TERESÓPOLIS -- Es la casa de Brasil. El lugar donde el Pentacampeón se prepara. Un lugar situado en las montañas, a 871 metros a nivel del mar. A una distancia de 100 kilómetros de Copacabana en Río de Janeiro, lejos de la fiesta del mundial. Aquí todo es tranquilidad.
Felipao escogió un lugar para buscar el objetivo del sexto título mundial. Sin el clima sofocantemente caluroso de la playa, que ronda los 28 grados en este invierno brasileño. Aquí el contraste es notable, viento y lluvia, que tiene una temperatura promedio de 10 grados, condiciones que permiten concentración total en búsqueda del objetivo.
La inversión para que Brasil tenga un lugar cómodo rondó los 15 millones de reales, alrededor de 90 millones de pesos. Los jugadores tienen a su disposición habitaciones individuales de 22 a 27 metros cuadrados, piscina, sala de juegos, un restaurante con comida típica brasileña, centro médico y de fisioterapia, además de cuatro campos de entrenamiento. Y una zona de convivencia para recibir a sus familiares y amigos.
El pequeño poblado está adornado de colores verde y amarillo. Desde banderas, camisetas, listones colgados en la calle, pintas en los muros. En cualquier lugar se pueden ver cartelones que muestran orgullosos: "Brasil, casa de la Selecao" u otro que reza: "Teresópolis, abraza a la Selección Brasileña".
Para llegar al cuartel de Brasil, hay recorrer 100 kilómetros, tomar dos autopistas, pagar un peaje de 12 reales, equivalentes a 72 pesos. Pero sobretodo recorrer los últimos 14 kilómetros por curvas sinuosas, que recorren la Sierra.
En cuanto se llega a la ciudad. Un arco con destellos verdes y amarillos dan la bienvenida. Además de las 32 banderas de los equipos que participan en la Copa del Mundo. Teresópolis apenas cuenta con una población de 160 mil habitantes y sus hoteles fueron tomados por la prensa de su país, además de turistas que desean ver los entrenamientos de los Pentacampeones del Mundo. Estimaciones de la oficina de prensa de la Selección, señala que hay capacidad para 500 periodistas acreditados en la labor diaria del equipo, además de 60 camiones de transmisión en vivo de lo ocurra con el Scrach Du Oro.
La ciudad, según mencionan los habitantes, está tomada por los aficionados al futbol. Algunos ven con nerviosismo el momento en que entrena Brasil, pues centenas de aficionados llenan los alrededores y hacen que la tranquilidad de su poblado se vuelva una locura por el tráfico, por los gritos y por la seguridad que se monta por la policía militar y por los militares. "Todo vale la pena si se logra el sexto título. Podremos decir que aquí se gestó todo", dice Alberto, un aficionado que se encuentra afuera de la Granja Comary.
