La Copa del Mundo le entregó al portugués más tristezas que alegrías, pero a sus 41 años intentará alcanzar la gloria una vez más.
De no mediar imponderables, Cristiano Ronaldo jugará su sexto y último Mundial en 2026. Para cuando ruede la pelota en Estados Unidos, México y Canadá tendrá 41 años, un ejemplo más de su asombrosa longevidad que aún le garantiza un nivel lo suficientemente alto para soñar con romper la barrera de los 1000 goles oficiales en su carrera. Pero en un recorrido plagado de éxitos, récords y alegrías, esta competición es la única y más dolorosa excepción.
Es tal el punto de las frustraciones que ha vivido CR7 con la Copa del Mundo que ha tenido que cambiar sus expectativas a medida que pasaron los años. Nadie puede negar su compromiso inquebrantable e impacto en la Selección de Portugal, a quien llevó a sus primeros títulos de su historia en la Euro 2016 y las Nations League de 2019 y 2025. Pero la máxima competencia internacional resultó ser un desafío demasiado difícil, al punto que en noviembre pasado cambió su postura histórica, aseguró que "no es un sueño" conquistarla, y la definió como "un torneo de seis o siete partidos".
Aún así, eso no ha impedido que lo siga intentando. Y aunque ya no sea indiscutiblemente uno de los mejores jugadores del planeta como lo era hace un lustro, sí está rodeado de la que bien puede ser la mejor generación de futbolistas de su país en décadas. El objetivo en Norteamérica será entonces el de corregir por fin un camino mundialista marcado más por frustraciones que por momentos ilustres.
Alemania 2006: arropado por las leyendas
Al momento de hacer su debut mundialista, Cristiano tenía una corta pero ya notable trayectoria en la selección portuguesa. En tres años se había ganado un lugar en un equipo dominado por lo que en aquel momento se consideraba como una generación dorada, compuesta por figuras como Rui Costa, Luis Figo, Deco y Ricardo Carvalho. Y ya había vivido su primera gran frustración internacional dos años antes, cuando alcanzó la final de la Eurocopa que disputó en su país, pero cayó de manera insólita ante Grecia.
Al mismo tiempo, a nivel clubes llevaba tres años firmemente establecido en el once titular de Manchester United, donde bajo las órdenes de Sir Alex Ferguson ya era catalogado como un extremo sumamente habilidoso, pero aún con cuestiones por pulir.
La presentación de Ronaldo, entonces, fue hasta cierto punto una formalidad. Jugó dos los tres partidos del grupo D, y se dio el lujo de anotar su primer gol desde el punto de penal en el 2-0 sobre Irán, que festejó eufórico, en un equipo de Luiz Felipe Scolari que no terminaba de convencer a pesar de sus estrellas de renombre.
En el camino portugués, que culminó en un notable cuarto puesto, Cristiano fue uno de los futbolistas que mejor imagen dio durante los siete encuentros. No obstante, su momento más memorable no fue un gol o una jugada con la pelota, sino cuando pidió expresamente la expulsión de su compañero de los Red Devils Wayne Rooney por un pisotón a Carvalho, y luego de que el árbitro accedió al pedido, las cámaras lo captaron mientras le guiñaba el ojo, lo que provocó una fugaz crisis en su club. Portugal eventualmente alcanzó las semifinales tras triunfar por penales, pero lo que parecía ser una promesa de mejores resultados a futuro jamás fue superada hasta la fecha.
Sudáfrica 2010: la primera gran frustración
Cuatro años más tarde, la promesa ya era confirmación. Ronaldo ya era CR7, consagrado en Manchester United, ganador del Balón de Oro y flamante jugador más caro de todos los tiempos en Real Madrid. Su rivalidad con Lionel Messi estaba firmemente establecida, y el siguiente paso era pisar aún más fuerte en la Copa del Mundo.
Sin embargo, en Sudáfrica no corrió con mejor suerte. A diferencia del 10 argentino, él sí pudo convertir en África, pero solo lo hizo en el último tanto del aplastante 7-0 de su Portugal, ya sin muchos de los referentes de antaño, sobre Corea del Norte. Fue también el único triunfo de los lusos en el torneo: no pasaron del empate ante Brasil ni Costa de Marfil, y se despidieron al caer por 1-0 en los octavos de final ante España, eventual campeona. El momento de consagración tuvo que seguir esperando.
Brasil 2014: el momento más bajo
En el tiempo que transcurrió hasta Brasil, Cristiano creció aún más como futbolista. Sus números goleadores quedaron mano a mano con los de Messi, y su nombre en Real Madrid quedó grabado para la historia como uno de los artífices de la décima Champions League. Por si fuera poco, también se calzó al hombro la clasificación de Portugal al Mundial con un rendimiento memorable en el repechaje ante Suecia, donde firmó un hat trick. El envión parecía inmejorable.
