Cristiano-Messi y el contraste definitivo: entre un adiós oscuro y un homenaje brillante

Ronaldo y Messi parecen tener finales muy distintos a nivel de selecciones. ESPN.com

“Esperamos no llorar mucho”, confesó Cristian “Cuti” Romero cuando le preguntaron por el adiós de Lionel Messi. La frase resume, quizás mejor que cualquier otra, el sentimiento que empieza a instalarse en Argentina: el próximo 6 de octubre no será simplemente un partido amistoso ante Benín, sino el último capítulo de Messi con la camiseta de la Albiceleste, en un escenario preparado para homenajear a una leyenda.

El contraste con Cristiano Ronaldo difícilmente podría ser mayor. Mientras Messi se prepara para despedirse rodeado por sus compañeros, por una generación que creció bajo su liderazgo y por un público que ya comenzó a convertir su última aparición en una celebración, Ronaldo abandonó la concentración de Portugal en medio de una fuerte controversia con el seleccionador Jorge Jesus.

El portugués, de 41 años, dejó el campamento de la selección después de ser suplente ante Noruega y no ingresar al campo pese a haber calentado durante el encuentro. Días después, tras conversaciones con el presidente de la Federación Portuguesa de Fútbol, Pedro Proença, decidió marcharse y aseguró que “a su debido tiempo” explicará las razones de su decisión. Su futuro internacional, por ahora, permanece abierto.

Portugal, entretanto, respondió sobre el campo sin su máxima figura. Venció 4-2 a Dinamarca y lo hizo con un equipo en el que marcaron João Cancelo, Gonçalo Ramos, Vitinha y João Félix. Jorge Jesus evitó profundizar públicamente sobre el caso Ronaldo y destacó el compromiso del resto del grupo.

La diferencia no está solamente en la forma de marcharse, sino también en el lugar desde el que cada uno llega a esa despedida.

Messi acaba de disputar su tercera final de un Mundial en cuatro ediciones y volvió a ser determinante para Argentina. Terminó la Copa del Mundo de 2026 con ocho goles y cuatro asistencias, fue elegido Balón de Plata del torneo y Bota de Plata, mientras que la Albiceleste llegó nuevamente al último partido, donde cayó 1-0 ante España. Además, su rendimiento lo mantuvo dentro de la lista de 30 nominados al Balón de Oro 2026 y se espera que esté por lo menos en los 10 primeros.

A los 39 años, Messi no llegó al final de su ciclo internacional como una pieza secundaria ni como un jugador cuya presencia fuese discutida. Lo hizo todavía como capitán, referente y uno de los principales focos futbolísticos de una selección que durante años tuvo su figura como eje.

Y hay otro elemento que explica la dimensión emocional de su despedida: la relación construida con sus compañeros.

Los jugadores de distintas generaciones han hablado públicamente del impacto de Messi dentro del vestuario y de todo lo que significó compartir años de selección con él. Desde futbolistas que apenas comienzan a escribir su historia con Argentina, como Nico Paz o Franco Mastantuono, hasta referentes como Lautaro Martínez, la despedida de Leo se vive como el cierre de una etapa compartida.

Porque Messi no se marcha solamente después de haber jugado un Mundial. Se va después de haber construido el ciclo más exitoso de la historia reciente de Argentina.

Con Messi no siempre fue color de rosa

Tras aquella derrota ante Chile en la Copa América Centenario de 2016, Messi llegó a anunciar su retiro de la selección. Fue un momento de enorme frustración después de perder la final del Mundial de Brasil 2014 y las dos finales de la Copa América ante Chile, en 2015 y 2016.

Pero aquella vez ocurrió algo que ahora vuelve a cobrar especial significado: sus compañeros salieron inmediatamente a respaldarlo y a pedirle que regresara.

El cuerpo técnico también mantuvo abierta la puerta. Y Messi volvió.

