El sábado 24 de junio comenzaba la Copa Mundial de 1950 con el triunfo del local Brasil ante México por 4 a 0 en Río de Janeiro, en el Estadio Maracaná, que había sido inaugurado apenas ocho días antes. Uruguay se consagró campeón el 16 de julio en la cuarta edición del Mundial de fútbol donde participaron 13 selecciones.
Se había esperado doce años para que el fútbol pudiera tener de nuevo un Campeonato Mundial. Se aceptó que la FIFA prohibiera la participación de dos países. Se cambió el formato de la competición: por primera vez hubo de fase de grupos; por única ocasión no hubo una final. El fútbol reiniciaba su marcha y tuvo, a pesar del desánimo local, una de las hazañas más inolvidables de toda su historia.
Ante la paridad de argumentos de Alemania, Brasil y Argentina se culminaba el Mundial de 1938 sin saber quién sería el anfitrión del siguiente. Se acordó que la disputa por la localía se dilucidara en el Congreso de Luxemburgo a celebrarse en 1940. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial postergó reuniones internacionales y Copas del Mundo.
Finalizada la guerra en 1945 (no así sus consecuencias), el primero de julio de 1946 sí comenzó un Congreso delegados de todo el Mundo. Alemania ya no estaba en condiciones de mantener su postulación y los países sudamericanos habían llegado a un acuerdo. Suiza apareció como nuevo contendiente pero necesitaba más tiempo para construir los estadios y poder albergar así un Mundial.
El 25 de julio de 1946, la FIFA elegía por unanimidad a Brasil como sede para la edición de 1950 y a Suiza para la de 1954. El 18 de enero de 1947 en París se celebró la primera reunión de la Comisión Organizadora de la cuarta Copa del Mundo sin llegar a acordar un aspecto que desvelaba a todo el poder dirigencial y que llevó incluso a Brasil a amenazar con que rechazaría la condición de anfitrión.
En el capítulo ‘1950: Maracaná’ (de la revista uruguaya ‘100 años de fútbol’ publicada en 1970) se relata que, para aumentar la recaudación y así solucionar obstáculos económicos, la Confederación Brasileña de Deportes (CBD) propuso cambiar el formato de torneo y reclamaba una transformación para así llegar a una mezcla de Copa y Campeonato.
Los torneos reciben el nombre de Copa cuando una derrota significa eliminación, y Campeonato cuando todos deben jugar contra todos consagrándose campeón quien obtenga más puntos.
Los Mundiales de 1934 y 1938 se jugaron con régimen de play-offs desde el inicio. Brasil no solo quería retomar el formato en el Mundial de 1930 donde la primera fase se jugó en grupos y luego sí play-offs, sino que además planteó la necesidad de que la fase final también se jugara con una liguilla (todos contra todos) entre los ganadores de los cuatro grupos. El 19 de junio de 1947 el delegado brasileño Sotero Cosme comunicó al presidente de la FIFA, Jules Rimet, que Brasil no podría albergar la Copa del Mundo sino se aumentaba la cantidad de partidos.
El Congreso de Londres de agosto de 1948 aprobó una fórmula que contemplaba los deseos brasileños, quienes se garantizaban así una base de recaudación no sólo por la mayor cantidad de encuentros, sino que también evitaba que una eventual derrota de la selección local la eliminase automáticamente.
Salvada esa diferencia, Brasil se emprendió en el ambicioso proyecto de construir el estadio Maracaná. Las obras comenzaron el 2 de agosto de 1948 y el 16 de junio de 1950 se inauguró con un amistoso entre las selecciones del fútbol carioca y del paulista.
Por su parte, la FIFA se enfocó en definir quiénes participarían en la reanudación de las Copas del Mundo. Las penurias económicas que había dejado el conflicto bélico en gran parte del mundo dificultaban considerablemente dicha empresa. Además, la propia FIFA había prohibido la participación de Alemania y Japón por su papel en la Segunda Guerra Mundial como potencias del Eje.
Italia había recibido el indulto por gestión del dirigente Ottorino Barassi, quien además de ser vicepresidente de la FIFA en ese momento había cuidado del Trofeo, que pasó a manos de los italianos al ganar la Copa en 1938. Barassi había retirado en secreto el trofeo de un banco en Roma, escondiéndolo en una caja de zapatos debajo de su cama para evitar que los nazis se apoderaran de él.
De Europa también se destaca el debut mundialista de la selección de Inglaterra. Las asociaciones del Reino Unido habían reingresado a la FIFA y tenían dos cupos para el Mundial. Sin embargo, y pese a ganarse el derecho, Escocia no participó porque su federación había prometido que solo viajaría a Brasil si eran campeones del British Home Championship, torneo que se utilizó como fase clasificatoria. Inglaterra ganó el torneo, Escocia cumplió su palabra y no viajó a Sudamérica.
Turquía ganó su zona pero no desistió de participar por razones económicas; lo mismo sucedió con la India, quien había ganado la zona asiática. Sin poder cubrir estas tres ausencias el torneo contó con 13 equipos. Como el sorteo se había realizado en 1948 (antes de las clasificatorias) la distribución de los combinados quedó extrañamente así: dos grupos de cuatro participantes, uno de tres y el restante con solo dos selecciones.
De Sudamérica todas las selecciones clasificaron directamente. Bolivia y Chile obtuvieron sin jugar los dos cupos de su zona por la baja de Argentina al haber diferencias entre la AFA y la CBD. Paraguay y Uruguay también clasificaron directos porque ni Perú ni Ecuador se presentaron a su grupo de Eliminatoria. Por su parte Colombia estaba sancionada debido a la época de El Dorado, donde la FIFA la acusó de mantener una liga pirata.
El sorteo colocó a México (quien había recibido el primer gol en la historia de los Mundiales en 1930) como el rival de Brasil en el partido inaugural disputado en Maracaná el 24 de junio por el grupo 1. Los locales ganaron 4 a 0 (dos goles de Ademir, uno de Jair y otro de Baltazar).
El árbitro George Reader dio el pitazo inicial a las tres de la tarde de Río de Janeiro del primer partido del Mundial (fueron 22 encuentros en total). El inglés volvió a arbitrar el 2 de julio en Belo Horizonte, en el debut de Uruguay. El tercer partido arbitrado por el británico fue el último de esa Copa: el 16 de julio en Maracaná cuando los locales y los celestes definieron el título.
