Todo el Mundial Argentina y Messi estuvieron bajo la lupa, envueltos en teorías de conspiración, acusados por supuestas ayudas de los árbitro y la FIFA, hasta que perdieron la Final y eso fue motivo de disfrute para muchos.
Resulta complejo entender que quien ama al futbol fundamente su felicidad (deportiva) en la derrota de un equipo o de un futbolista.
En gran medida eso pasó en el Mundial. Argentina y Messi fueron blanco de odio y animadversión por el simple hecho de ganar y de llegar a la justa con la etiqueta de campeones del mundo.
Cada partido estuvo bajo la lupa: no expulsaron a Messi, el portero se comió sus goles, otra vez les regalaron penaltis, estuvo mal anulado el tanto a Egipto, no era roja la del suizo, y ante Inglaterra “tal vez” había fuera de lugar en una de las anotaciones y no se revisó en el VAR.
Ese fue el nivel del discurso y teorías de conspiración que envolvieron a la albiceleste a lo largo de ocho partidos en la Copa del Mundo, sin olvidar el señalamiento en el sentido de que la FIFA le trazó un camino fácil para que llegara a semifinales sin enfrentar a una selección de peso.
A esos grados se llegó, de ese tamaño fue el descrédito hacia la campeona defensora encabezada por el mejor futbolista de la historia, que a los 39 años demostró su vigencia, preparación y mentalidad para llevar a su selección a una segunda final del mundo de forma consecutiva, con lo complejo que eso resulta.
Nunca como ahora los ‘anti Messi’ y ‘anti Argentina’ se mostraron de cuerpo entero: fueron fans de Argelia, Austria, Jordania, Cabo Verde, Egipto, Suiza, Inglaterra y España, y hasta el octavo intento les tocó festejar.
Por fin cayó el héroe y eso fue motivo de disfrute, sin importar que si dichos ‘haters’ son mexicanos, su selección se quedó en la misma instancia que desde hace 40 años; o si son admiradores de Cristiano Ronaldo, el veterano realizó un Mundial penoso y fue un lastre que Portugal arrastró y quedó eliminada muy temprano. Por España, por cierto.
Ya ni hablar de los madridistas, sin un solo futbolista en la ahora campeona del mundo. Se abrazaron a Kylian Mbappé y a Jude Bellingham que acabaron disputando el partido que a nadie le interesa jugar, el del tercer lugar.
“¿Por qué tanto odio a Messi, qué hizo Leo?”, se preguntó en un podcast el ‘Kun’ Agüero, ex compañero de selección y amigo cercano del capitán de Argentina, luego de la remontada histórica frente a los ingleses.
Porque ni en ese momento se le dio crédito a la albiceleste: la conversación giró en torno a la manta sobre Las Malvinas o al festejo de Enzo Fernández que, según algunos, fue “irrespetuoso” por llevarse las manos a los oídos en claro mensaje a sus críticos.
Y sí, ¿qué les hizo? El éxito lastima a quienes son incapaces de encontrar el propio o ya de menos disfrutarlo de vez en cuando a la distancia a través de los colores con los que se comulga, si se trata de futbol.
“Nuestras sonrisas molestan”, escribió Rodrigo de Paul, otro cercano a Messi. Y sí, a lo largo de cuatro años dolió mucho que Argentina y campeón del mundo fueran parte de una misma oración.
No es poca cosa la manipulación y mensajes que rebasaron lo deportivo desde algunos medios y no se diga comunicadores para fomentar el odio hacia Argentina. No solo contra la selección, también dirigido al pueblo argentino que tendría que ser hermano y resulta que es enemigo.
Se les tacha de agrandados, racistas y engreídos con una ligereza que asusta, como si el país estuviera representado por unos cuantos. Impresentables hay en todos lados, sin excepción, y mal hacen muchos mexicanos que muestran su clasismo hacia la comunidad argentina que radica en estas tierras.
La violencia no se justifica en ninguna de sus formas y mucho menos si se trata del futbol, que en su esencia tiene la virtud de unir y ser un generador de alegría. No es tan difícil de entender.
Tú defiendes y apoyas a tus colores y yo hago lo propio con los míos con el respeto como regulador de las pasiones. Nada más.
Por ello la ola de mensajes de odio y burlas en las redes sociales y los hechos violentos en centros comerciales, aviones, el metro o cualquier otro sitio resultan condenables.
¿No te gusta Messi, te cae mal la selección Argentina? Está bien, es válido. De ahí a atacar, celebrar su tropiezo como si te fuera la vida en ello y basar tu felicidad en la derrota ajena habla más de ti que de los eternos campeones del mundo. Porque eso son y eso serán siempre.
Digan lo que digan y le duela a quien le duela, como expreso Leo tras la épica remontada frente a Inglaterra.
Para cerrar, bien vale la pena recordar en este contexto una frase de Jorge Valdano: “El que no quiere a Messi, no quiere al futbol”.
