¿Puede Thiago Almada recuperar en la Selección el nivel que perdió en River?

Para Thiago Almada, la Selección Argentina era un espacio ideal para mostrar sus mejores virtudes futbolísticas. Inclusive en su etapa en Atlético Madrid, en el que no era titular, Lionel Scaloni siempre confió en él. Las sociedades que podía tejer con Lionel Messi y la confianza del entrenador le permitieron soltar sus alas y afirmarse en 2025 y 2026.

De hecho, “el Guayo” arrancó el último Mundial como titular, aunque fue perdiendo protagonismo en el torneo y en los meses posteriores no pudo desembarazarse de las incógnitas que fueron rodeando sus rendimientos.

Con un presente irregular en River Plate, club al que llegó como una de las incorporaciones más jerarquizadas de la historia, el mediocampista nacido en Ciudadela volvió a ser convocado por Scaloni y su cuerpo técnico para los amistosos contra Uruguay y Costa Rica, en la próxima ventana FIFA.

En La Bombonera y en Córdoba, el volante surgido de Vélez tendrá una gran ocasión para recuperar terreno, aunque en un escenario diferente: sin Messi y con la necesidad, y quizás la urgencia, de encontrar nuevas formas de desequilibrar y explotar sus cualidades.

Thiago Almada: de titular a mirar semis y final desde el banco

Su última participación con la camiseta celeste y blanca fue en el Mundial 2026, frente a Suiza, en los cuartos de final: ingresó por Enzo Fernández y disputó los 30 minutos del tiempo suplementario del angustioso triunfo 3-1.

Almada había comenzado el torneo como titular, pero fue perdiendo terreno y no participó de las semifinales ni de la final, contra Inglaterra y España respectivamente.

Si aquella pérdida de protagonismo ya había planteado algunos interrogantes sobre su lugar en el equipo, la nueva convocatoria abre otro escenario: ¿puede recuperar el nivel que perdió en River?

Por supuesto, tiene a su favor el conocimiento y la confianza de Scaloni, quien le dio responsabilidades importantes incluso cuando no era titular en el “Aleti”. Durante las Eliminatorias y en buena parte del Mundial lo sostuvo entre los once, una señal de que valora sus condiciones y considera que puede aportar soluciones.

Sin embargo, el contexto que encontrará ahora será muy distinto. Y su presente lo obligará a reencontrarse rápidamente con su mejor versión.

Una inversión millonaria y una deuda futbolística en River

Su paso por Atlético de Madrid estuvo marcado por la dificultad para conseguir continuidad. En la primera mitad de 2026 apenas tuvo tres partidos con 90 minutos en el campo de juego: frente a Rayo Vallecano, en febrero, y contra Barcelona y Sevilla, en abril.

La posibilidad de regresar al fútbol argentino y tener un papel más importante en un equipo protagonista apareció como una chance para recuperar sensaciones y darle continuidad a su creatividad.

River hizo una apuesta muy fuerte por su incorporación, con una inversión superior a los 20 millones de dólares y un contrato de estrella planetaria.

De manera natural, la expectativa era que un campeón del mundo, con experiencia en el fútbol europeo y en una edad óptima, pudiera convertirse rápidamente en una referencia ofensiva. Sin embargo, Almada todavía no consiguió adueñarse del equipo ni exhibir la superioridad técnica y futbolística que se esperaba de él.

Sus estadísticas, de todos modos, no son las de un futbolista ausente. No obstante, su influencia en el funcionamiento colectivo está lejos de ser constante. En ese plano, alternó actuaciones destacadas con otras en las que le costó encontrar espacios y resolver situaciones individuales.

También recibió cuestionamientos por errores puntuales, como la pérdida de pelota en la salida frente a Vélez que derivó en un gol rival.

La derrota en el Superclásico, en la Bombonera, profundizó ese escenario. River atravesaba un momento futbolístico delicado y necesitaba una respuesta de sus jugadores más importantes. La caída ante Boca volvió a exponer las dificultades de un equipo que recibió cuestionamientos generalizados.

Almada fue uno de los más cuestionados. Se esperaba mucho más de él en un partido de semejante trascendencia y su participación resultó escasa. Tuvo que modificar sus funciones después de la expulsión de Martínez Quarta: debió retroceder para colaborar con el mediocampo y así perdió influencia a medida que avanzaron los minutos.

Tampoco pudo aprovechar una pelota parada favorable, con un tiro libre que terminó enviando por encima del travesaño. Su actuación volvió a poner en discusión su capacidad para marcar diferencias en los encuentros de mayor exigencia.

En ese plano, también existe un debate sobre las funciones que debe cumplir. Se le reclama mayor capacidad para desequilibrar en el uno contra uno y asumir la conducción ofensiva, aunque su naturaleza futbolística parece más cercana a la de un mediocampista de asociación que a la de un extremo obligado a ganar permanentemente por afuera.

Sin Messi, Almada deberá encontrar nuevos espacios y sociedades

La Selección le presenta otro desafío. Durante buena parte de su recorrido bajo la conducción de Scaloni, el mediocampista encontró en Messi un socio privilegiado, pero también un futbolista cuya presencia generaba ventajas para todos los compañeros que se movían cerca suyo.

La atención que concentraba el capitán argentino condicionaba las defensas rivales, atraía marcas y liberaba espacios para quienes buscaban recibir de frente y desequilibrar desde tres cuartos de cancha.

La semifinal del Mundial contra Inglaterra ofreció un ejemplo muy claro. En la jugada del empate de Enzo Fernández, Messi participó de la acción que terminó con el remate del mediocampista desde afuera del área.

“El Guayo” podía beneficiarse de ese contexto para combinar, recibir en mejores condiciones y explotar su habilidad. Sin Messi, tendrá que encontrar nuevas sociedades y asumir una responsabilidad mayor en la generación de situaciones. La misión, que quizás sea una prueba de fuego, es producir por sí mismo algunas de las ventajas que antes también encontraba gracias a la presencia de Lio.

Scaloni conoce sus virtudes y ya demostró que está dispuesto a respaldarlo incluso cuando su actualidad en los clubes no es la mejor. Esa confianza representa una oportunidad, aunque no garantiza que conserve el lugar que supo ocupar.

Almada necesita recuperar regularidad, confianza y capacidad de desequilibrio. La Selección puede ofrecerle el escenario para hacerlo, pero también le plantea exigencias diferentes.

Su verdadera prueba será demostrar que todavía tiene mucho para aportar en una Argentina que empieza a reconfigurar su identidad después del retiro de Messi. De su potencial, Scaloni no tiene dudas. Ahora depende de él.