Lo que ocurrió después cambió para siempre su historia con Argentina: Copa América 2021, Finalissima 2022, Mundial 2022 y Copa América 2024. En las dos Copa América fue elegido como mejor jugador del torneo.

La despedida, por eso, tiene otra carga. Messi se va después de haber conseguido aquello que durante tantos años parecía imposible y después de haber llevado a su selección hasta otra final mundialista.

Ronaldo, en cambio, llega al posible cierre de su historia internacional rodeado de interrogantes.

¿Cristiano, un capitán con poco respaldo de su tripulación?

Portugal también construyó un equipo de enorme talento alrededor de Cristiano. Vitinha, Nuno Mendes y João Neves formaban parte de la estructura del PSG campeón de Europa, mientras que Bruno Fernandes representaba otra de las grandes figuras del seleccionado. Sin embargo, el Mundial terminó en octavos de final, donde Portugal fue eliminado por España con un gol de Mikel Merino en el minuto 90.

Cristiano, marcó ante Croacia el que fue su primer gol en una eliminatoria de una Copa del Mundo, en el triunfo 2-1 que llevó a Portugal a los octavos de final.

Pero aquella derrota ante España también marcó el final de Ronaldo en los Mundiales. El propio jugador confirmó después que no disputaría una séptima Copa del Mundo.

Con la selección portuguesa, además, Ronaldo había conseguido grandes conquistas. Ganó la Eurocopa 2016 y fue protagonista de los dos títulos de Nations League de Portugal, en 2019 y 2025.

El problema es que el capítulo actual no está relacionado con los trofeos, sino con la convivencia entre una leyenda y el nuevo ciclo de la selección.

Ya durante el Mundial de 2026, João Neves protagonizó una de las frases que alimentaron el debate sobre el lugar de Cristiano dentro del equipo: “Sabemos lo que Cristiano ha hecho por nosotros, pero ahora mismo no es diferente a nosotros. Solo es un jugador más para ayudar”. Las palabras provocaron una fuerte reacción en Portugal y abrieron un debate sobre si Ronaldo seguía teniendo el mismo peso dentro del vestuario.

No existen elementos suficientes para afirmar que el vestuario portugués estuviera completamente roto, pero sí hubo episodios públicos que alimentaron esa percepción. En determinados partidos también fueron visibles gestos de frustración entre Ronaldo y algunos compañeros, especialmente alrededor de determinadas acciones ofensivas y jugadas a balón parado. Con Messi ocurrió algo muy diferente.

No todo fue perfecto en Argentina. Hubo derrotas dolorosas, críticas, dudas y hasta una renuncia del propio capitán. Pero cuando Messi se alejó, la respuesta del grupo fue pedirle que regresara. Y cuando finalmente volvió, encontró una selección que terminó construyendo alrededor suyo una identidad ganadora.

Ahora, diez años después de aquella decisión que parecía definitiva, Messi sí se despide. Y lo hace con una diferencia fundamental: Argentina no siente que esté despidiendo a un jugador que dejó de ser parte del proyecto, sino a la figura que llevó al equipo a vivir su época más gloriosa.

Portugal, en cambio, todavía no sabe si está viendo una despedida definitiva de Cristiano o solamente el final de un capítulo marcado por el conflicto con Jorge Jesus. Ronaldo abandonó la concentración, pero todavía no anunció oficialmente su retiro de la selección. La pelota, por ahora, está en el aire.

Dos leyendas. Dos capitanes. Dos carreras internacionales extraordinarias. Y, probablemente, dos de las despedidas más distintas que podía imaginar el fútbol.

Messi tendrá el Monumental, a sus compañeros y a un país preparado para agradecerle. Cristiano, en cambio, enfrenta un escenario mucho más incierto: después de 23 años, 234 partidos y 146 goles con Portugal, su última imagen con la selección corre el riesgo de quedar asociada a una disputa y a una salida abrupta.

El fútbol les dio carreras extraordinarias a ambos. Pero el final, al menos por ahora, parece haber decidido escribir historias completamente diferentes.