Francia ya tiene sello Zidane: señales y alarmas tras los primeros partidos de un nuevo ciclo

Francia cerró su primera ventana internacional bajo su conducción con tres victorias, un empate y una remontada de 4-1 ante Bélgica que resumió varias de las virtudes que Zenedine Zidane pretende instalar. También expuso algunas de las dudas que todavía acompañan a este proyecto que tuvo su primera prueba en la UEFA Nations League 2026/2027.

El balance numérico es contundente: diez puntos sobre doce, siete goles convertidos y apenas dos recibidos. Turquía cayó 1-0, Bélgica perdió 1-0 en Bruselas, Italia rescató un 1-1 en Saint-Denis y Bélgica terminó goleada en el cierre del ciclo. Francia se marchó a la pausa como líder del Grupo A1 y con una sensación diferente a la que dejó durante buena parte de sus primeros partidos.

La transformación tiene una raíz futbolística concreta. Zidane quiere una Francia que tenga la pelota, que presione después de perderla, que encuentre amplitud y que permita a sus jugadores creativos intercambiar posiciones y atacar los espacios. Antes de esta ventana había explicado su idea con una frase que hoy adquiere todavía más sentido: “Prefiero correr con la pelota que detrás de ella”. También había reclamado mejorar “en los últimos metros” y acelerar el juego en determinados momentos.

La victoria ante Bélgica llevó esa búsqueda a una dimensión nueva. Francia estuvo 0-1 abajo durante más de una hora, encontró el empate con Désiré Doué a los 77 minutos, pasó al frente con Rayan Cherki a los 81 y liquidó la noche con dos goles de Michael Olise, a los 88 y 90+1. Cuatro goles en el tramo final, tres futbolistas que habían comenzado en el banco y una intervención decisiva del entrenador. El resultado terminó funcionando como una radiografía perfecta de este comienzo: hay una idea reconocible, hay talento para ejecutarla y Zidane todavía está descubriendo cuál es la mejor manera de combinarlo.

La Francia de Zidane: una idea que empieza a reconocerse

La primera señal aparece en la pelota. Zidane quiere que Francia construya desde la posesión y que utilice esa circulación para generar movimiento, ritmo y espacios. Después de la victoria ante Bélgica en Bruselas, cuando había realizado nueve cambios respecto del debut, fue muy preciso: “Cambiamos los jugadores, pero eso no cambia la fisonomía de lo que queremos poner en marcha”.

Esa declaración terminó teniendo un valor especial porque Francia consiguió sostener determinados principios aun con una formación completamente renovada. En Bruselas, el equipo dominó durante largos tramos, manejó el balón y llegó al triunfo a través de Olise en el minuto 88. El análisis de Le Monde destacó que Francia alcanzó un 92,8% de precisión en los pases dentro del campo rival, el porcentaje más alto registrado por los Bleus en una misma presentación durante las últimas dos décadas. Zidane había resumido el propósito: “Insisto en el mensaje de guardar la pelota y poner movimiento, ritmo”.

La presión también forma parte de ese sello. Después del triunfo ante Turquía, el entrenador remarcó el comportamiento del equipo después de perder la pelota y habló del equilibrio como una cuestión central: “El equilibrio del equipo, creo que es la clave de todo. Pusimos cosas en marcha y creo que se hizo muy bien, especialmente la presión después de perder la pelota”. Francia intenta recuperar arriba, acortar las distancias y volver a atacar inmediatamente después de recuperar. Ese mecanismo ya aparece con bastante claridad, aunque todavía genera algunos espacios cuando la presión inicial es superada.

También existe una búsqueda deliberada de libertad para los futbolistas ofensivos. Zidane habló de Doué y Barcola antes del segundo partido y explicó por qué le gustan sus características: “Son jugadores jóvenes y muy dinámicos, súper interesantes. Me encanta este tipo de jugadores porque por los costados es donde podemos hacer muchas diferencias”. La estructura todavía está en construcción, pero la intención ya resulta reconocible: Francia quiere amplitud, movilidad y jugadores capaces de romper una defensa desde diferentes zonas.

