El seleccionador tiene clara su preferencia de localía y busca darle continuidad al grupo, con una primera meta antes de pensar en 2030
Bryan Ruiz conoce el camino del camerino a la cancha del Estadio Nacional. Lo recorrió como capitán, cargando la responsabilidad de una Selección que aprendió a hacerse fuerte en La Sabana. Ahora quiere volver a construir desde ahí, aunque le toque mirar el partido de pie junto al banquillo.
La casa que prefiere para su equipo está clara.
“Tenemos un estadio de lujo como el Nacional. La Selección debe jugar ahí”, expresó después del triunfo ante Haití, cuando todavía dirigía de manera interina a Costa Rica.
La aclaración importa: aquella noche la Tricolor había ganado en el Ricardo Saprissa y su gente volvía a entusiasmarse. Había razones para enamorarse del ambiente de Tibás, pero Bryan no cambió de idea.
Reconoció el escenario donde dio sus primeros pasos con la Selección y, al mismo tiempo, defendió la fortaleza que el equipo consiguió construir después en el Nacional. Para él, la buena respuesta de una noche no borraba lo vivido en La Sabana.
Costa Rica había trasladado el encuentro ante Haití al Saprissa por un concierto programado en el Nacional.
Fue una solución de calendario; para Ruiz, no tenía por qué convertirse en una mudanza permanente.
Una casa y un equipo reconocible
Ya presentado como seleccionador permanente, Bryan también trazó otra parte de la construcción: darle continuidad a una base.
Su planteamiento pasa por conservar aproximadamente un 80% del grupo y desarrollar una idea reconocible. No empezar de cero en cada convocatoria ni confundir renovación con cambiar nombres por cambiar.
Eso tampoco significa cerrar la puerta. La competencia sigue abierta y el seguimiento es más amplio que los 23 futbolistas que finalmente integrarán cada lista. El reto consiste en encontrar un equilibrio: sostener lo que funciona y dejar espacio para quienes empujen desde sus clubes.
Bryan conoce el valor de esa continuidad. Una Selección necesita encuentros, entrenamientos y sociedades que no desaparezcan después de cada fecha FIFA. Quiere que sus jugadores lleguen a una casa conocida, pero también a un equipo que les resulte familiar.
Antes de volver a jugar como local, tendrá dos exámenes de visitante: Ecuador y Argentina.
La gira de noviembre le permitirá medir esa base frente a rivales de mayor exigencia y comenzar a poner a prueba su proyecto definitivo.
Antes de 2030, la Copa Oro
El horizonte es el Mundial de 2030. La primera estación, sin embargo, está mucho más cerca.
La clasificación a la Copa Oro aparece como el objetivo inicial del proceso. Una meta que obliga a combinar construcción con resultados: darle forma al equipo sin perder de vista lo que debe resolver en el camino.
Ahí empieza la Selección de Bryan. Con una casa que quiere recuperar, una base a la que busca darle continuidad y una primera tarea por cumplir.
El fortín no se levanta solamente con graderías llenas. También necesita un equipo que le dé motivos a su gente para volver.
