Karim Mostafá Benzema (Lyon, Francia, 19 de diciembre de 1987) traiciona en el área de la misma manera que lo hacen los gatos, por eso recibió ese apodo hace años. El Gato. Los defensas rivales se fían de que siempre come de su mano, pero él vive del desmarque. Sólo entrega su corazón al espacio. No tiene dueño. Mama la libertad. "Allez la liberté!". Es así. El felino francés es intrépido e independiente. Miente desde ese rostro de pibe inocente. Se hace el que la cosa no va con él. Pero te liquida.
Llegó al Real Madrid en 2009 y su poder va in crescendo. Pronto superará el listón de los 32 goles que marcó en todo 2011-12. Además, su influencia en los partidos es superlativa. Todo el mundo habla de Cristiano Ronaldo, pero ¿quién asiste de lujo al portugués? ¿Quién arrastra la marca rival, para que el luso aparezca solo en el área para rematar? El Gato de Lyon sacrifica su protagonismo, como su ilustre compañero jamás podría hacerlo.
Benzema juega cada vez mejor porque ahora no hay quien le haga sombra. Gonzalo Higuaín dejó el club para irse al Napoli porque sabía que el presidente Florentino Pérez no le quería. Le había fichado el exmandatario Ramón Calderón, y el interés de Pérez siempre estuvo centrado en imponer a Benzema. El francés, ajeno a este tipo de caprichos, recién ahora emerge de acuerdo a lo que se esperaba de él, porque no tiene contra afectiva. Está bendito. Pipita, harto, se fue. El Gato, que miraba de reojo, está aprovechando su momento. Todas las caricias son ahora para él. Y el presidente goza con su ronroneo. Estaba escrito que un día sería venerado. Y ese tiempo llegó.
Benzema, el hombre que escandaliza a Francia porque no canta la Marsellesa, el himno nacional galo, antes de los partidos ("soy tan francés como el que más, pero no me siento obligado a cantar el himno", ha dicho, pareciéndose a Lionel Messi en este sentido), es la reencarnación del mítico Raymond Kopa, a quien apodaban 'Napoleón' por la autoridad con que ejercía. Juega. Hace jugar. Regala goles. Golea... Su catálogo de desmarques es infinito. Como su calidad para hacer que lo difícil parezca sencillo. Le avala en su rabioso presente que hoy fabrica más goles de los que erra. Antes era al revés. Y se ve que disfruta sobre el terreno de juego.
Benzema ahora es querido por la afición del Real Madrid. Álvaro Morata, el nueve que viene del Real Madrid Castilla -el filial madridista-, pinta muy bien, pero aún debe ganarse el respeto. Luego, Karim Mostafá (1,87m, 79 kgs) se siente liberado. Y responde. Ha marcado 4 goles en los últimos tres partidos. Contabiliza 6 en total en la Liga, más 3 asistencias. Y se ha repartido con Cristiano Ronaldo y Gareth Bale 15 de los últimos 16 goles del Real Madrid que dirige Carlo Ancelotti. Un Real Madrid del que puede discutirse todo. Cómo juega. Su mandíbula de cristal. Su defensa aletargada. Su flacidez insusual en el centro de la zaga... Argumentos todos rendidos a las toneladas de pólvora que acumula en su delantera. CR7, Hundred Million Euro Baby y El Gato te agarran a contrapierna y te matan.
Es muy importante para un jugador recibir la confianza de su entrenador. A Ancelotti le costó 13 partidos de Liga encontrar su equipo de gala. Benzema, como no podía ser de otra manera, es un fijo ahí. Acaso uno de los grandes fallos de 'Carletto' fue archivar al francés en el banco de suplentes frente al Barça, en el superclásico. Pensó un tipo de partido muy raro, y cuando se dio cuenta de su error de interpretación, el entrenador italiano había regalado 45 minutos.
Recién cuando Benzema salió a dinamitar la última media hora de partido, Ancelotti tuvo una idea precisa de la magnitud del grotesco. Benzema, el francés que por momentos pareció tener horchata (leche de chufa, bebida de color blanquecino muy popular en Valencia) en las venas, en vez de sangre, es parte fundamental en ese ataque demoledor que sostiene las expectativas del Real Madrid en la Liga. La esperanza de pelearle al Barça de Martino y al Atlético de Simeone, el título en 2013-14. Si el francés se rompiera, nada sería igual. Lo demostró ese superclásico del Camp Nou.
Del Real Madrid la gente conoce su delantera. La recita de memoria. Cristiano Ronaldo, Karim Benzema y Gareth Bale. Del resto del equipo, salvo Xabi Alonso, se mencionan esquirlas. Sergio Ramos por allá. Luka Modric por acá. Ni siquiera Iker Casillas es una constante, porque sólo juega partidos puntuales.
Sucede con el Real Madrid lo que ocurría con el Brasil campeón del mundo en Corea-Japón 2002. 'Felipao' Scolari mandaba a todo el mundo que le tiraran la pelota a Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho Gaúcho. Ellos solucionaron todo. ¿Vos te acordás, así, rápido, de algún nombre más de aquella canarinha? Este Real Madrid fía todo a la pegada. Como aquel Brasil. Al final de la temporada decretará si confiarlo todo a eso resultó una estrategia acertada. O no.
