El 12 de julio de 1998 Francia obtuvo su primer Mundial y, a pocos kilómetros de París, Fayza Lamari estaba festejando el título con un embarazo de cuatro meses. No podía ni imaginarlo entonces, pero estaba gestando a quien sería el futuro capitán de Les Bleus y un referente para la nueva generación francesa: Kylian Mbappé.
Mbappé, de los suburbios a la élite: un ídolo enraizado en Bondy
Hijo de una argelina y un camerunés nacido en Nigeria, Mbappé se crio en Bondy, un barrio popular del departamento de Seine-Saint-Denis.
La historia de un chico que emerge desde los márgenes hacia la élite del fútbol no es nueva. Antes que Mbappé, muchos recorrieron ese camino. Pero en su caso no es solo un punto de partida, sino una identidad que elige proteger.
Cada vez que una figura recuerda sus orígenes desde el estrellato, un nuevo espejo aparece para los niños que sueñan en grande. Y a Kiki le gusta presumir que viene de Bondy, una "tierra de soñadores", como él la llama.
Con una madre jugadora de handball y un padre profesor de fútbol, en casa de los Mbappé se esperaba un deportista. Como inmigrante, el señor Wilfried se instaló en las afueras de París y fue uno de los primeros en entrenar al pequeño Kylian. Sus hermanos, Jirés y Ethan, también decidieron jugar a la pelota, pero Kiki era diferente.
"La gente me decía que yo sería extraordinario, pero yo era un niño normal que tenía un sueño: jugar al fútbol", recordó el delantero en una carta abierta que publicó en 2020. "Algunos tenían pósters de superhéroes en sus habitaciones, yo tenía muchos de Zidane, de Cristiano Ronaldo".
La carrera de Mbappé fue en crecimiento constante: de la cantera de la Association Sportive Bondy al debut estelar en Mónaco, de multicampeón con PSG al gigante Real Madrid. Y en simultáneo, su protagonismo en la Selección lo ayudó a convertirse en una estrella mundial indiscutida.
Con el paso del tiempo, Mbappé entendió que su exposición pública no era solo una consecuencia del éxito, sino una herramienta de influencia para inspirar a otros.
En un mensaje dedicado a los niños en The Players Tribune, buscó desestigmatizar los suburbios y enaltecer los valores que aprendió en Bondy. "Soy consciente de que soy el ídolo de muchos chicos y puedo ayudarlos", admitió en un acto benéfico el crack que además de nombrar su barrio con frecuencia, lo visita y lo asiste económicamente.
En aquella publicación, ya como campeón del mundo, Mbappé rememoró sus inicios y les dedicó especial atención a sus raíces, problematizando la migración, la segregación y la desigualdad.
Kylian colabora con su comunidad, encabeza charlas motivacionales y lidera una fundación a la que llamó "Inspired by KM", que se enfoca en la preparación de casi cien jóvenes para la inserción laboral.
En retribución, los murales de Bondy le hacen honor a su gran abanderado e incluso un edificio grafica al pequeño Kiki durmiendo, cuando soñaba ser el 10 de Francia algún día.
Fayza: madre, agente y guía espiritual del Mbappé terrenal
Mirar a los ojos. Apretar la mano al saludar. Jugar por el honor. Creer en uno mismo.
Esos son algunos de los valores made in Bondy, que según Mbappé lo llevaron hasta donde está hoy.
Kiki le contó a la juventud francesa sobre un aprendizaje que le dejó su madre y que marcó su vida a los 11 años. "La primera vez que jugué en un estadio grande estaba aterrorizado, apenas toqué el balón. Después del partido, mi madre me agarró de las orejas. No porque hubiera jugado mal, sino porque tenía miedo. Me dijo: ‘Siempre tienes que confiar en ti mismo, aunque fracases. Puedes fallar 60 goles. Pero que te niegues a jugar porque tienes miedo, puede perseguirte toda la vida' ".
