Al igual que millones de niños, crecí viendo el "Festival de los Robots", dejando las tareas del colegio para última hora, jugando 'a la pelota' con mis amigos en la calle y escuchando a los adultos repetir frases como "la realidad supera la ficción", "hay cosas que no se pueden explicar" y "el fútbol no sabe de justicia". Y sí, las tres encajan perfecto para intentar describir la cruel historia de Países Bajos en la Copa del Mundo.
La "Oranje", la "Naranja Mecánica" o simplemente Holanda, como le decíamos hace algunos años, es por paliza la mejor de todas las selecciones que no consiguieron dar la vuelta olímpica, la que ha subido tres veces al podio colgándose la medalla de subcampeón, la de planteles brillantes y futbolistas extraordinarios que no pudieron romper con el maleficio.
El poderío del fútbol neerlandés en Europa, con los éxitos de Feyenoord y Ajax en la Champions a principios de los 70, anticiparían la mejor época para su combinado nacional de cara a Alemania 1974 y Argentina 1978. Sin embargo, en la primera cita no bastó el "Fútbol Total" comandado por Johan Cruyff, porque el anfitrión remontaría el tempranero gol de Johan Neeskens para quedarse con el título y, en la segunda, el palo le negaría a Rob Rensenbrink la victoria ante la Albiceleste en los 90 minutos, llevando todo a una prórroga que terminó con Mario Kempes acaparando todas las portadas y los flashes.
Otras dos generaciones doradas sin trono
De ese segundo subcampeonato, y tras quedar fuera de las copas de 1982 y 1986, Países Bajos disfrutaría de una nueva generación dorada, encabezada por Marco van Basten, Ruud Gullit, Hans van Breukelen, Ronald Koeman y Frank Rijkaard, llegando a Italia 1990 como flamante campeón de la Eurocopa, pero en octavos de final chocó con Alemania y el sueño volvió a desvanecerse.
Tras ese nuevo intento fallido, la "Oranje" se topó y despidió de las siguientes dos ediciones del certamen a manos de Brasil, en cuartos de final en 1994 y en semifinales en 1998, respectivamente, para luego quedar sin boleto a Japón-Corea 2002 y, posteriormente, caer con Portugal y decir adiós en octavos de Alemania 2006.
Cuatro años más tarde, parecía que Sudáfrica sería la tierra prometida, con Arjen Robben, Robin van Persie, Giovanni van Bronckhors y Wesley Sneijder como estandartes: Países Bajos volvía a disputar una final de la Copa del Mundo... Muchos pensaban que la tercera sería la vencida, nada menos que ante España, que llegaba a su primera gran definición, pero la increíble atajada de Iker Casillas y el golazo de Andrés Iniesta en la prórroga sellarían el más cruel de todos los desenlaces para los de tricota naranja.
Curiosamente, ese 1-0 frente a los hispanos es hasta hoy la última caída de los neerlandeses en una Copa del Mundo, ya que totalizan 16 partidos sin saber de derrotas. No obstante, la fatídica definición desde el punto penal los llevó a la eliminación, dos veces a manos de Argentina (Rusia 2018 y Qatar 2022) y ahora frente a Marruecos. Sí, increíble pero cierto.
Países Bajos se despidió de otro Mundial, nuevamente sin llevarse el trofeo más anhelado a la tierra de los molinos, de Vincent van Gogh y de los tulipanes, masticando la rabia, cargando con la decepción y otra vez sin corona ni consuelo.
