Cinco pasos a seguir en Chivas para erradicar a #NiñosCaguengues

LOS ÁNGELES -- Víctor Manuel Vucetich sigue hablando de falta de actitud en los jugadores de Chivas, pero el técnico se niega a usar palabras como “caos” o “crisis”. “Un mal momento”, explica. La realidad es una bofetada estadística: dos puntos de 12 posibles.

La semana pasada, los jugadores sí creyeron que estaban en una “crisis”, y para evitar el “caos”, tuvieron su encerrona. “Nos dijimos de todo”, reveló un jugador a diversos medios.

Los psicólogos se regodean al llamar este ejercicio de catarsis como “terapia de grupo”. Y mientras más álgido sea, mejores resultados debe dar.

Pero, ante Juárez, Chivas ratificó que está en crisis y en un caos táctico, anímico, moral, futbolístico y disciplinario. Pierde por 1-2. Cierto, el árbitro Isaac Rojas se come un par de expulsiones y deja de marcar un posible penalti.

Pero recurrir a semejantes explicaciones sólo dimensionan, la impotencia de Chivas como equipo de futbol. Quejarse así, es un escapismo a la autocrítica.

¿Tiene remedio esta no-crisis y no-caos, según el criterio de Vucetich? Por supuesto que lo tiene. Pero, implica decisiones drásticas.

1.- COHERENCIA TÁCTICA…

Chivas no tiene un cuadro base. Y no porque no pueda, sino porque el cuerpo técnico no quiere. Ha elegido ensayar, improvisar, experimentar, divagar. El futbolista muestra esa inseguridad tan propia del jugador mexicano. Y Vucetich la fomenta.

El Guadalajara, en el papel, tiene jugadores para un perfil de futbol ofensivo. Sin embargo, prevalece, por ADN del entrenador, esa huidiza estrategia de no perder, como punto de partida.

Vucetich ha jugueteado con la estabilidad de futbolistas. Fernando Beltrán vive en la incertidumbre. Chicote Calderón sale con cadenas –cuando sale--, desde el vestidor. Al Canelo Ángulo sólo le falta jugar de portero. Ante Juárez, cuando Uriel Antuna desoyó las órdenes iniciales, fue cuando mejor se vio en beneficio del equipo.

Sus rotaciones llegan al grado de las extravagancias similares y poco exitosas, como las de Juan Carlos Osorio.

Solución: definir un equipo base, fortalecerlo en el trabajo semanal para establecer las diferencias entre titulares y suplentes, pero, lo más importante, sin denigrar la competencia interna.

2.- LIDERAZGO…

No hay voz de mando. No hay un jugador en la cancha con la autoridad y el peso, para desde dentro de la refriega, exaltar a los jugadores.

A la distancia se ven tipos ateridos, atemorizados, compungidos, resignados. Y lo peor: abandonados, desprotegidos.

Porque, recuerde Usted que el futbolista, y en especial el mexicano, en momentos de crisis o de desventaja en el marcador, se siente huérfano, desamparado, y en esos estertores de inseguridad se olvida del grupo y trata de librar su propia batalla. Sí, entendió, Usted, bien: es el primero que abandona el barco.

¿Hay líderes? Se pensaba que Jesús Molina podría cargar con ese volumen de responsabilidad. Imposible. Cuando el equipo más lo necesita, él se encuentra agobiado haciendo la tarea de otros, o, después, avanzado el juego, fatigado, ya no coordina porque el esfuerzo reduce la claridad de ideas.

¿Oribe Peralta? Si no es capaz de ganarse ya la titularidad, cómo puede ganarse el respeto y la credibilidad. Los jugadores no recurren a reliquias más que como un acto de fetichismo o como un delirio de superstición. El Hermoso tiene momificado ya su discurso.

Y cuando no hay líderes en la cancha, de nada sirve la sabiduría paciente, parsimoniosa, de quienes están en la banca, por muy Rey Midas que alguna vez, hace mucho tiempo, haya sido.

¿Solución? Si Vucetich ya no sabe, no puede o no quiere, tal vez la arenga antes de cada partido deba darla Ricardo Peláez, que asuma su compromiso, que asuma sus deudas pendientes, que enfrente el fracaso del cual es parte importante.

3.- PERSONALIDAD

Chivas es un equipo castrado. Sus jugadores pelean balones como ninfas asustadas en la oscuridad de sus miedos. Temen barrerse, temen arriesgar el pellejo. Prometen dejar la vida en la cancha y cuidan más el artístico manicure que les hicieron en la semana.