Para Mbappé, esa lección no solo se trató de abordar el pánico escénico en un campo de juego, sino significó aprender a romper prejuicios y animarse a ser parte activa en sus anhelos.
Fayza Lamari, además de ser consejera de Kylian, se transformó en su agente, fue descripta como "una negociadora implacable" y también señalada como una "entrometida" en el mundo del mercado de pases en medios españoles.
En contraste, Mbappé enaltece la "conexión especial" que tiene con su madre, que es su gran confidente y cuya palabra tuvo mucho peso cuando rechazó a Real Madrid a los 14 años.
Por entonces, sus padres no querían que cambiase su entorno, esperaban que terminara la escuela junto a sus amigos y que creciera en su barrio con su familia. Con el tiempo, Fayza recordaría ese momento en la presentación de su hijo en el Merengue: "La carrera de Kylian no sería la misma si le hubiera faltado humildad".
En los ojos de Fayza, Kylian debía ser un gran futbolista, pero primero, una persona íntegra, conectada con su comunidad.
Así, este astro con los pies en la tierra forma parte de la construcción de un personaje que logró trascender la idolatría deportiva para transformarse en un modelo identificatorio para más de un joven, que vio triunfar a un hijo de inmigrantes en una Francia multicultural, que a menudo reniega de su diversidad y limita a los marginados.
Esa formación, marcada por Bondy y su familia, también explica por qué años después Mbappé decidió posicionarse políticamente en público, algo poco habitual en futbolistas.
Migración y minorías: el día que Mbappé se pronunció contra la Derecha
Europa no es ajena a una tendencia global del fortalecimiento de los partidos de derecha y particularmente Francia es protagonista de un momento de tensión política y social por la migración y la diversidad étnica.
Mbappé, como capitán de la Selección y figura estelar de Real Madrid, es la cara de Francia para el mundo. Y como oriundo de las banlieues, Kiki no puede (o no debe) mirar a otro lado cuando cuestionan la representatividad de los inmigrantes en Francia.
En un escenario donde las grandes figuras suelen evitar pronunciamientos, el delantero eligió exponerse.
Frente al avance de la ultraderecha, en junio de 2024, Mbappé utilizó una rueda de prensa deportiva para marcar un posicionamiento político: "Quiero estar orgulloso de llevar esta camiseta. No tengo ganas de representar a un país que no se corresponde con mis valores".
El hombre de Bondy fue a fondo y les pidió compromiso cívico a los franceses: "Creo que más que nunca necesitamos ir a votar. Esto es realmente urgente. No podemos dejar nuestro país en manos de esta gente”. Y les habló directamente a los jóvenes, una vez más: "Su voz sí cambia las cosas".
Aquella exposición dio la vuelta al mundo y se viralizó, no solo por la trascendencia de la denuncia, sino por la resonancia del personaje, que se corrió de la comodidad cómplice y apeló a su notoriedad para dar un mensaje extradeportivo: "Creo en los valores de la mezcla, la tolerancia y el respeto".
La bendición de Zidane y la pelea con el “français de souche”
"Francés de pura cepa" es la traducción literal del concepto que se reavivó en Francia con la conquista del Mundial 2018, que tuvo a Mbappé como figura estelar. Aquella expresión, que circuló también en 1998 cuando Les Bleus ganaron la Copa del Mundo, resume una tensión vigente pero que no es nueva.
El quid de la cuestión es que para algunos sectores de la sociedad, los franceses que representan al país en las competencias deportivas no son realmente franceses, al margen de lo que indiquen sus pasaportes.
El equipo que comandó Zinedine Zidane en 1998 fue parte de los antecedentes que entrecruzaron una lectura sociológica del fútbol como fenómeno de nacionalismo. La Selección quedó atravesada por el cuestionamiento identitario dentro de una Francia visiblemente diversa.
Zidane fue el rostro del "Black-Blanc-Beur" (negro-blanco-árabe), un supuesto lema de unidad que propició la gesta del título en el '98 y que enmarcó al fútbol moderno en medio de las controversias de las políticas inmigratorias.
