¿El Campo Argentino de Polo está en peligro?

Así se veía en 1940 el Campo Argentino de Polo. 

BUENOS AIRES -- En los últimos días la Presidencia de la Nación declaró al 123º Campeonato Argentino Abierto de Polo de “Interés Nacional". Buena noticia, aunque no habla de los futuros torneos. Ni siquiera hace mención al predio donde se disputa este trascendental certamen, un lugar constantemente amenazado con posibles negocios inmobiliarios.

Si habláramos de tenis, diríamos que es Wimbledon. Si lo comparación fuera con el golf, sería Augusta. Varias veces escuchamos esta argumentación cuando se hace referencia al Campeonato Argentino de Polo.

En junio de 2013, el Ministerio de Turismo firmó un acuerdo con la Asociación Argentina de Polo (AAP) para aprovechar a este deporte como "Marca País" y ser una especie de embajador en los mercados internacionales. Una vez más, no se nombró al predio.

¿Cuál es el conflicto que le impide al universo del polo pensar en un Palermo que vuelve una y otra vez a temer por sus canchas?

En lo que alguna vez fueron terrenos pertenecientes a Juan Manuel de Rosas, se creó en 1899, la Sociedad Hípica Argentina, con la participación de varios miembros de la aristocracia argentina de esos años, incluso Julio Argentino Roca, dos veces presidente de la República.

El barón Antonio De Marchi, nacido en Italia, arriba a Argentina a fines del siglo XIX, contrae matrimonio con la hija de Julio Argentino Roca y se convierte en una reconocida figura de la aristocracia porteña y en un verdadero gentleman, dedicado a la práctica activa de diversos deportes, a su difusión y a dar apoyo a los deportistas; formó parte de la fundación de diversos clubes y asociaciones vinculadas al deporte, desde la esgrima y el box hasta el fútbol y la aeronáutica.

Hacía 1908, De Marchi transforma la Sociedad Hípica en la Sociedad Sportiva Argentina, como primer paso de lo que sería el Comité Olímpico Argentino (COI). La Sportiva pasará a convertirse en la entidad principal en los primeros años del siglo para el desarrollo del deporte, en una ciudad con un todavía escaso desarrollo urbano.

Aarón Anchorena y Jorge Newbery realizarán allí el primer ascenso aerostático; en el predio comenzaría a funcionar el Automovil Club Argentino (ACA) y el Touring Club. El fútbol, y las pasiones que comenzaba a generar, también pedían un lugar para recibir a los primeros equipos extranjeros que llegaron a la Argentina.

Las temporadas de carreras, fútbol y polo -presente allí desde su creación, aunque el Abierto se jugará por esos días en el Hurlingham Club- transcurrían de abril a septiembre.

EL CONFLICTO POR LAS TIERRAS
Los terrenos formaron parte de los llamados “alfalfares de Rosas”, siendo confiscados a su caída y pasando a ser parte de los bosques de Palermo y del Parque Tres de Febrero, creado el 25 de junio de 1874, y posteriormente transferidos por el gobierno nacional a la ciudad casi en su totalidad en 1888. Es allí donde la Nación reconoce la propiedad de los terrenos de la ciudad.

La Municipalidad concede las tierras a la Sociedad Hípica Argentina en 1899 y esta, a su vez, las da a la Sociedad Sportiva Argentina en su carácter de cesionaria.

Al entregar los terrenos, esto decía el Consejo Deliberante: “Iniciativas como la de la Sociedad Hípica Argentina, deben ser fomentadas por las autoridades, porque ellas representan no sólo un progreso para el país sino que redundan en beneficio de la raza, por la afición que despierta el ejercicio y las conveniencias de salud y de fortaleza que de esas pruebas de destreza recibirá nuestra juventud, en estado decadente. Desde niños vemos a los jóvenes dedicar sus horas de diversión a un exhibicionismo en las veredas, en las calles o paseando en carruajes en las horas del corso en Palermo. Las generaciones futuras tendrán que agradecer si se consigue distraerlos de esta ruta, inculcándoles los hábitos de ejercicios de fuerza...”

En 1904 el Gobierno Nacional, por medio de la Ley 4290, autoriza la expropiación, para sí, de terrenos en Palermo dentro de los que se encontraba la Sportiva, con el objeto de ubicar allí elementos militares. Enterados de la situación, los miembros de la Sportiva toman la decisión de venderle al Ministerio de Guerra las instalaciones, cosa que realizan mediante escritura pública por la suma de $ 31.000. La entidad queda, igualmente, en posesión de las instalaciones por un plazo de cinco años. En 1909, el plazo sería renovado por cinco años más -hasta 1914-, momento en que el conflicto llegará a su punto más álgido.

Con el objeto de utilizar Palermo durante la visita del Exeter City -equipo de fútbol inglés invitado al país- la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), le paga al Ministerio de Guerra la suma de $5.000 en concepto de alquiler del estadio, reconociendo de esa manera la potestad del Ejército sobre el mismo, aunque simultáneamente solicita a la ciudad los permisos pertinentes para poder realizar las obras necesarias y llevar adelante el match de fútbol.

Después de años sin actuar, el Concejo Deliberante reclama por los terrenos aunque reconoce no tener bien en claro cual es su situación. La respuesta llegará inmediatamente. El 18 de junio de 1914 un pelotón desaloja al personal del estadio, dando comienzo a una ocupación militar que concluye el 16 de marzo de 1915. En ese momento se hace cargo la Dirección General de Paseos de la Municipalidad.

La importancia de la disputa provoca la renuncia tanto del Intendente de la ciudad, Joaquín de Anchorena, como del Ministro de Guerra de la Nación, Gregorio Vélez, aunque el episodio debe enmarcarse en una disputa mayor de índole política.

Palermo comenzó a ser utilizado para distintos fines, sin una visión estratégica que lo ponga al servicio de la ciudad, algo que sistemáticamente reclama la Dirección de Plazas y Ejercicios Físicos. La ciudad cobraba por el uso del estadio, al que se le realizan cambios, construyéndose dos canchas de fútbol, dos pistas para carreras hípicas, dos de hockey, dos de bowling, dos de croquet, una de criquet y un espacio para realizar gimnasia.

En 1924, el Ministerio de Guerra vuelve a ocupar los terrenos, pero esta vez con permiso municipal, y cumpliendo a la vez con un decreto que instruía al Procurador General de la Nación para que estudiara los antecedentes del lugar. El mismo Poder Ejecutivo terminaría afectando los terrenos al Ministerio de Guerra para establecer un campo de ejercicios físicos.

Finalmente y también en 1924, se crea por ley Nº 11.242 la Comisión de Fomento de la Cría del Caballo de Guerra para el Ejército, financiada mediante un impuesto sobre la venta de boletos en las carreras del Hipódromo Argentino, y el 12 de marzo de 1924 se instituye la actual Dirección de Remonta y Veterinaria del Ejército, de la cual pasan a depender los terrenos de la Sportiva.

En 1928 el Ejército construye en el terreno canchas de polo, dando lugar a lo que es actualmente el Campo Argentino de Polo, luego otorgado en alquiler a la AAP para su mantenimiento y uso.

Unos años más tarde, Hurlingham Blues, La Rinconada, Santa Inés y Hurlingham Red le darían vida al primer Abierto Argentino de Polo jugado en Palermo. Cuentan que la final fue a chukker suplementario, pero esa es otra historia.