita, pero página al fin", manifestó en su momento aquel back que debutó en 1992, y que en aquella época intentaba imitar la pegada de Juan Pablo Piccardo, ex apertura de la Primera del club de Don Torcuato.

Previo al inicio del certamen, el rótulo de figura no le quedaba grande a Quesada, quien con sus increíbles consagraciones en su club, desde los campeonatos de la URBA de 1996 y 1998, y el Nacional de Clubes de ese mismo año, sumado a su gran efectividad, le permitieron tener un lugar en la Selección Nacional. Sus estadísticas dan fe de una putería envidiable, debido a que tuvo un 82 por ciento de efectividad en patadas a los palos en cinco partidos: metió 31 de 36 penales, y tres de cinco conversiones, con un promedio superior a veinte tantos por actuación. Sólo le quedó una cuenta pendiente con los drops, ya que apenas convirtió uno ante Samoa, en la segunda fecha, sobre siete intentos.

"Nunca me voy a olvidar de ese momento. Cuando estás frente a una situación así, los palos se te cruzan. Traté de no pensar mucho y patear. Cuando me di vuelta y la vi a los chicos festejando y el griterío de la gente, me conmovió. Nunca me voy a olvidar de ese momento", rememoró Quesada sobre la gran conversión del inolvidable try de Diego Albanese, en esa emotiva noche de Lens, cuando Irlanda cayó por 28-24. ante el corazón y la garra Puma.

Se vino una prueba de fuego ante los franceses, partido en el cual cumplió su peor desempeño en el Mundial, pero eso no lo opacó para meterse en la historia del rugby. En ese cotejo, debido al cansancio por todo el esfuerzo que dio en el campo de juego, fue reemplazado por Felipe Contepomi y la gente lo despidió con aplausos. Finalizado el certamen, la gente ya lo empezaba a considerar como el legítimo heredero de Hugo Porta en el seleccionado argentino.

En la tabla, un sólo punto lo separó de su fiel perseguidor, Matt Burke, quien jugó la final con Australia. Pero lo de Gonzalo Quesada fue de otro planeta, ya que en su primer Mundial consiguió trepar hasta el tercer lugar en la lista de jugadores que convirtieron más penales en la historia del torneo, vale destacar que los 31 tantos le sirvieron para igualar al neocelandés Grant Fox, que participó en dos Copas del Mundo, mientras que el escocés Gavin Hastings (36 en tres) y el australiano Michael Lynagh (33 en tres), quedaron arriba. El argentino dejó en el camino al francés Thierry Lacroix, treinta en dos.

Igualmente, esas no fueron sus únicas marcas, ya que también con sus 27 puntos en la victoria sobre Samoa, quedó registrado con la máxima anotación de un jugador argentino en los 14 partidos mundialistas de Argentina. No obstante, su éxito no tuvo límites, ya que en su regreso al país cosechó el justo reconocimiento por parte de la prensa y obtuvo el premio Olimpia de Plata como mejor rugbier argentino, y el Olimpia de Oro como deportista del año.

Las distinciones no cesaron en la vida de Quesada, quien mantuvo la humildad y la sencillez a la perfección: "Esto es mérito del equipo. Cada uno cumplió con su función. Lo mío fue, simplemente, no fallar en lo que correspondía, que era transformar los penales en puntos. No es una falsa modestia, realmente siento que ni loco habría logrado este premio si los Pumas no hubieran rendido como lo hicieron. Esto es un buen final para la excelente actuación del seleccionado", sostuvo.

El año 1999 quedará por siempre, no sólo por el quinto puesto de Los Pumas, sino también como el año en que Quesada fue Botín de Oro.