Por entonces, Jean-Marie Le Pen, fundador del partido de extrema derecha Frente Nacional, encabezó las críticas más polémicas a la Selección, tildándola de "artificial", "con pocos jugadores blancos" que "no representan la verdadera Francia".
Algo similar pasó tras el título de 2018, cuando se retomó la gloria como velo de una problemática profunda. Un sector de la sociedad abrazó la diversidad ante el triunfo deportivo, pero mostró resistencia ante la mezcla cultural en el ámbito político y social.
En 2019, el presidente Emmanuel Macron distinguió a la Selección campeona en Rusia y la enalteció como una "Legión de Honor". Para el mandatario, ese nombramiento cumplió la doble función de "honrar", pero también "obligar" a cada uno de los integrantes a que fueran modelos y referentes de una República. Y resaltó la "ejemplaridad y madurez" de Mbappé, revelación de aquella Copa del Mundo.
Kiki fue tomando dimensiones inesperadas y su popularidad lo transformó en una figura central para toda una generación. Al respecto, opinó su antecesor, Zidane. "Estoy enamorado de Mbappé", dijo sin vueltas el excapitán.
Sobre el heredero de la cinta y de la 10 de Les Bleus, Zizou lanzó su bendición: "Va a hacer historia. La primera vez que lo vi pensé 'es Pelé', y la gente creyó que estaba loco. La habilidad de Mbappé de tomar él toda la responsabilidad y cómo se comporta, aunque sea criticado. Me encanta eso".
La admiración de Zidane por el joven Kylian iba mucho más allá de lo que este podía hacer con una pelota en los pies. Tal vez, lo cautivó la decisión voluntaria de convivir con la incomodidad para defender una creencia o simplemente fue una identificación inconsciente. Lo cierto es que ambos se veneraban mutuamente.
Mbappé recuerda el día que conoció a su ídolo: "Cuando cumplí 14 años, le dijeron a mi padre que a Zidane le gustaría verme, cuando era director deportivo del Madrid. Fue como estar en la luna". Y grafica la magnitud del evento con una anécdota colorida: "Nunca olvidaré ese momento. Llegamos desde el aeropuerto y Zidane nos recibió en el parking. Me dijo que entrara en el coche y le pregunté: ‘¿Me quito los zapatos?’. No sé por qué dije eso. Era el coche de Zidane. Pensaba que estaba en un sueño".
Mbappé, de "next-gen" a líder de Francia en el Mundial 2026
Mbappé irrumpió en el Mundial 2018 como una promesa y, con tan solo 19 años, se coronó campeón. Fue revelación, con una actuación estelar contra la Argentina de Messi en octavos de final, y anotó 4 goles en 7 partidos jugados, uno de ellos en la final ante Croacia.
El delantero, que había conseguido la Ligue1 con Mónaco y PSG, fue elegido como el Mejor Jugador Joven de la Copa del Mundo y se metió definitivamente en el centro de la escena deportiva.
Ante los ojos del mundo, Kiki convivió con las inevitables comparaciones con Messi y Cristiano Ronaldo, al tiempo que dejó asentada su candidatura para liderar la nueva generación de Francia, en la era pos-Zidane.
En Qatar 2022 le tocó perder de forma agónica una de las finales más espectaculares de la historia ante la Selección Argentina, pero Mbappé se lució e hizo tres goles. En esa edición, fue Bota de Oro con 8 goles en 7 partidos y se transformó en el segundo máximo goleador de Francia en Mundiales, con 12 tantos en total.
El capitán galo llega en su mejor momento a la gran cita que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá.
Con la madurez justa, acompañado por un plantel estelar y absolutamente consolidado como el líder espiritual de Francia, Mbappé está listo para comandar la misión-revancha del equipo de Didier Deschamps en el próximo Mundial.
En un mundo fragmentado y en tensión, Mbappé no solo cargará con la expectativa de ganar la Copa, sino también de representar a una Francia que aún discute su propia identidad.
