BARCELONA -- Entre Nolito y Mandzukic, de Gameiro a Luan, entre Gabriel Jesús, Vietto, Lucas Pérez, Mario Gómez, Van Persie, Ayoze, Jonathan Soriano o Jonás... La lista de candidatos a cuarto delantero del Barcelona se hace interminable. ¿Lo necesita realmente?
Robert Fernández, por boca de Luis Enrique, asegura que "se fichará un delantero" y Albert Soler, enlace ejecutivo entre vestuario y directiva, se suma al discurso insinuando que el jugador a incorporar será "joven y con futuro por delante", en una frase que debe ponerse entre interrogantes a la vista de los muchos nombres que se repiten.
Alrededor del Camp Nou, sin embargo, toma cuerpo una duda cada vez más razonable: ¿necesita realmente el Barça reforzar su delantera?
Independientemente de la calidad del jugador que pueda llegar al club y de la conciencia que deberá tomar de su papel secundario a la sombra de la intocable MSN, hay quien ya apunta sin rubor que la presencia de Munir y la sobrepoblación de centrocampistas, algunos de ellos con obvio carácter ofensivo, hace innecesaria la inversión que se contempla para este fichaje.
"No entiendo qué hago yo aquí. Igual me dan una escoba y me hacen barrer el vestuario", bromeó, allá por 1957, Evaristo de Macedo en sus primeras declaraciones como jugador del Barça, al día siguiente ser fichado y tras presenciar un partido de Copa frente al Atlético de Madrid que el equipo azulgrana venció por 7-1, anotando los siete goles Eulogio Martínez.
Evaristo, brasileño que permaneció en el Camp Nou hasta 1962 y pasó a la historia por marcar el gol que significó la primera eliminación del Real Madrid en la Copa de Europa (después acabaría jugando con los merengues dos temporadas), se refería a un plantel que contaba, además de Eulogio Martínez, con la presencia de Basora, Kubala, Villaverde, Tejada y Sampedro como delanteros.
Se hizo hueco, a fuerza de restar minutos a otros futbolistas en un tiempo en que se jugaban muchos menos minutos, pero se demostró, lo admitió con el paso de los años el inolvidable Helenio Herrera, que en ocasiones es contraproducente contar con demasiados jugadores para tan pocos puestos. “La competitividad puede convertirse en rendición” explicó HH.
Y en esa duda se debate el barcelonismo, tanto desde algunos despachos donde hay quien en silencio se muestra perplejo por la insistencia de Luis Enrique en tener a disposición una plantilla repleta de cracks, que condenará a más de uno al ostracismo, como en el entorno del club, donde esa sensación se abre paso con menos temor al "qué dirán".
Luan, delantero brasileño del Gremio de 23 años y por quien habría que pagar 20 millones de euros, es el último nombre que se ha sumado a la lista de futuribles. "¿Tiene más que Munir?", se escuchó preguntar en una tertulia este domingo cuando su nombre ocupó la portada del diario Sport.
"No solo está Munir", se repitió después, recordando que "Iniesta, Denis Suárez, Arda Turan o hasta Aleix Vidal pueden ocupar en un momento determinado una posición atacante", para solventar cualquier urgencia o dar descanso, es un decir, a los intocables Messi, Suárez y Neymar.
Ganador de siete títulos en dos temporadas, en que solo el Athletic le birló la Supercopa de España y el Atlético le echó de la Champions, el poder de Luis Enrique es solamente comparable al de sus futbolistas en el Barcelona.
A pesar de que sus exigencias no siempre son entendidas desde los despachos, el discurso del entrenador asturiano no encuentra en el club ninguna voz discordante. Y en el entorno, entre los medios, pocos son los que se atreven a poner en entredicho sus opiniones.
El penúltimo ejemplo lo personaliza el fichaje de André Gomes y la posición de Arda Turan, su fichaje de 2015 que completó seis meses para el olvido y que desde el club se vendería sin dudarlo... Pero el entrenador no quiere ni oír hablar de la salida del turco por más que se contemple ese centro del campo exageradamente poblado.
El último caso es el del delantero. Y si ya comienza a hablarse de una cesión de Samper al Valencia, en San Sebastián la Real Sociedad se mantiene atenta al futuro de Munir. Porque son demasiados y no hay lugar para tantos.
¿Es realmente necesario?
