26 de junio de 2016. East Rutherford, estado de New Jersey. Lionel Messi está en el peor momento de su vida. La Selección Argentina acaba de perder su tercera final en dos años y, por primera vez, el ídolo siente que no puede. Que el destino se ha empeñado en verlo derrotado. Que el éxito tan conocido en Barcelona será esquivo para siempre con los colores nacionales. Entonces, baja los brazos en un gesto inédito en él, pero humano.
"Lo primero que se me viene a la cabeza, y que pensaba recién en el vestuario, es que ya está, que se terminó para mí la selección. Son cuatro finales (3 Copas América y Mundial 2014), no es para mí. Lo busqué, no se me dio, pero creo que ya está. Es lo que siento ahora. Es una tristeza grande lo que nos volvió a pasar. Encima me toca errar el penal a mí. Era importantísimo para tomar diferencia. Hoy me tocó errar a mí, ya está", dijo tras perder la final de la Copa América Centenario en una inolvidable zona mixta en la que la angustia se palpaba en el aire.
A partir de esa derrota, Messi inició un nuevo camino. Una parábola que, ahora lo sabemos, termina en felicidad. Un viaje desde las profundidades de la frustración hasta el goce más sublime. Un periplo de una década que une el sufrimiento con la gloria.
Lionel Messi y el camino del héroe
El mitólogo Joseph Campbell presentó a mediados del siglo pasado una estructura narrativa que, bajo el nombre de "el camino del héroe", explicó los patrones universales de los grandes relatos de la humanidad. Una arquitectura de etapas que describe el viaje iniciático de un individuo común desde su llamado a la aventura hasta su consagración tras atravesar el abismo, hasta su elevación como ídolo colectivo. En la última década de su vida, Messi transitó ese camino hasta esta Copa del Mundo en la que, feliz, bebe del elixir de la felicidad compartida.
Messi en el mundo ordinario
Para él, la vida cotidiana en Barcelona era ganar Balones de oro, ser campeón de Europa y brillar en uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Paseaba entre trofeos mientras gozaba de la admiración de compañeros, hinchas y rivales. Tenía la sonrisa del campeón y la alegría de la juventud.
Llamada a la aventura
El desafío, entonces, era devolverle la vieja gloria a la Selección nacional, cuyo último título del mundo ya se veía lejos. Su país natal lo convocó para afrontar un reto que parecía cada vez más inalcanzable. Y él respondió a ese llamado sin terminar de comprender la dificultad de la tarea.
Rechazo de la llamada
La renuncia. La tercera derrota consecutiva y las dudas dejan de serlo para transformarse en una certeza cruel: yo no puedo y por eso rechazo aquel llamado que una vez acepté. El destino no se puede cambiar, ni siquiera gracias a un talento incomensurable y una voluntad de hierro.
Encuentro con el mentor
Conoció a Diego Maradona en su carne. Desde que era un niño, Diego lo cobijó, lo bendijo e intentó contenerlo. Pero no pudo llevarlo al mismo sitio donde él había estado. Sin embargo, la presencia espiritual de Maradona después del 25 de noviembre de 2020 fue la guía inmaterial, religiosa, que lo impulsó en su camino.
Cruce del primer umbral
A mediados de 2021, en plena pandemia, Messi fue campeón por primera vez con la Selección Argentina. Ganó la Copa América en el Maracaná contra Brasil y por una vez, el destino se reescribió. Fue la primera señal venturosa de un camino que empezaba a hacerse menos empinado.
Pruebas, aliados y enemigos
Durante el torneo ganado en Rio de Janeiro, Messi se consolidó como líder absoluto de un grupo de personas del fútbol que supieron seguir su liderazgo pero que, todavía más, lo contuvieron. Lo comprendieron. Lo acompañaron. Sin Lionel Scaloni, Rodrigo de Paul, Pablo Aimar y Dibu Martínez, no habría héroe ganador. Como tampoco lo habría sin enemigos de fuste. Sin Cristiano y sin Mbappé.
Aproximación a la caverna profunda
Qatar 2022 era la oportunidad final. El "ahora o nunca" definitivo. Pero en el comienzo nomás, otra vez la derrota. Arabia Saudita, con su total anonimato futbolístico, le dio un golpe que aumentó la tensión de la historia. Que obligó a Messi a endurecer aún más su piel.
Ordalía o prueba suprema
Tras superar el tropiezo inicial, Países Bajos en los cuartos de final se convirtió en el peligro mayor. Una rivalidad histórica, un partido que se complicó después de un comienzo triunfal y una victoria tan sufrida como celebrada. Y al final, una frase inolvidable. Tan argentina como simbólica.
Recompensa
Una victoria total contra Croacia, con un juego prodigioso, pero también con carácter. Y el pasaje a una nueva final. La verdadera recompensa: una oportunidad más. Una ofrenda de la providencia para demostrar, esta vez sí, que para el héroe no hay imposibles.
Camino de regreso: más problemas
La final de la Copa del Mundo 2022 contra Francia es una pieza literaria en sí misma. Con la épica de Homero y la belleza de Dante. Pero para Messi es el obstáculo más difícil. La prueba absoluta. Una demostración de juego sin precedentes pero también un triunfo que se esfuma. Entonces, la necesidad de una nueva reconstrucción.
Resurrección y gloria
Argentina campeón del mundo. Messi campeón del mundo. La metamorfosis total. El individuo derrotado se convierte en el líder colectivo triunfal.
Regreso con el elixir
Hoy es la hora del goce. El viaje adquiere sentido. El sacrificio tiene el sabor dulce de la victoria. Messi disfruta de su propia gloria en este Mundial 2026. Lo hace en compañía. Sin ataduras. Su parábola está completa.