Si tipos supuestamente rudos, como Hiram Mier—y hay varios--, custodiaran su portería con la vehemencia que protegen su rostro, sus partes nobles y evitan barrerse para no dejar embarrada la epidermis y sus delicadas cutículas en la cancha, si con ese delirio estético defendieran la camiseta, Chivas no abandonaría la cancha derrotado, y además, avergonzado de no tener la testosterona para pelear cada balón.

Y esto es reflejo de la falta de liderazgo. ¿Es preferible un atrabancado prófugo de la UFC, el Pollo Briseño, que los tibios y exquisitos que manda a la cancha Vucetich? Sin duda. Es mejor un tipo que abandona la cancha untado de sangre del adversario, que aquellos que se preocupan más por el chonguito con gel y sus depiladas axilas perfumadas.

La personalidad no se compra ni se exige. Pero, la responsabilidad profesional, sí, y la de los jugadores de Chivas está puntual y generosamente remunerada. Aquí, de nuevo, la mezcla de liderazgo y autoridad, y directamente responsabilidad de Peláez, quien debe meterse a la cancha, al vestidor y a la cabecita de cada uno de los primorosos querubines sin alma de gladiadores.

4.- TRABAJO… PERO DE VERDAD

Chivas se equivoca en las jugadas a balón parado. Las enfrenta mal en contra, y las desaprovecha a favor. Diagnóstico: falta de trabajo en la semana.

Chivas se equivoca en los relevos y acompañamientos de las jugadas. Los jugadores no saben qué esperar de sus compañeros porque se los cambian en cada partido. Diagnóstico: falta de trabajo en la semana.

Chivas se ve superado en número al ataque. Con Matías Almeyda y hasta con Saturnino Cardozo, hasta seis jugadores pululaban dentro o en las afueras del área contraria. Hoy lo hace con o tres cuatro. Diagnóstico: falta de trabajo en la semana.

Chivas sufre en los relevos defensivos. El jugador se repliega en lugar de apretar u anticipar. O el jugador se entrega precipitadamente en la marca. Diagnóstico: falta de trabajo en la semana.

En El Rebaño de Verde Valle el sueldo se gana fácil. Hora y media, a lo sumo, de un medianamente vigoroso ejercicio, y a casa o a fiestas clandestinas, porque éstas siguen, aunque ahora decomisan los teléfonos al entrar para evitar videos.

¿Trabajar tan escuetamente es pereza del cuerpo técnico o imposición de los jugadores o clemencia de una directiva conformista? Le molesta a Vucetich el sol o el aire frío, o la placidez magnífica de Verde Valle para trabajar un poco más, o a Peláez para dedicar unos minutitos a fiscalizar el trabajo del equipo dos veces al día.

Ante el analfabetismo evidente para jugar como equipo, y como medida de disciplina, una doble sesión de entrenamiento nunca le hará daño a nadie. O para sanar dolencias, o para perfeccionar sistemas, no debe hacer daño una rutina de tres horas o más de entrenamiento al estilo de Ricardo La Volpe, sin necesidad de su despotismo y tiranía.

Pero, espíritus mimados en los entrenamientos, sólo darán espíritus mimados y minados en la cancha.

5.- EXPIACIÓN PÚBLICA…

¿Víctor Manuel Vucetich juega a no perder, con la esperanza de ganar, por decisión propia o por exigencia conformista de su dirigencia? ¿Peláez y Amaury Vergara le exigen resultados y estilo de juego de acuerdo con la grandeza histórica de Chivas? O ni siquiera –negligentemente-- llegaron a conversar ese tema.

¿El rango de tolerancia hacia los jugadores es filosofía maternal del técnico o del libreto empresarial de OmniLife?

El jugador está a salvo de las críticas. Las redes sociales no hacen mella en el caparazón de su cinismo. Tal vez, entonces, llegó el momento de subirles al cadalso, de treparlos al patíbulo. A ellos y a todos los responsables.

Lo ideal sería abrir los entrenamientos de Chivas, pero la devastadora pandemia lo impide. Desde que empezaron las prácticas a puerta cerrada, el jugador se ha vuelto más conformista, más seguro de que no será enjuiciado públicamente.

Hoy, entre estadios vacíos y entrenamientos privados, no le rinde cuentas a nadie. Su desvergüenza está a salvo. Pero, es tiempo de que confronte su responsabilidad.

Alguien, equivocadamente, piensa que mantenerlos ocultos, escondidos, a salvo, ayuda a los jugadores. Eso ayuda a que el futbolista se sienta apapachado, cobijado, a pesar de sus bochornos en la cancha. Es como alentarlo para que siga así.

¿Solución? Llegó el momento de que confronten afición y medios, y a afición y miedos. Recluirlos para que no se les reclame es una forma de prohijar su pusilanimidad. Trepar a dos o tres jugadores diariamente a careos con fanáticos y reporteros es una forma puntual de recordarles que juegan en Chivas.