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Lola Moreira llega a Tokio más fuerte y con un objetivo: "Navegar, disfrutar e intentar dejar bien arriba a Uruguay"

La Dolores Moreira que competirá en Tokio 2020 no es la misma que con apenas 17 años llegó a Río 2016 casi sin esperarlo. Más madura, con otra preparación desde lo psicológico y con mucho estudio de las condiciones que tendrá que enfrentar en las aguas niponas, la velerista llega a los Juegos Olímpicos con el sueño de dar el batacazo y sobre ello habló con ESPN.

A horas de debutar en la primera de las diez regatas clasificatorias que componen su modalidad de láser radial, Lola contó que arribaba a Japón contenta y con ganas de enfrentar este desafío. La deportista sanducera realizó varios viajes a ese país desde que terminó su participación en los últimos JJOO, en los que intentó tomar la mayor cantidad de datos posibles para la cita máxima, aunque eso no quiere decir que necesariamente tenga previstos todos los escenarios que puedan suceder en las regatas. “Todas las veces que vinimos fueron en diferentes momentos del año y las condiciones son totalmente distintas. Normalmente vinimos en octubre cuando no para de llover. Una vez estuvimos un mes acá y del mes entero tuvimos tres días de sol. También tuvimos viento de tierra, y ahora, todos estos días hemos tenido viento de afuera, del océano, entonces es completamente distinto”, explicó.

Las variables a nivel climático provocan modificaciones desde la preparación y la estrategia, aunque finalmente todo se decida por las decisiones que tome Lola cuando esté en el agua. Ese aspecto clave en la mentalidad de un deportista, la velerista lo ha ido trabajando mucho desde su adolescencia, cuando “era muy calentona y si cometía un error, me quedaba con eso en la cabeza y no salía de esa”, según contó. “Venimos haciendo trabajos con psicólogos deportivos. Es un deporte en el que en definitiva se toman muchas decisiones en cuestión de segundos, donde entran muchas variables y donde, en definitiva, siempre vas a cometer algún error, pero el tema es minimizarlos”, indicó. Para ella, el secreto del éxito en este aspecto está en automatizar movimientos, y que la cabeza solo deba concentrarse en aprovechar ventajas que puedan surgir y anticipar lo que harán las competidoras.

Moreira se sinceró al decir que la clasificación a Río 2016 no era esperada en ese momento, y que su meta, ya desde entonces, era clasificar a Tokio. “No imaginaba ya en 2016 poder clasificar a Río. Venía pensando hacer tiempo para clasificar a Tokio y poder representar a Uruguay. Por suerte se dio que ya en Río estuvimos ahí y tuve la primera experiencia de lo que eran los Juegos Olímpicos. En esta ocasión llego con mucha más experiencia, más tranquila y fue algo bueno que ya pasara en 2016”, añadió.

Ese paso por los JJOO brasileños, con 17 años, Lola tuvo que aprender a tener la mirada de todo el país encima, ya que sabe que los Juegos Olímpicos son de los pocos momentos en los que el público general se distrae de deportes más masivos como fútbol o básquetbol. Lidiar con esa atención no fue sencillo. “Me preocupé mucho por lo que la gente me decía y me puse la presión yo sola. Iba navegando y me acordaba de los comentarios que me ponían en las redes y terminaba pensando que no podía defraudarlos, y que no podía hacerlo mal porque iban a decir tal o cual cosa. Pensé más en esas cosas que en la regata en sí y en estar tranquila y confiar en el trabajo que habíamos hecho”, contó la regatista.

Esa experiencia le sirvió para llegar con otra fortaleza mental a Tokio, alimentándose de lo vivido y construyendo a partir de ello. “Sé que por más que sean los Juegos Olímpicos, es un campeonato más en el que están las mismas competidas de siempre y conozco el formato. Hay que restarle importancia y hacer lo que vine a hacer: navegar, disfrutar e intentar dejar bien arriba a Uruguay”, comentó. Los antecedentes inmediatos le dan la razón, ya que en las competiciones internacionales en las que participó antes de llegar a Tokio quedó conforme con sus actuaciones, a pesar de haber estado un año y medio sin medirse ante otras rivales por la pandemia y sus consecuencias. Confirmamos que todo el trabajo que hicimos estuvo muy bien, que había pequeñas cosas que ajustar que las seguimos trabajando porque es algo que no cambia de un día para el otro, pero me fue muy bien. Me pude llevar la victoria en Portugal y en Holanda empaté en puntos con la décima y no clasifiqué a la final por un punto, pero me fui súper contenta y confiada para estos juegos tras volver a competir después de año y medio y tener esos resultados”, señaló.

La pandemia por COVID-19 le provocó sensaciones agridulces a la regatista, que pudo aprovechar para visitar más seguido su Paysandú natal y compartir con su familia, aunque, por otro lado, las dudas sobre si se realizarían finalmente los Juegos y tener que atravesar una lesión agrandaron la incertidumbre. “Estaba lesionada y no podía entrenar en el agua, y pensaba: ¿se van a hacer los Juegos Olímpicos? Y si se van a hacer, me preparé cuatro años para justo estar lesionada ahora y no llegar de la manera que quiero”, contó. Una de las formas que encontró para recuperar el tiempo perdido fue armarse su propio simulador de velero, una idea que surgió y se materializó en un día. Un colega chileno había hecho uno y le pidió las dimensiones para imitarlo. Su padre tiene un aserradero, así que le pidió que consiguiera determinadas maderas y esa misma tarde ambos se pusieron manos a la obra y lo dejaron listo.

Con esa misma determinación, Lola llegará a participar de estos particulares Juegos Olímpicos, aunque no cuenta con la misma confianza a la hora de acercarse a las figuras mundiales que estarán presentes. En Río, se sacó las ganas de conocer a Rafael Nadal y entrenó al lado de Novak Djokovic, aunque recién se dio cuenta cuando se fueron porque un compañero le avisó. A quien sí tiene ganas de cruzarse en la Villa Olímpica es a la tenista Naomi Osaka, encargada de prender el pebetero durante la ceremonia de inauguración. “Me parece tremenda persona, con todo lo que ha pasado y lo que defiende al deportista en sí”, opinó la sanducera.

El objetivo para Tokio es preciso: luego de quedar entre las mejores 25 en Río, ahora Lola apunta a meterse en el top 15, aunque sueña con “dar el batacazo” y meterse en la medal race, donde compiten por las medallas. El desafío es grande, pero Dolores Moreira confía en sus chances y se preparó para este momento: solo queda tirarse al agua y jugarse todo por la gloria.