Pero la expectativa chocó duramente con la realidad. La selección lusa fue avasallada por Alemania en su debut mundialista, un 4-0 que desde un principio complicó notablemente su fase de grupos. Su participación casi termina en el segundo encuentro del torneo, pero un gol agónico de Silvestre Varela en tiempo de descuento para un 2-2 ante Estados Unidos le dio vida a Cristiano y sus compañeros, aunque ya no dependían de sí mismos.
CR7 continuó con su registro goleador perfecto en el tercer partido, al anotar el que sería el gol del triunfo por 2-1 sobre Ghana. Sin embargo, no resultó suficiente para inspirar a su selección, que quedó eliminada en la primera instancia de la Copa del Mundo por primera vez en 12 años, antes de que iniciara su carrera internacional.
Rusia 2018: más luces y sombras
El delantero se recuperó de ese golpazo de la mejor manera de cara a la próxima cita mundialista. En 2016 rompió su sequía histórica para otorgarle a su país el primer título de su historia, la Eurocopa, que cimentó su lugar en la historia grande de su selección. Y en Madrid vivió el momento más exitoso del club en más de 5 décadas al conquistar tres Champions Leagues al hilo. Ese estado de forma espectacular sugería que llegaba al Mundial 2018 en el momento cúlmine de su carrera, aún a sus 33 años.
Y después de tantas frustraciones acumuladas, Cristiano arrancó su campaña en Rusia con su aparición más estelar en Copas del Mundo. Ante un debut de máxima exigencia contra España, firmó un espectacular hat trick, que incluyó un tiro libre exquisito, en lo que fue un empate por 3-3. Apareció de nuevo para sumar el primer triunfo luso en el torneo, un 1-0 sobre Marruecos, pero luego quedó al borde de otra eliminación temprana en el último duelo de grupos ante Irán, en el que además se salvó de ver la tarjeta roja por un codazo que finalmente solo fue castigado con una tarjeta amarilla.
La suerte de los dirigidos por Fernando Santos, sin embargo, se terminó rápido. En los octavos de final se cruzó con una fuerte Uruguay, que la superó con autoridad por 2-1 y le puso fin al sueño de encadenar el éxito que había conseguido dos años antes.
Qatar 2022: el debate más incómodo
Para cuando llegó su quinto Mundial, la realidad deportiva de CR7 era menos clara. Su paso por Juventus y su regreso a Manchester United habían sido positivos a nivel individual, pero no así desde lo colectivo, al punto que a días del debut en Qatar confirmó su salida del club inglés envuelto en un manto de polémica. Y a los 37 años, todo parecía indicar que esta podía ser su última chance de levantar el título que más anhelaba con Portugal.
Su debut llegó con un nuevo récord para su colección: el penal que abrió la victoria por 3-2 sobre Ghana lo convirtió en el primer futbolista en convertir en cinco ediciones del torneo. Pero su rendimiento decreció notablemente en los dos partidos posteriores, el triunfo ante Uruguay por 2-0 y la caída a manos de Corea del Sur por 2-1, y sus disputas con Santos llevaron al DT a tomar la sorpresiva decisión de dejarlo en el banco para su compromiso de octavos de final.
El resultado de esa determinación fue el mejor partido de Portugal en esa Copa del Mundo: aplastó por 6-1 a Suiza en un partido donde el reemplazante de Cristiano, Goncalo Ramos, se despachó con un hat trick. Así comenzaron a surgir dudas sobre si la presencia del delantero, que ya no contaba con la velocidad y gambeta de su juventud, beneficiaba o perjudicaba al resto del equipo. Pero antes de que ese debate pudiera continuar, el conjunto luso volvió a mostrar una pálida versión en la siguiente instancia, en la que un 0-1 con Marruecos convirtió en el primer equipo en caer con una selección africana en cuartos de final. Ni Ramos ni CR7, que se retiró entre lágrimas al vestuario, lograron cambiar la cara de un plantel sin ideas, y por si fuera poco, Qatar vio también la consagración de su máximo rival, Lionel Messi, con la Selección Argentina.
Aquella discusión sobre el rol de Ronaldo en el equipo portugués solo se acrecentó con el correr de los años. Otro fracaso en la Eurocopa 2024 aumentó la presión sobre su nuevo técnico, Roberto Martínez, para darle lugar a otros talentos del país, aunque tanto el español como los compañeros del seleccionado han defendido fervientemente su aporte. Lo que es seguro es que el delantero no quiere que la tristeza en el túnel del estadio Al Thumama sea su última imagen en la competencia. Y aunque hacia afuera insista que ya no tiene el hambre por demostrar su valía que tenía en un principio, el hecho de seguir insistiendo define su ambición por dejar a Portugal en lo más alto y probarse a sí mismo una última vez.
