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El monólogo de GGG

MONTECARLO -- Monte Carlo con su lujo y su distinción, albergó aquellos dos grandes choques entre medianos que realizaron Carlos Monzón y Rodrigo Valdez, para dar ejemplos ilustres. Ahora volvió a ser escenario de una nueva victoria de Gennady Golovkin. Para muchos, la estrella del momento.

Si Gennady Golovkin todavía no ha tenido que sufrir en serio en un ring, se podía pensar que el inglés Martin Murray tal vez podía ponerlo a prueba. Error. Con una tremenda velocidad de manos -uno de sus sellos-, Golovkin fue talando a Murray como a un árbol.

El inglés, un boxeador áspero pero lento -justamente, también uno de sus sellos- no pudo hacer más que ofrecer su coraje y aguante. La pelea fue toda del invicto campeón mundial de peso mediano.

Viéndolo, nos quedan algunas reflexiones.

La primera, es obvia: da la sensación de que, hoy por hoy, no hay un hombre que pueda poner en peligro a Golovkin. No solamente es un peleador de menor a mayor. Es, también, una máquina de destruir que va regulando sus golpes al cuerpo y a la cabeza. No queremos decir que sea un exquisito del Noble Arte, para nada. Pero, ¿Cómo hacer para detenerlo? Suele lanzar algunos golpes muy poco usados ya en el boxeo, como ese uppercut corto y repetido de mano izquierda. Llegó a conectar tres, cuatro seguidos frente a la impotencia de Murray.

La segunda reflexión es que el coraje no basta y la resistencia tampoco. El inglés -el mismo que perdió en fallo discutido frente a Sergio "Maravilla" Martínez en Buenos Aires, tras haberlo tenido en el suelo- solamente aportó un corazón valiente. Y nada más.

No pudo más que amarrar en los primeros asaltos, para evitar el trabajo de Golovkin en donde mejor se desempeña, la corta distancia. Todo lo demás, fue un largo padecimiento para el británico, 32 años, quien ahora suma 29 victorias (12 por la vía categórica), 2 derrotas y un empate.

Planteadas así las cosas, Golovkin fue creciendo ante un rival que solamente aportó aguante y coraje. Ni siquiera pudo terminar de pie, como un "Rocky" de carne y hueso, porque el referí Luis Pabón detuvo la pelea en el undécimo asalto.

Golovkin, hoy, apunta a Miguel Cotto. De hecho, lo desafió luego de su triunfo del sábado. Es una pelea que podrá ser atractiva, pero que deja la sensación de un final anunciado. También se menciona Julio César Chávez Junior, quien hasta dice tener la fórmula para ganarle. Queda en claro que existe entre él y los que vienen una diferencia muy grande.

El poder de su pegada se potencia con su velocidad para las descargas, pero también con un estilo en donde no caben los desbordes temperamentales. Como un buen cazador, Golovkin no pierde la paciencia y entonces también es difícil que tome riesgos innecesarios.

Supercampeón WBA e Interino WBC -en donde reina Miguel Cotto, luego de su victoria sobre "Maravilla" Martínez-, ya suma 32 peleas todas ganadas, con 29 antes del límite. A los 32, tras haber defendido su corona de los medianos en 13 oportunidades, en la estadística solamente queda detrás de Bernard Hopkins, que suma 20. Pero, con una diferencia: Hopkins necesitó diez años, mientras que Golovkin lo ha logrado en menos de cinco.

Aunque en su círculo se menciona como objetivo la conquista de Las Vegas, no faltan quienes ven a Nueva York como próxima sede. Y en una fecha más que interesante: junio, en donde los puertorriqueños celebran su gran desfile, con un rival cantado como es Miguel Cotto (quien, en junio pasado, en un Madison llenó, dio cuenta de Maravilla Martínez).

Mientras el equipo de Golovkin hace sus planes, nos quedan unas frases para el vencido, Martin Murray. O, mejor expresado, sobre esta dura ley del boxeo. La pelea dejó de serlo ya luego del sexto asalto. Lastimado, golpeado y sin reacción, Murray puso en el ring todo su coraje, como quedó dicho. Sufrió dos caídas, una en el cuarto, tras recibir tremenda derecha al cuerpo y otra en el décimo, luego de ser conectado dos veces de derecha a la cabeza. Nadie le hubiera reprochado si se hubiese quedado en el suelo o demorado su puesta de pie en la segunda, pero no lo hizo. Su corazón de guerrero se lo impidió.

Sin embargo -vista objetivamente- para Pabón era muy difícil detenerla, puesto que Murray, dentro de sus limitaciones, seguía respondiendo. Solamente la esquina del inglés podría haberse apiadado del boxeador (recordar a Pablo Sarmiento, cuando detuvo la pelea de "Maravilla" Martínez frente a Cotto). ¿Se podía esperar un golpe afortunado del inglés? Con la mano en el corazón, cualquiera hubiera dicho que no.

La pelea, sin embargo, continuó. Y, si bien para muchos lo que predomina por sobre todas las cosas es el espectáculo -ya se sabe que el boxeo es así-, también debería aparecer, en casos como estos, un manto de piedad. Murray recibió un castigo extremo, innecesario -resultado a la vista- y que atenta contra su futuro, puesto que necesitará mucho tiempo para recobrarse.

Mientras tanto, es el tiempo de Golovkin, a quien su técnico Abel Sánchez alguna vez le aconsejó: "Trabaja más con el gancho zurdo al cuerpo y serás un Julio César Chávez".

Comparaciones aparte, se nota que el boxeador le hizo caso.