La certeza duele más que la sospecha

Michael Schumacher encontró un regalo en la única pista en la que le faltaba ganar: Austria. Su compañero en Ferrari, Rubens Barrichello, le regaló la punta por orden del equipo, en una medida antipopular y que se podría haber resuelto mejor

MIMITOS
Rubens Barrichello parece consolar a Michael Schumacher después del papelón que ambos protagonizaron en la llegada de Austria. ¿Quién consuela a los fanáticos de la Fórmula Uno?
(Reuters)
Si la obviedad no contiene sorpresas, ¿por qué escandalizarse, entonces, ante lo previsible? El estupor, las críticas implacables y la alineación de adjetivos que califican sin piedad se reparten por distintos caminos tras el Gran Premio de Austria de Fórmula Uno. Ferrari y sus dictados. Michael Schumacher y su ambición. Rubens Barrichello y su sumisión.

El anecdotario del fin de semana en la pista A1 Ring le dedicó su mejor espacio a Barrichello. El brasileño fue el más veloz en las prácticas del viernes, logró la pole position el sábado, se impuso en las pruebas matutinas del domingo y encabezó la carrera desde el arranque. Pero Barrichello es el segundo piloto de Ferrari (acaba de firmar la renovación de su contrato hasta fines de 2004). Y mientras Schumacher pueda obtener beneficios de su ayudante -tanto como lo son Ross Brawn, el director técnico, y Rory Byrne, el diseñador, por nombrar dos hombres de Schumi-, el tetracampeón lo tendrá.

NADA NUEVO BAJO EL SOL, PERO HAY FORMAS Y FORMAS
Las órdenes de equipo son tan viejas como el automovilismo organizado. La Fórmula Uno ha enriquecido un historial en este rubro. Ferrari hizo algunos aportes en los últimos años. Schumacher le cedió la victoria a Eddie Irvine en Malasia 99, cuando el irlandés tenía chances de pelear el título con Mika Hakkinen y el alemán regresaba tras su fractura. Y Barrichello, también en Austria, el año pasado, le entregó su segundo puesto a Schumi. Sólo son dos ejemplos.

Puede criticarse la soberbia, la ostentación casi obscena del poderío, pero no la sinceridad del equipo italiano en este caso. Claros, sí. Antipáticos, también. Barrichello hizo el trabajo que le pidieron y nadie se molestó por camuflar una medida antipopular. Con sistemas de telemetría, comunicación por radio, estrategias de detenciones en boxes o cualquier medida usada como artilugio, Ferrari podría haber logrado el mismo resultado (Schumacher primero y Barrichello, segundo) sin más riesgos que instalar una sospecha. Pero no. Y parece que la certeza duele más.

EL PECADO DE LA AMBICION
Si en Ferrari, una empresa dedicada a ganar carreras y no una sociedad de beneficencia, está claro que Schumacher será la prioridad hasta que haya obtenido el título, entonces falla el alemán. Los gestos del campeón, entregándole su trofeo a Barrichello y dejándole su lugar en el podio y en la reunión de prensa al brasileño, no parecen tan contundentes como los hechos. Compró cuatro puntos que le permiten doblar la cantidad del colombiano Juan Pablo Montoya, segundo en el Mundial, a precio de baratijas usadas.

Tampoco sorprende lo que hizo Schumi. Quizá, sólo a quienes pretendían que el alemán emulara a Juan Manuel Fangio no sólo en su récord de títulos sino en las actitudes que el Chueco tuvo en la pista. En el Gran Premio de Gran Bretaña, en 1955, el argentino, primer piloto de Mercedes-Benz, no forzó como podía -haciendo valer su status en la escuadra- a Stirling Moss. Y el inglés triunfó por primera vez y en su casa. Moss, segundo piloto de Mercedes, le regaló a Fangio la corona de laureles y una sincera amistad.

EL BUENO DE LA PELÍCULA
Barrichello parece tener otros planes, más que quejarse y pedir trato igualitario. Con 152 largadas y un triunfo, Rubinho está sintonizando esta temporada mejor que nunca su frecuencia en Ferrari. Por lo pronto, está cada vez más cerca de Schumacher y también le gana. Lo derrotó en las clasificaciones de Australia (ambos corrieron la F2001 modificada) y en Austria (con la ya probada F2002).

Tal vez Barrichello esté preparándose para próximas temporadas, cuando Schumacher haya colmado sus ambiciones y aparezca dispuesto a devolverle tantas gentilezas. Quién sabe. En más de dos campeonatos juntos, la codicia del campeón ha encontrado buen apoyo en la voluntad de su escudero. Hasta parece que lo disfrutan.

MARTÍN URRUTY es periodista especializado en automovilismo desde 1993. Trabajó en el diario Clarín y en Radio Rivadavia y fue co-autor del libro "Formula 1 -50 años- La eterna pasión". Actualmente es redactor del diario deportivo Olé, y además es de columnista del SportsCenter Latino de ESPN, de ESPN Radio en Rivadavia y de ESPNdeportes.com.

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lunes, 13 de mayo