Que se repita, sólo eso

FECHA
16/02
2009
por Bruno Altieri y Nicolás Biagioni
PHOENIX -- Terminó el All-Star Weekend y, con la pelota detenida, nos quedamos con ganas de abordar algunos tips pendientes. Veamos:
1) En esta clase de partidos All-Star , el público sólo se inquieta con algún dunk potente o con penetraciones cargadas de trucos. Sin show, no hay aplausos: los fanáticos sólo se dedican a observar lo que pasa pero sin emitir sonido. Ni la música de audio grabado por la Liga los contagia cuando no hay acción. Igualito a Sudamérica. Sí, igualito.

Lebron puso la magia para delirio de la gente (Getty)

2) Los baños del U.S. Airways Center tienen la particularidad de tener un tacho de basura en el centro, casi como un aro de básquetbol. Cada uno que pasa por ahí, luego de lavarse las manos, hace un bollito con el papel usado y lanza a distancia. Algunos ya tienen más puntería que Shaq desde la línea de libres, quizás Steve Kerr ya esté pensando algún otro cambio para hacer. Además, encima de los mingitorios hay publicidades. Llama la atención una con todas las cheerleaders de Phoenix sueltas de ropa. Sirve para concentrarse, doy fe. Todo fluye.

3) La comida en los estadios no es barata, pero es abundante. Sobran cajas de pizza y vasos de cerveza chorreando en los pasillos cuando termina cada juego. Es raro, en la calle no hay papeles pero en el estadio se deja todo tirado, así, a la buena de Dios. Como está oscuro, vale todo. Y que se la arreglen los que limpian.

4) Los colegas brasileños calificaron al grupo de batucada de Phoenix --que apareció en el intermedio del All-Star y del partido de Rookies contra Sophomores-- como sumamente inferior a cualquiera que toque en su país. Estamos profundamente convencidos de que tienen razón: nadie puede tocar el tambor como en Brasil. Ni tampoco pifiar tanto como los jóvenes de Phoenix.

5) ¿Tocó Juanes en el intermedio del All-Star? Sí, con John Legend un tema, pero fue increíblemente corto. Algunos se quedaron con ganas de verlo un poco más. La mayoría, con ganas de verlo al menos un poco.

6) Las estrellas también saben como seducir. La publicidad de la NBA en los monitores gigantes fue extremadamente divertida: Shaq, Wade, Howard, Stoudemire, LeBron, Paul... todos cantaron temas relacionados al Día de San Valentín. Obviamente, ladraron de lo lindo. Pero Big Cactus la rompió por su caradurez. No le importa nada lo que piensen los demás. Y tiene a Howard de mejor alumno. No digan que no les avisamos.

7) El salón de prensa NBA, ubicado en el primer piso, funcionó a la perfección. Las planillas siempre llegaban a tiempo, había gente disponible para cualquier consulta, y la coordinación con la zona mixta fue para destacar. Okey, digamos la verdad: lo mejor de todo es que había una heladera con gaseosas gratis, café y snacks para servirse. Nada peor que trabajar con hambre o sed.

Desde la llegada el jueves, el mundo de la NBA nos llevó a las corridas desde el minuto cero hasta este preciso momento, cuando se cierra el último blog de la competencia. El sueño a esta hora se pone pesado, molesta, pide una cama a gritos. Estamos acostumbrados, pero decimos un poco más, siempre un poco más.

No se puede otra cosa. Todo sea por el All-Star, por vivir a pleno la fiesta naranja de básquetbol, en Phoenix y con Cactus espinosos.

Dallas ya está a la vista. Que se repita. Sólo eso: que se repita.

Backstage en zona mixta

FECHA
15/02
2009
por Bruno Altieri y Nicolás Bigioni
PHOENIX -- En el mundo NBA, encontrar algún oasis librado de cámaras es difícil. Ahora bien, que ese oasis incluya el U.S. Airways Center de Phoenix y a Dwight Howard, Nate Robinson, J. R. Smith y Rudy Fernández, sería algo calificado de imposible.

