Los 100 de Scaloni: entre el método y el factor humano

En el Mundial 2026, Scaloni cumplió 100 partidos al frente de la Selección Argentina. EFE

MIAMI (Enviado especial) – "De mis 100 partidos como técnico en la Selección Argentina, seguro fue el que más me marcó. Sufrimos ante Arabia Saudita en el debut del anterior Mundial. Ahora nos repusimos dos veces y me ayudará como entrenador".

La sentencia de Lionel Scaloni, dicha en caliente al término del sufrido 3-2 frente a Cabo Verde por los 16avos. de final del Mundial 2026, parece no hacer honor al balance de su exitoso ciclo al frente de Argentina. Sin embargo, son sensaciones personales y nadie las puede refutar.

La madurez de Scaloni, de interino a campeón del mundo

"Si después de recibir este mazazo te reponés, no hay quien te pare", decía el DT en una combi luego de la inesperada derrota ante Arabia Saudita. En ese mismo video que se viralizó, sostenía que "hay que estar acostumbrado a perder" porque así "nunca nadie va a jugar tranquilo".

Es cierto, la actuación ante Cabo Verde en el Miami Stadium generó dudas, pero lo importante es que se ganó y puede ser un punto de partido. Seguramente habrá cambios de cara al duelo de octavos de final frente a Egipto, algo que el entrenador supo hacer a tiempo.

Porque no es el mismo Scaloni de hace ocho años. Aquel, que era mirado de reojo por su inexperiencia, tuvo que arrancar a la defensiva por las dudas que generaba su designación. Gracias al trabajo, a priorizar siempre lo colectivo y a no correrse de eje, se ganó la confianza y logró conducir a la Albiceleste a los títulos que no se conseguían hace décadas.

El nacido en Pujato lideró la necesaria renovación que necesitaba la Selección después del Mundial de Rusia 2018, del que formó parte en el cuerpo técnico de Jorge Sampaoli. Siempre fue cercano al jugador, con un trato directo y honesto. Y al haberle dado la posibilidad a tantos jóvenes de ponerse la celeste y blanca, se ganó automáticamente el respaldo y el compromiso de futbolistas que estarán siempre agradecidos con él.

Su ciclo comenzó con ataques más directos y después optó por no traicionar el estilo histórico que tuvo la Selección. De esa forma, juntó a los que juegan bien. Apoyado por un notable cuerpo técnico, en el que cada uno cumple un rol específico con un perfil sumamente bajo, es destacado por anticipar lo que sucederá en los partidos.

Desconfiado por naturaleza y siempre mesurado, no dudó en retar a Rodrigo De Paul cuando se alegró de que tocara Arabia Saudita en el debut de Qatar ni a los jugadores que festejaban a los gritos la eliminación de Brasil antes de jugar los cuartos contra Países Bajos.

El factor humano, una de las claves del éxito de la era Scaloni

Más allá de lo estrictamente futbolístico, no se puede dejar de lado el factor humano. Así lo describió Rodrigo De Paul: "Me enseñó que no somos solo jugadores, sino personas que jugamos al fútbol. Detrás de cada jugador hay una persona con muchos problemas, satisfacciones y desilusiones. Cuando la persona que te guía entiende eso, estás en un lugar mucho más acogedor y podés explotar tus virtudes".

Scaloni conformó un grupo que arropó a un golpeado Lionel Messi, al que hicieron sentir como uno más. Los nuevos compañeros lo bajaron del poster y en esa humanización, el 10 se sintió pleno. En ese concepto de “familia” que destacan los integrantes del plantel, todos dan la vida por el otro y el resultado se ve en la cancha. Puede haber partidos como contra Arabia Saudita o Cabo Verde, está claro, pero fueron más excepción que regla.

Preocupado por la vida personal de sus dirigidos y además abierto a mostrar sus propias emociones como cuando se largó a llorar en "la peor charla técnica del mundo", según describió Walter Samuel, antes de salir a buscar la gloria frente a Francia.

---

Los logros son conocidos: victorias en escenarios donde no es habitual festejar, un histórico invicto de 36 partidos y nada menos que 4 títulos: el bicampeonato de la Copa América, la Finalissima y la Copa del Mundo 2022.

Su ciclo de por ahora 100 partidos va más allá. El hecho de conformar una Selección Argentina que representa a su gente, encontrar la mejor versión de Messi y conseguir una identidad que enamora es un legado mucho más grande que los trofeos que engrosaron la vitrina.