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Yaca: los beneficios nutricionales de una fruta exótica

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También conocida como fruta del pan, panapén o vijahoó, este inmenso fruto asiático de un peso que ronda entre 1,5 y 3 kilogramos, está empezando a posicionarse como algo más que un simple y enorme manjar exótico. Proviene de las islas del Pacífico y del sudeste asiático, específicamente en los países de Indonesia y Nueva Guinea, y su cultivo silvestre ya aparece en la prehistoria en Polinesia, desde donde fue importado por viajeros al continente europeo.

La yaca tiene una forma redonda u ovalada, dependiendo de la especie, y por lo general son de gran tamaño en comparación a otras frutas, ya que puede llegar a tener 30 centímetros de diámetro y un peso de entre 2 a 4 kilogramos. Su corteza es de color verde, y su textura es gruesa y rugosa, aunque puede variar a un color amarillo a medida que avanza su madurez. La parte comestible está en su interior, donde posee una pulpa de sabor dulce y aroma penetrante. Puede tener o no semillas, existiendo variedades que tienen más de 60 semillas, de tamaño similar a las castañas.

El motivo de su nombre es debido a que su pulpa tiene un aspecto similar al del pan, y debido a su alta cantidad de agua e hidratos de carbono (en forma de almidón) se la considera una de las frutas carnosas más energéticas. Pero eso no es todo, además aporta proteínas y lípidos que, aunque menos que las anteriores, se presentan en cantidades superiores a otros frutos. En concreto, la yaca está formada por un 25% de carbohidratos y un 70% de agua, contiene casi la mitad del valor diario recomendado de fibra y es rica en vitamina C, imprescindible para poder absorber el hierro, además de ser un potente antioxidante. También posee cantidades a tener en cuenta de vitaminas A, B, B1, B2 y B3, que fortalecen huesos, dientes, piel y cabello y mejoran el tono muscular, así como minerales como el potasio, el calcio, el magnesio, el fósforo o el hierro.

Además de proporcionarnos hidratación y energía, esta fruta también contribuye a la prevención de enfermedades cardiovasculares, ya que contiene fitoquímicos que protegen al corazón de la aterosclerosis (la creación de placas que, con los años, pueden llegar a obstruir los vasos sanguíneos)

Los frutos que aún no maduraron, caracterizados por su color verde, pueden prepararse cocidos, asados o tostados, mientras que los que ya están maduros pueden cortarse en rodajas y comerse crudos. Sin embargo, los frutos maduros pueden resultar insípidos, por lo que muchas veces son consumidos verdes. En Ecuador, Costa Rica, Nicaragua, Panamá y otros países de Latinoamérica se consumen las semillas de frutos encontrados en el suelo. Estas semillas tienen un sabor parecido a las castañas, se cuecen, se pelan y se consumen directamente o como parte de la preparación platos elaborados. ¿Alguna vez habías probado esta fruta?