Rudy Fernández

Fernández

Lo cierto es que este sábado vivimos un backstage del Slam Dunk Contest en la zona mixta, simulacro que tomó lugar antes de que diera inicio la competencia. El momento fue digno de un playground. Risas, bailes, intentos de piruetas. Indicios de lo que sería luego la definición con algunos puntos concretados y otros en deuda. Así estuvieron por más de 15 minutos los participantes del torneo de dunks en un escenario en el que nosotros éramos los únicos periodistas presentes.

"¿Intentarás la de Djalminha?", le pregunté a la pasada a Rudy Fernández.

"No creo, no está saliendo. ¿Has visto lo que hace ese hombre?", me contestó mientras lanzaba al aro y señalaba con un pequeño gesto a Dwight Howard.

Howard para ese entonces se reía, cantaba y mientras tanto hacía una volcada alucinante. Todos sabemos a esta altura del All-Star Weekend los dunks que hicieron las estrellas de NBA. Pero puedo contar con lujo de detalle las que entrenaron y que luego no pudieron llevar a cabo.

Sospecho que Rudy tenía pensado algo con los pies si pasaba de primera ronda. No sé si se hubiera animado a intentar, como dijo, la "bicicleta" del futbolista brasileño Djalminha. Pero cada dos piques que hacía con las manos, intentaba darle toques al balón con los pies.

Mientras tanto, Howard probaba algo justamente con Nate Robinson: hacer rebotar la pelota al borde del tablero para luego cerrarla con el brazo entero dentro del aro, un símil de lo que hizo Vince Carter unos años atrás. Howard lo hizo durante el Slam Dunk Contest, pero faltó el pequeño y crucial detalle del brazo.

J.R. Smith, que entró a último momento al torneo por la baja de Rudy Gay, los miraba y alternaba algún dunk con un par de tiros de tres puntos, quizás para calentar un poco el cuerpo. Pero se notaba que estaba más alejado del espíritu de los otros tres competidores, como si no estuviese seguro, como si algo --vaya a saber uno qué-- no lo mantenía convencido de estar allí.

Afuera, el que miraba atento era Leandrinho Barbosa, quien de vez en cuando soltaba algún grito corto de felicitación o reprobación. Se sumó luego a la zona mixta Jameer Nelson para saludar (recordemos que tiene un problema en su hombro por lesión que lo dejó fuera del All-Star Weekend).

Nate Robinson siguió intentando algunas cosas llamativas, como por ejemplo un windmill jugado con dunk de una mano en el cierre. No dio ninguna pista de sus dos volcadas más destacadas, la que bajaba a los tobillos para subir de golpe y el salto por encima de Howard en la volcada más espectacular de la noche.

Rudy, mientras tanto, seguía buscando su pirueta ganadora. Pero era una búsqueda interna: picaba la pelota, miraba hacia abajo, analizaba opciones que sólo el conocía. Decía no tener confianza, pero en el fondo le sobraba expectativa. Me hubiese gustado ver qué proponía el español para una instancia final. Supongo que todo quedará en deseo.

Justo antes de empezar el Slam Dunk Contest, Howard sonreía en el backstage de las volcadas y le hacía bromas a sus compañeros. Entrando la noche, mantenía la frescura que le vimos en la mañana durante la presentación de la nueva indumentaria Techfit de Adidas para la NBA.

Se notaba antes de empezar la buena química entre Robinson y Howard. Uno pequeño, otro gigante. Se sabía esta final, la NBA la necesitaba. Ganó Robinson, pero ¿qué hubiese pasado si Superman lograba hacer los dunks espectaculares que mostró en la zona mixta? Quizás la historia hubiese sido distinta.

Lo verdaderamente importante es lo que se hace cuando se encienden las luces. Nate Robinson lo hizo mejor. De la entrada en calor allá en la zona mixta nadie se acordará.

Nadie, excepto nosotros.

Tim Duncan dice "Hi"

FECHA
14/02
2009
por Bruno Altieri y Nicolás Biagioni
PHOENIX -- Tim Duncan es un excelente jugador de básquetbol. Tiene un gran juego de postes, aprovecha el tiro con tablero de corta distancia, sabe ubicarse como nadie para jugar uno contra uno.

