La discusión en vano sobre Messi

A Messi no se le discute.

Se le podrá admirar y apreciar o detestar a través de una trinchera mal entendida de la competencia, pero en cuanto a fútbol, la Pulga es quien es, quien ha sido y quien seguirá siendo en el 2015 que ya asoma.

Leo apunta a un nuevo año en crecimiento después de la recuperación que se le ha contemplado en este que acaba.

Si en 2013 sufrió en primera persona el azote de las lesiones, el 2014 lo cierra con buenas sensaciones futbolísticas, mostrando un liderazgo indiscutible en el campo e instalado en el podio de los grandes.

¿Por delante de Cristiano Ronaldo? ¿Por detrás? En un presente donde los premios se han convertido en motivo de un debate cada vez más encendido y pasional, a Messi (él mismo lo ha reconocido siempre que ha tenido ocasión) le ocupa más el éxito colectivo.

Vendería su alma al diablo (es un decir) por ceder un Balón de Oro a cambio del título Mundial con Argentina, el título de Liga que se escapó en el último suspiro o la Champions de la que al Barça descabalgó el mismo Atlético de Madrid en cuartos de final.

Del crack del Camp Nou, el jefe del ejército azulgrana, se enseñan números que muestran que su capacidad goleadora descendió, pero en el que puede considerarse peor año en ese aspecto, sigue siendo descomunal.

El mejor Cristiano Ronaldo apenas supera los números del peor Messi...Una circunstancia que invita a la reflexión alejada de cualquier trinchera.

En la primera mitad del año fue él quien mantuvo al Barça en la pelea por los títulos, en junio se puso al frente de una Argentina que rozó el Mundial y en estos últimos meses ha sido el que ha capitaneado al renovado equipo de Luis Enrique.

Con goles, asistencias, prestancia máxima y enseñando los dientes, Leo Messi sigue al frente de todo.

Entre 1985 y 1993, Michael Jordan promedió más de 30 puntos por partido. En la NBA, en el mundo entero, nadie discute su figura como el mejor jugador de todos los tiempos en este deporte y trasladado al fútbol Messi asoma como el personaje capital.

Surgen futbolistas excepcionales, pero nada le aparta del plano año tras año, temporada tras temporada su personalidad.

Leo no es el mejor futbolista del año. Simplemente apunta a ser el mejor jugador que se ha visto en un terreno de juego en las últimas décadas.

Lo que fue Di Stéfano, lo que mostraron Pelé, Cruyff o Maradona es lo que hoy representa un Messi que tiene en Cristiano Ronaldo lo que en su día pudieron ser Platini, Beckenbauer o Eusebio.

En el año que se cierra, a Messi le han trastocado más asuntos extradeportivos que futbolísticos propiamente dichos.

Desde su desencuentro con la directiva del Barça hasta sus problemas con hacienda, el argentino lleva un año largo en un plano que nunca sospechó. Y del que ha intentado mantenerse al margen en la medida de lo posible, aunque no siempre lo ha conseguido.

La denuncia de la fiscalía que nació en el verano de 2013 le ha perseguido de manera inmisericorde por mucho que, aceptando el error contable en la gestión de sus derechos de imagen, se haya puesto al día con Hacienda, ingresando más de 30 millones de euros en las arcas públicas.

El entorno de Messi, y más allá, no entiende la insistencia de la fiscalía en mantener su imputación, de la misma manera que se mantiene descorazonado ante lo que entiende poca implicación mostrada por el Barça en la defensa de su nombre.

Más allá, su relación con los dirigentes del club se adivina fría. Correcta podría ser la palabra pero para nada cordial y próxima. Desde el día en que el vicepresidente Faus puso en duda la conveniencia de modificar su contrato las desavenencias se han mantenido.

Messi sigue a la suya, eso sí. Cuando se calza las botas todo desaparece y el universo azulgrana se felicita por disfrutar de un jugador que lleva cerca de diez años regalándole felicidad.

¿El mejor? ¿El Balón de Oro? A fin de cuentas, íntimamente, el barcelonismo sabe que la realidad no puede ser empañada por nada. Por mucho que se le quiera discutir, Messi es quien es. Y representa lo que representa.