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La noche histórica e inolvidable del Boca campeón

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Los festejos del Boca campeón de Tevez y Russo (1:11)

El Xeneize le ganó al Gimnasia de Maradona en La Bombonera y se quedó con la Superliga, ya que River no ganó en Tucumán. (1:11)

Parece que pasó una eternidad. Pero fue hace poco. Un mes, apenas, se cumple del título de Superliga que Boca le ganó a River, de manera agónica, en la última fecha del campeonato. La Bombonera llena, abrazos, festejos, una multitud celebrando afuera y adentro de la cancha… Imágenes que hoy, en tiempos de cuarentena y sin fútbol parecen de otro mundo.

El 7 de marzo a las 21 comenzó a escribirse la historia. Partidos en simultáneo, como en los grandes acontecimientos, pantalla dividida en la TV y la oreja repartida entre los dos encuentros. Escenario ideal para el hincha imparcial, el más sufrido para el hincha que lo vive en carne propia.

River, el líder y gran favorito, llegaba un punto arriba de Boca. Con tres puntos de ventaja a dos fechas del final parecía que el millonario tenía todo resuelto para quedarse con su primer campeonato local en la era Gallardo, ya que había arrancado el año de manera imparable.

Incluso, en algún momento, estuvo seis unidades arriba, con Boca todavía adeudando su partido. Lo cierto es que el Boca de Russo no le dio respiro en este mano a mano de gigantes. También ganaba con autoridad. Y metía presión. De manera inesperada llegó el tropezón de River ante Defensa y Justicia de local (empate 1 a 1) y Boca quedó a un punto.

En la última fecha, el Millonario debía visitar a Atlético Tucumán, y Boca recibía a Gimnasia y Esgrima de La Plata. Los de Gallardo ganando eran campeones; empatando o perdiendo, dependían de lo que pasara en La Bombonera. Al xeneize no le quedaba otra que ganar.

La cancha de Boca explotó con el gol de Toledo en Tucumán. Radio en mano, mejor dicho, celulares en mano, los xeneizes estaban pendientes de los que pasaba en el estadio José Fierro, esperando una mano de Ricardo Zielinski, el mismo que había mandado a los primos a la B cuando dirigía a Belgrano.

River empató a través de Suárez, y parecía estar cerca de la victoria. Pero, antes que nada, Boca tenía que ganar para soñar con el título. El gol no llegaba, el Lobo se defendía bien, y los nervios con el correr de los minutos eran cada vez más. Hasta que Carlitos Tevez sacó un gran remate que con ayuda del arquero Broun se metió en el arco. Boca pasó a ganar el partido, y quedó a tiro del campeonato.

Faltaba mucho para el final. El gol de Carlitos llegó a los 27 del complemento. River buscaba y buscaba en Tucumán, pero sin claridad. Boca sufría en La Bombonera, esperando noticias alentadoras del otro estadio. Cinco minutos de descuento en las dos canchas le pusieron suspenso extremo a la definición.

El partido de River finalizó unos segundos antes. La Bombonera explotó. Tevez rechazó al borde del área una pelota que salió al lateral. El árbitro terminó el partido, pero los jugadores no sabían qué pasaba en medio de ese bullicio infernal que era La Bombonera. Instantes después se dieron cuenta que eran campeones, al ver a los compañeros del banco de suplentes salir disparados hacia la mitad de la cancha.

Boca se tomó su revancha ante el River ganador de Gallardo en un final histórico e inesperado. En una noche inolvidable, con Maradona (DT del Lobo) recibiendo un homenaje emocionante de la gente xeneize. Con Riquelme, el flamante vicepresidente, tomando mate en el palco, observando todo como si no le corriera sangre por las venas, con la frialdad que mostraba cuando tiraba un caño o ejecutaba un tiro libre o un penal. Con Tevez, más ídolo que nunca, celebrando en el campo de juego, siendo el estandarte. Los tres ídolos en La Bombonera, cada uno en una función distinta. Como para que la fiesta fuera perfecta.

Parece que fue hace mucho. Que esos abrazos, los festejos, la vuelta olímpica, todos juntos, fue en otro país, en otro mundo. Lo cierto es que apenas pasó un mes de esa noche histórica y de la estrella 69 de Boca.