PORTO ALEGRE -- Argentina va a jugar los octavos de final en el estadio Arena Corinthians de Sao Paulo frente a Suiza, y uno llega al pulmón comercial histórico de Brasil repleto de ilusiones. Con un poco más de tiempo que el que le dediqué a la ciudad con motivo del Uruguay-Inglaterra, el própósito de la nueva visita a la capital paulista se lo lleva, además de cubrir la información referente al partido de este martes, realizar algunas excursiones pendientes con Fernando Fabris, amigo y excompañero de colegio, y conocer algunos secretos de la ciudad.
Quizá al lector no le sorprenda que exista un edificio en el que vivan 30.000 personas, pero es una de las primeras cosas que me cuentan una vez que el bus de la empresa Itapemirim me deja en la estación Tiete de la Rodoviária (terminal principal de ónmnibus), y me encuentro con Fernando en la estación de Anhangabaú. Mientras caminamos los 300 metros que hay desde esa estación de subte hasta su departamento, vemos el enorme bloque. Es el edificio Copan. Resulta que hace años era algo así como un aguantadero gigante. De un tamaño demasiado superior al elefante blanco de la película de Ricardo Darín. Pero después de que fuera aseado y su población estable cambiara, tener un departamento en este edificio ha pasado a ser casi chic. Un gusto que no muchos se pueden dar. FF se interesó por la posibilidad de adquirir uno, pero por un lado el precio era prohibitivo, y por otro, imagínense una reunión de consorcio...
Al mediodía nos fuimos a conocer el Museu do Futebol, ubicado bajo las arquibancadas (tribunas) del estadio Pacaembú. Es un lugar en el que los limpactos visuales se suceden. La historia del fútbol brasileño vive ahí, y la organización se ha tomado el trabajo de relacionarla con videos, fotos y demás documentos, con la historia del planeta desde poco antes de 1930, año en que se disputó la Copa del Mundo por primera vez, en Uruguay. De entrada el Museu da la bienvenida con una sarta de ironías.
Un pequeño túnel de barrotes de color blanco con la sede de cada Mundial y el año en cada uno. El cartel principal indica, a modo de letrero de referencia la frase: "por qué no ganamos". Usted se preguntará, a qué viene eso. Ok. Pues los brasileños, que han ganado 5 mundiales, es decir, no todos -obviamente-, dedican ese sector a explicar con carteles de colores en el suelo, por qué no se han llevado todos las copas del mundo. Ejemplo. Para argumentar por qué no ganaron el de México 86, alegan contundentes "porque desgraciadamente Diego Armando Maradona no nació en el Mato Grosso do Sul".
Hay un poco de (piada) chiste, otro de autocrítica, y grandes dosis de vanidad. Ejemplo. "Ganamos la Copa de México 70 porque tratamos la pelota como Drummond (Carlos Drummond de Andrade, escritor, poeta y periodista brasileño fallecido en 1987) trataba a las palabras". Si el lector es argentino, y recuerda el canto que ya es himno dureante el Mundial de 2014 ("Brasiill, decíme qué se sieentee, teneeer, en casa a tu papááá!..."), sepa que el argumento de no haber podido ganar la Copa en Italia 90 es que "cuando Caniggia recibió la pelota de Maradona, Taffarel salió a cazar mariposas". Qué tul.
El Museu do Futebol ofrece la posibilidad de revivir los grandes goles del fútbol brasileño durante los mundiales y las definiciones de títulos estaduales (carioca, paulista, gaúcho y mineiro), más impactantes de historia, en la voz de los relatores que han dejado huella en la gente a través de sus narraciones. Aquí, el fútbol homenajea a quienes lo cuenta de manera estelar. Testimonios radiales, entre otros, de Pedro Luiz y Galvao Bueno (hoy, bastante resistido por su estilo excesivamente locuaz durante las transmisiones televisivas de Sport TV, canal de deportes de Red Globo), así como videoentrevistas de prestigiosos analistas como Juca Kfouri. Cada uno de estos profesionales recuerda un gol que lo marcó a fuego en su vida. Mechado con sus explicaciones, viene el video del gol respectivo, que su memoria jamás les dejará olvidar. En el caso de Galvao Bueno, se gana que lo miren diferente. Habiendo tanto para elegir, el hombre opta por un no gol. Explica y celebra el penal que Roberto Baggio lanzó a las nubes en la final de Estados Unidos 1994, como la jugada que le señaló. "Es que cada mundial al que iba, Brasil caía. Pensaba que era yo el yeta, el mufa. Aquel remate de Baggio le habrá dado el tetra a Brasil, pero a mí me liberó para siempre", dice.
