Felipe Ortega López tiene siete años de edad y sueña con ser árbitro profesional, para ello sigue los consejos del silbante Miguel Ángel Chacón.
A pesar de que el mundo futbolístico es dominado por Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, el niño de Iguala, Guerrero, anhela ser el encargado de impartir justicia, incluso en Día de Reyes pide silbatos o tarjetas, además de que cuando hace gol en el equipo que juega festeja como si fuera el juez central que avala el tanto.
“Ser la autoridad dentro del terreno de juego es mi pasión y llegar a ser profesional es el sueño a cumplir, me gusta ser árbitro porque es la persona más importante, sin árbitro no hay partido”, declaró Felipe a ESPN Digital mientras vestía su uniforme de silbante y sostenía sus tarjetas.
Susana López, su madre, explica que fue a los tres años cuando ella y su esposo, Óscar Ortega, se dieron cuenta que su hijo menor tenía la intención de ser árbitro, en gran parte gracias a Javier Ramírez, un silbante de la Liga de Amateur de Iguala, que es mejor conocido por como el “Sacacuijis”.
“Aquí en la casa somos muy futboleros, mi esposo juega a nivel amateur de portero, al igual que mi hijo el mayor, entonces andando en las canchas, cuando mi hijo el mayor jugaba yo de repente perdía a Felipe en las canchas y cuando me daba cuenta estaba con los árbitros y siempre tenía la inquietud de acercarse a ellos, hasta que un día me llegó con un par de tarjetas que le regaló uno de los árbitros que le estaba pitando a mi hijo el mayor”, declaró Susana López para ESPN Digital.
“Es un árbitro que pita primera fuerza aquí, que es el que le pita a su papá, en ese momento era como que el árbitro de moda, por decirlo así y Felipe siempre lo veía con muchísima atención, yo veía que observaba todos los movimientos, hasta que él solito se acercó y le dijo ‘préstame el silbato, yo quiero ser el árbitro del medio tiempo’”.
Felipe tiene presente que su sueño de ser árbitro despertó al ver al “Sacacuijis” y ahora aprovecha los medios tiempos de los partidos de su papá, para pitar las cascaritas de niños, en los que también participa su hermano Óscar Ortega de 10 años, quien es portero, al igual que su padre.
“Mi papá tiene un amigo, que también es mío, él fue quien me enseñó a ser árbitro y de ahí me empezó a gustar el arbitraje. Todo me llamaba la atención de él”, contó Felipe, quien no duda en sacar sus tarjetas cuando es necesario: “Si se me empiezan a ir encima, pues se van expulsados”.
Sus constantes apariciones vestido de árbitro en las canchas de Iguala hizo que Miguel Ángel Chacón, exsilbante de la Liga MX y oriundo de la misma ciudad se enterara, quien pidió conocerlo para darle consejos, uno de ellos fue que jugara futbol para conocer el deporte, pues Felipe solo quería ser árbitro, no futbolista.
“Llegó a oídos de Miguel eso, me contacta ‘¿cómo está eso de que tengo un paisano que quiere ser árbitro?’ y en un diciembre que vino nos citamos en el centro de la ciudad y ahí conoció a Felipe, le regaló unas tarjetas y le platicó cuál es una carrera de arbitraje. Le dijo que lo importante es que estudiara, que también lo jugará porque él se reusaba a jugar futbol porque decía que él no, que él iba a ser árbitro y le dijo que él lo había jugado para conocerlo más a fondo y fue cuando Felipe decidió jugar futbol”, externó.
En cada final de la Liga Amateur de Iguala, el menor sale con los árbitros encargados de pitar, algunos de ellos han sido profesionales como el caso de César Ramos Palazuelos o Francisco Chacón, quien considera como su amigo.
“El primer árbitro con el que él se tomó una foto, un árbitro profesional fue Francisco Chacón. Tenía como cuatro años, vino a pitar una final, aquí a Iguala traen mucho los árbitros, incluso ha venido César Ramos. Cuando trajeron a Paco Chacón, la primera vez, se tomó una foto. Justo prendí la tele un viernes y estaba un partido de Tiburones y él me dice ‘mira mamá ahí está mi amigo Paco Chacón’, inmediatamente va sobre el árbitro, todos los partidos que ve es viendo sobre el arbitraje”.
A su corta edad ya cuenta con una acreditación como miembro honorario de la asociación de árbitros de Guerrero, misma que recibió entre lágrimas por la emoción de haberlo conseguido a su corta edad en octubre del 2017.
“Cuando un árbitro marca algo y la gente se le va encima como suele pasar en cualquier lado, él los defiende incluso sobre su familia, o sea si está algún familiar gritando algo en contra del árbitro, él ‘cállate, es humano, se puede equivocar, no le grites’ y también es mucho de ‘no tenía necesidad de hacer esa falta mamá, por qué lo hacen, qué no saben que existe el Fairplay’”, relata la madre del niño árbitro, quien reveló que no desperdicia el Día de Reyes Magos.
“Yo decía que esto va a ser cuestión de unos meses y se le va a olvidar, pero en realidad me he dado cuenta que sí lo tiene, no sé qué le depare el futuro, pero sí está como que muy en su papel de que realmente tiene que ser árbitro. Les pidió a unos reyes banderas de árbitro, literal en la cartita decía unas banderas de árbitro, no pidió juguetes, no pidió nada más que unas banderas de árbitro y unos tenis como los que usan los árbitros”.
Felipe está cerca de llegar a los ocho años de edad el próximo 5 de mayo, a pesar de ser goleador y seleccionado por Iguala, no pierde su sueño de ser árbitro profesional y prefiere tener un silbato o banderas en lugar de patear el balón, incluso anhela llegar a los 13 años para comenzar a pitar a nivel amateur.
“Antes de estar en esa carrera tengo que hacer otra para también seguir estudiando. Quiero que jueguen limpio, que no hagan ninguna falta, que hagan de cuenta que el árbitro no existe, pero que no van a hacer nada”, expresó Ortega, quien disfruta vestir de árbitro, situación que lo pone “muy contento y muy feliz” y cada que saca una de sus tarjetas siente “autoridad”.
Ser árbitro central y cuarto árbitro, los últimos logros de Felipe
El niño árbitro ya ha cosechado varios triunfos en su corta carrera como silbante, pues apoyado ya fungió como cuarto árbitro oficial en una semifinal en Iguala, además de que también ya fue el juez central de un duelo amistoso el pasado 5 de febrero en el aniversario la Asociación de Árbitros de aquella localidad.
“En una semifinal de primera fuerza lo sacaron como cuarto árbitro oficial, obviamente asesorado con un árbitro adulto. La Asociación de Árbitros de Iguala celebró su aniversario y hacen un partido de colegio de árbitros contra colegio de árbitros y en esta ocasión el que pitó el partido como árbitro central fue Felipe. Todos eran árbitros los que estaban jugando en el amistoso, pero ya le dieron la oportunidad de ser árbitro central y en el mismo partido si algo lo hacía mal, lo corregían, le sirvió para saber lo que es pitar un partido como centra y para aprender”, relató su mamá sobre su última experiencia importante que tuvo el infante con el silbato y las tarjetas para impartir justicia dentro del terreno de juego.
