MÉXICO --
Norman Graham Hill nació al norte de Londres el 15 de febrero de 1929. De su mamá heredó la determinación y de su padre el sentido del humor, cualidades necesarias para crecer en el Londres de la Segunda Guerra Mundial con los constantes bombardeos. En 1952 se unió al Club de Remo de Londres y después usó la insignia del Club en su casco de carreras. Un año después dio unas cuantas vueltas en Brands Hatch con un auto F3 e inmediatamente quedó fascinado. Pero tenía dos problemas que resolver: uno, apenas y sabía manejar; dos, apenas podía financiarse un auto.
Comenzó a trabajar como mecánico en una escuela de carreras en la cual se volvió instructor en muy poco tiempo. Compitió en un par de eventos y conoció a Colin Chapman en el momento en que el diseñador apenas esbozaba Lotus. Convenció a Chapman de tener un trabajo de medio tiempo y después se hizo trabajador de tiempo completo en Lotus y era recompensado con alguna que otra carrera.
En 1958 llegó el Gran Premio, literalmente. Colin decidió que el equipo Lotus estaba listo para las grandes ligas y Hill se hizo piloto de F-1. Pero Lotus apenas iniciaba su historia y el ambicioso Graham pasó a BRM en 1960, equipo al cual sacó del fondo con mucho esfuerzo y entusiasmo, predicando con el ejemplo. Dos años después ganó en Holanda, Alemania, Italia y Sudáfrica y logró su primer título mundial. Sin embargo, BRM cayó de nuevo y el piloto inglés se dio cuenta de que si quería volver a la parte alta de la tabla, tenía que regresar al equipo con el cual inició su vida en la F-1.
En 1967 regresó a Lotus en el que Jim Clark comandaba. Pero al año siguiente Clark moriría y Hill tomaría su lugar como número uno. El londinense no desaprovechó su oportunidad y ganó en España, Mónaco y México asegurando su segundo campeonato mundial.
En 1969 venció en Mónaco por quinta vez y fue nombrado en los medios como “Mr. Monaco”. Pero en el último Gran premio de la temporada, en Estados Unidos, sufrió un severo accidente: Primero tuvo un incidente del cual se pudo recuperar y seguir en carrera pero sin abrocharse los cinturones de seguridad. El auto, que ya estaba algo dañado, perdió una llanta cuando se reventó, chocó contra una barrera y Hill terminó fuera del auto, vivo, pero con las piernas severamente lastimadas. Jamás volvió a ser el mismo.
Le siguieron años aciagos, pero en 1972 logró otra marca al ganar con un Matra las 24 horas de LeMans y ser el primer piloto en lograr la Triple Corona: LeMans, 500 de Indianápolis y el GP de Mónaco. Pudo haberse retirado ese mismo año pero su orgullo se lo impidió y continuó.
Fue hasta 1975, ya con su propio equipo, cuando dejó de ser piloto al no poder clasificar para el GP de Mónaco. Anunció su retiro pero también informó que continuaría manejando su equipo que ahora contaba con Tony Brise, un prometedor piloto de carreras. Unos meses después, Hill, Brise y otros cuatro miembros del equipo, morirían.
El 29 de noviembre de 1975 regresaban de una sesión de práctica en Paul Ricard, Francia. Hill intentaba aterrizar en una pista llena de neblina en el aeródromo de Elstree, cerca de Londres. El bimotor se estrelló y comenzó a incendiarse, matando a todos a bordo.
Graham Hill dejó dos hijas y un hijo, Damon, quien más tarde será campeón del mundo... como su padre.