Espacios que se disfrutan especialmente por la acústica, y por la remasterización de los videos junto al audio, son la sala donde se relata la caída de Brasil en la final de 1950. El Maracanazo. La final que consagró definitivamente al fútbol uruguayo y colocó a un país de 3 millones e habitantes en la élite mundial del fútbol. Y, bajo la popular local del Pacaembú, varias pantallas que muestran el fervor de las principales hinchadas del fútbol brasileño, en ocasiones puntuales como finales de campeonatos. Documentos que conmueven porque su edición está muy cuidada, porque la ubicación de las pantallas potencia el efecto en el espectador, y porque cada loop está separado por la filmación de una andanada de petardos y fuegos artificiales grabados desde el túnel de aceso a la cancha. Seducción garantizada.
El Museu do Futebol realiza un elogio pormenorizado y sin distinciones, de todos los cracks de la historia de la verdeamarelha. Desde Leónidas da Silva hasta Neymar Junior, pasando por Rivaldo, Ronaldinho Gaúcho, Ronaldo, Roberto Carlos y Romario. Cinco R como cinco Copas tiene la canarinha. Por supuesto que mencionamos acxá los más icónicos del último tiempo. Pero están todos. Especialmente, Pelé. El culto a O Rei estápresente en varias de las salas, y en la mayoría de las filmaciones. Con todo lo que hizo, produjo y ganó, no es para menos.En la sala que refleja los hechos de la historia del fútbol, relacionados con la historia de la humanidad, sólo existe una foto de una selección ajena a Brasil. España 2010, el campeón del mundo vigente, que ha tenido que salir de o maior pais do mundo al cabo de la fase de grupos. El campeón histórico venera y homenajea el recuerdo de un equipo que le ha llenado los ojos y ha hecho emocionarse a los brasileños por su forma de jugar y de ganar. Es que Brasil hace mucho que se ha apartado de su línea historica para consumir exitoína. Su propia reputación le ha carcomido sus entrañas. El Jogo Bonito ha sido de la roja española, por eso la imagen. El último Brasil que supo lo que era reflejar eso en una cancha fue, precisamente, el que disputó el Mundial de 1982 en España.
Lo más sorprendente fue observar en el museo mucho público femenino. Las chicas también nacen futboleras en el país del fútbol. Si hubiera alguien que no entendiera algo sobre el mejor deporte del mundo, se lo aclarará la gran cantidad de carteles explicativos en dos de las últimas salas, en los que se explica desde el fuera de juego hasta los nombres de jugadas geniales creadas por distintos cracks brasileiros. El elástico (cola de vaca), la bicicleta (la chilena) la cabeçada (el remate de cabeza de pique al suelo para batir a un arquero), etcétera...La visita podés cerrarla con un remate a un arco defendido por un arquero virtual al que es difícil engañar. Para batir su estirada, este periodista remató al ángulo superior izquierdo y clavó el penal sin darle opción al portero. El museu le obsequia una foto personalizada a los visitantes después de ejecutar ese penal, que luego sube a la página web del establecimiento con el propósito de alimentar su publicidad, las visitas e incentivar más clics. Una tienda estratégicamente ubicada permite al turista adquirir todo tipo de artículos deportivos, algunos a precios muy interesantes.
Por último, recomendarles que al salir, si andan con hambre y/o sed, se den una vuelta por 'O Torçedor' (El hincha), ubicado al costado izquierdo de la puerta principal del estadio y el museo. Muy buena opción los pastelitos fritos de carne con salsa criolla (son como los burritos mexicanos, pero crocantes), junto a una cerveza bien helada. La excelente música que pasa el DJ hará el resto. El lugar emite cualquier partido de fútbol o competencia deportiva que haya en disputa, a pedido y el ambiente es inmejorable. Para la noche, Vila Madalena, como les expliqué días atrás, o Vila Do Samba, lugar idóneo para disfrutar buena carne o un choripán, además de caipirinha y más exquisiteces. También, bailar un rato al ritmo de bandas como Batuque de Corda. Si me hacen caso, lo van a pasar bomba.