Ha sido para muchos el jugador de la década, al menos en títulos. Es más, es uno de nuestros atletas preferidos sobre el tabloncillo. Pero entrevistarlo es otro cantar.

Tim Duncan

Duncan

Onda cero. Así, inmutable, con cara de pocos amigos, como cuando amaga con festejar y luego se queda. Así estuvo Duncan en el NBA Cares, cuando miró el micrófono, luego miró adelante y dijo: "Estoy ocupado, no puedo".

-- ¿Al menos puedes dejar un saludo para Latinoamérica?

-- Hi, contestó con los ojos mirando el suelo y en volumen de susurro.

Altamente publicable.

Bueno, dirá algún desprevenido, Timmy D tenía que trabajar. No está para estas cosas, cómo se te ocurre: NBA Cares, dude, eso es lo que importa.

Ah, pero Chauncey Billups, David Robinson y Mike Brown también trabajaron. Y sin embargo dedicaron 60 ó 70 segundos de sus vidas para sonreír, contestar un par de preguntas y hacer felices a los fanáticos de nuestras tierras.

"Estoy ocupado, no puedo". Definitivamente raro, no lo esperábamos.

Steve Nash

Nash

Tan raro como la cara que eligió Phoenix para hospedar su tercer All-Star en el Desierto de Arizona. En las paradas de autobús, los negocios, los carteles cruzando las calles exhiben al mismo hombre: ¿Shaquille O'Neal? ¿Amare Stoudemire? No -- Steve Nash. Otro desprevenido gritará. ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Se hizo justicia!

Algún informado de turno dirá entonces: interesante, pero Nash no fue elegido ni para estar con los suplentes en este Juego de las Estrellas. Ouch.

Lo comprendemos, debe doler mucho tirar semejante cantidad de dinero cuando el circo ya estaba armado de antemano. Alguien habrá intentado entonces seducir a los fanáticos primero para que Nash fuera de titular y, ante el fracaso, habrá hablado con Phil Jackson y los técnicos de la Liga. Pero tener dos desaprobados en la NBA es demasiado, por lo que supongo que ese buen hombre ya debe estar buscando trabajo. Y los carteles, a la vista.

Pasemos ahora a un caso extraño: hoy estuvimos en presencia del primer gorila de ojos celestes. Sí, la mascota de los Suns gritó fiero, asustó un par de niños, pero dicen que los ojos son el espejo del alma. ¿Saben qué? Detrás de un gran mono hay un gran individuo anglosajón. Tierno el gorila, dijo una señora mayor con su autógrafo en la mano. Comparto y agrego: también un actor de primera línea.

En el U.S. Airways Center pasan cosas extrañas. Bah, algunas, otras no tanto: los medios latinoamericanos, europeos y asiáticos van arriba, arriba del todo, donde cuesta diferenciar a Kevin Durant de Jeff Green y todos los jugadores son miniaturas con vida.

Los pasillos del estadio son misteriosos. El ascensor es controlado por una mujer mayor, asiática, que ríe constantemente pese a que nadie le habla, en el tercer piso hay una camiseta de Amare Stoudemire de color rosa para mujer en un cuadro que nadie mira --sospecho que jamás se usó esa casaca -- y en el segundo piso hay un hombre controlando las escaleras que claramente está esperando que alguien cometa un error para ejercer su poder. Bueno, acepto, de esta última clase de tipos hay en todos los pueblos, ciudades y países.

Insólita es la conexión wi-fi. Cada periodista acreditado tiene un user y password propio. Exagerado, no tiene mucho sentido hacer todo ese movimiento cuando habilitando una red libre -- como en cualquier lugar -- eso puede solucionarse fácil y rápido. En contraposición, creo que pocas veces hemos visto algo más práctico, ingenioso y atractivo para trabajar que un monitor sobre cada pupitre con las estadísticas actualizadas al instante.

Podría contar la locura de prensa que rodea la planta baja del estadio. Podría agregar el tremendo backstage del mundo NBA, con la gente agolpada pidiendo autógrafos a la salida, mientras un set armado en la zona mixta trabaja sobre una estrella para explotar sus respuestas al máximo.

