¡Sí se pudo! Andy Ruiz le apagó todas las luces a Anthony Joshua

Andy Ruiz Jr. venció a Anthony Joshua por KO Al Bello/Getty Images

Andy Ruiz noqueó a Anthony Joshua y su hazaña, a seis meses de finalizar el año, se transformó en la candidata total a pelea del año. Será difícil desbancarla de ese privilegio. El californiano de origen mexicano no solo le apagó todas las luces al hasta esta noche tricampeón mundial, lo puso en la lona más de una vez, mostró que en boxeo tamaño no es documento y demostró que su aspecto de buen chico es solo aspecto.

Andy es una fiera y por sobre todas las cosas bajó a tierra a uno de los mayores inventos del boxeo británico. Joshua, era un invento y ni él propio Joshua lo sabía.

Bastó que Ruiz, con sus pantalones de rapero y su rostro de muchacho feliz e inofensivo, le pusiera presión, lo golpeara con dureza en la barbilla y le exigiera el cardio para que se desinflara. Y eso ocurrió, Joshua se desinfló. Como un globo.

Habrá tiempo para diseccionar la enorme, la monumental sorpresa que vivió el mundo del boxeo este sábado en el lugar que merecía ser la sede de una pelea histórica, el Madison Square Garden. Un combate que difícilmente se podrá olvidar y que necesariamente compondrá una página increíble, de un deporte que a veces se acuerda de sorprendernos de esta manera.

Como lo advertimos en las dos columnas previas a esta pelea, Ruiz podía apagarle la luz y en la previa también advertimos sobre el peligro de cederle la iniciativa a un hombre que resiste castigo y que cuando pelea adentro es temible, sus brazos más cortos le permiten golpear con mayor potencia y más veces.

Joshua ya había mostrado en peleas anteriores que su cuerpo de fisiculturista no tiene una sociedad perfecta con su condición boxística. Precisamente su cardio siempre estuvo en entredicho y hoy nos mostró que es cuasi una gelatina. Su barbilla siempre estuvo bajo sospecha y hoy Andy la dejó al descubierto, no soporta metralla dura.

El británico tampoco mostró asimilación, menos capacidad de recuperación y por sobre todas las cosas, dejó en duda el tamaño de su corazón. O sea, no tuvo rebeldía.

Andy Ruiz Jr. era la carne de cañón, el actor de reparto, la victima propicia, el oponente llamado de última hora, el que debía perder y estaba millas debajo en las apuestas. No era para menos. Pués, no fue así. El californiano rompió los pronósticos haciendo lo que hace siempre. Peleando adentro, rompiendo la distancia, arriesgando donde debe y no dudando si es necesario dar el paso atrás.

Cuerpeando y sacando la derecha por afuera, sin mirar, pero apuntando y acertando a la cabeza de su rival. Castigando la zona media, como en cuchilladas que le quitaron el escaso aire a Joshua. Mandándolo una y otra vez a la lona, hasta que el referí entendió que el campeón, apenas a la mitad de la pelea, era solo un saco de patatas.

Habrá tiempo de hablar mucho del aspecto técnico, habrá tiempo de leer con otra frialdad esta pelea y comprender desde la perspectiva boxística el tamaño de la hazaña de Andy Ruiz Jr. Hoy apenas, vamos a recordar la frase con la que me despedí en mi primera columna previa cuando imaginé a Andy como si fuera mi amigo de la adolescencia, al que cariñosamente llamábamos Yogui.

Ese día escribí: “Si lo logra, si el primero de junio tendremos un nuevo e inesperado campeón unificado, tan parecido a mi amigo, que sentiré como propia su consagración. Y si los imagino iguales, hasta me imagino el mismo aliento.

¡Dale Yogui, Dale Andy!, ¡Yo sé que tú puedes!

Él lo pudo y celebraremos hasta la madrugada con derecho a mariachis. El boxeo es un deporte hermoso y siempre encuentra la manera de sorprendernos. Felizmente.