En síntesis, podría decir mucho más que esto. Pero quedan dos días por delante y vamos a seguir teniendo tiempo.

"Estoy ocupado, no puedo". Disculpen, nos cuesta quitarlo de la cabeza.

Hubiese sido bueno tener a Timmy D con todos ustedes. Tranquilos, lo seguiremos intentando.

Aterrizar en el cielo

FECHA
13/02
2009
por Bruno Altieri y Nicolás Biagioni
PHOENIX -- Y finalmente, llegamos a nuestro destino All-Star. Sorteamos los controles aeroportuarios -todos iguales, igualitos, de sacarse los zapatos, el celular, el cinturón, los artefactos electrónicos y poner cara de que la cosa va en serio-, caminamos por pasillos interminables y luego aterrizamos casi sin querer en un hotel tan, pero tan NBA, que nos preguntamos si realmente esto era para nosotros.

No distingue razas ni credos: la NBA es bondadosa (ESPNdeportes.com)

Okey, supongamos que así debe ser. Supongamos que este primer día sirvió para tratar de entender este circo estadounidense que en vivo vale mucho más que por TV.

No, el viaje no fueron sólo los controles. Fue sentarse y aguantar unas horas --muchas-- atrapados en un asiento duro de un avión que, más allá de eso, tenía un repertorio de comodidades. Pero había sueño, y pese a las ganas, tuvimos que rendirnos a la inevitable regular coke, eludiendo los obligados cinco dólares de fianza para liberar el tinto, antídoto para dormir al menos algunas horas. El cocodrilo del bolsillo pudo más. Y el vino, por lógica, nunca apareció.

"Igualito a ciudad Evita", dijo uno de los autores de este blog cuando miró por la ventanilla del avión finito como un lápiz con punta, que nos llevaba por conexión del aeropuerto George W. Bush hacia Phoenix, destino final del Juego de las Estrellas. Hubo silencio.

Unas tres horas después, el avión empezó a bajar. La ciudad de los 360 días de sol al año se puso al frente, y desde arriba empezamos a señalar el potencial US Airways Center pero erramos, fácil, cerca de cinco veces. Las ganas o la ansiedad, vaya uno a saber.

FOTOS
Jam Session de ADIDAS
Jam Session ADIDAS

Khadine Sanhueza, representante de relaciones públicas de Adidas, nos estaba esperando al tomar las valijas. "Faltan los brasileros, los brasileros", nos decía una y otra vez, pero nosotros nos mirábamos y ni ganas de preguntar qué pasaba. Nos subimos al taxi, hotel, check-in, y un par de horas de descanso antes del almuerzo con los periodistas latinoamericanos.

El hotel, mejor imposible. Habitaciones individuales, con ventanas apuntando hacia las montañas del Desierto de Arizona al fondo, y con canchas de tenis y básquetbol en primer plano.

Más tarde nos enteraríamos que los brasileños del diario O'Globo habían perdido un vuelo o algo así. Pero llegaron, cariocas y con pilas. Almorzamos como estaba dispuesto en el cronograma Adidas --y de qué manera-- en un restaurante homenaje al cantante Santana, en uno de los shoppings de la ciudad.

Créannos: nunca comimos tan picante en nuestras vidas. Y eso que las fajitas eran el plato liviano, al menos eso dijeron, pero el asunto era juntar aire y escupir fuego. Así estuvimos un buen rato mirando cómo el colega colombiano y los hermanos brasileños se reían de nosotros por lo flojitos. Lo sabemos, estamos en deuda con la patria.

Levantamos cuando llegó el Adidas Jam Session, porque vimos el color que le dieron los fanáticos a la previa del All-Star y porque aprovechamos para recorrer todas las instalaciones. A la noche, hubo cena de presentación en el hotel, que incluyó una buena charla de sobremesa con cerveza incluída, planeando lo que será el viernes.

En síntesis, así empezó nuestro primer día y así terminó: en Hooters, con sueño, pero enamorados. Sí, de Phoenix.

Y del All-Star, obvio.