"Esto es fútbol, es lo que amamos. Tuvimos algunas dificultades en el primer tiempo, pero es parte del juego. Es el tipo de partido que nos toca cada tanto. Es bueno alcanzar a corregir, que es lo que hicimos, y jugamos un segundo tiempo extraordinario", describió el propio Zidane tras la reacción en la cuarta fecha ante Bélgica y agregó: "Estoy muy orgullos del equipo, nos ha permitido acabar estos quince días con una nota positiva. Lo contrario hubiera sido una pena. Creo que hemos merecido todo lo que hemos hecho estos días".

Olise, Doué y Cherki: el talento empieza a encontrar su lugar

Michael Olise terminó convertido en el rostro futbolístico de esta primera etapa. Participó en los cuatro primeros partidos de Zidane y tuvo incidencia directa en varios de los momentos decisivos: asistió a Mbappé ante Turquía, marcó el triunfo en Bruselas, convirtió ante Italia y cerró la goleada contra Bélgica con dos tantos y una asistencia. La actuación del lunes terminó de instalarlo como una pieza central del proyecto.

Zidane ya había quedado fascinado con él después del 1-0 en Bélgica. Sobre aquel gol que provocó su famosa celebración junto al banco, contó: “No sé ni lo que hice. Acompañé la acción de Michael, sentí que había arrancado en el regate. Hizo una acción excepcional. Vi la pelota y tenía que pegarle, aunque quedara un poco ridículo”. En otra valoración sobre el futbolista había sido todavía más explícito: “Es talento puro. Me gustan este tipo de jugadores”.

El paso siguiente llegó ante Bélgica. Olise entró desde el banco, encontró a Cherki para el 2-1 y después marcó dos veces. Doué también había ingresado y había iniciado la remontada. La lectura de Le Parisien fue contundente al señalar que el último cuarto de hora cambió completamente el partido. El propio desarrollo lo demuestra: Francia encontró en sus futbolistas creativos una velocidad de ejecución que había buscado durante buena parte de la noche.

Cherki, además, parece ocupar un lugar especial dentro de la idea de Zidane. El entrenador había explicado antes de esta ventana que le interesaba especialmente lo que el jugador pudiera hacer sin pelota y resaltó su capacidad para recibir entre líneas y jugar hacia adelante. “Es capaz de recibir entre líneas, encuentra pases increíbles. Dos o tres veces, cuando juega vertical, puede ser inmediatamente interesante”, había dicho. Su conexión con Olise empieza a transformarse en uno de los ejes técnicos más atractivos del nuevo ciclo.

Fue el mismo Olise quien, tras el 4-1 ante Bélgica, entregó cumplidos hacia su nuevo entrenador: "Zidane ha traído sus ideas y nosotros las aplicamos. Vamos a seguir por esta línea. Estoy contento de lo que hago en la selección, es un placer jugar aquí".

La goleada de Francia ante Bélgica también dejó las alarmas encendidas

El 4-1 no debería borrar lo ocurrido durante buena parte de la noche. Francia dominó la pelota, presionó y generó situaciones, pero Bélgica encontró el 1-0 a los 35 minutos después de una transición. Durante más de una hora, los Bleus volvieron a convivir con la dificultad que había aparecido ante Italia: mucho control y una producción ofensiva que tardaba demasiado en traducirse en goles.

Ese problema ya había sido identificado por el propio Zidane después del 1-1 frente a Italia. Francia había terminado aquel partido con 65% de posesión y 18 remates, pero necesitó una aparición de Olise para ponerse en ventaja y terminó concediendo el empate de Bastoni. El entrenador fue muy claro al explicar qué había faltado: “Nos faltó profundidad en los últimos 30 metros, que es donde se marcan las diferencias”. También había destacado el trabajo de Donnarumma: “Hizo tres paradas excepcionales. Forma parte del juego. Hay que seguir trabajando. Vamos a mejorar”.

El partido ante Bélgica confirmó que esa cuestión todavía está abierta. La goleada llegó cuando aparecieron Olise, Cherki y Doué, tres futbolistas capaces de acelerar la circulación, atacar el área y romper líneas mediante conducción o pase. El cambio fue inmediato. Francia encontró cuatro goles en menos de quince minutos después de haber pasado una hora larga sin encontrar una solución clara.

El mediocampo también requiere una definición. Zidane utilizó diferentes combinaciones durante los cuatro partidos y todavía no parece existir una sociedad definitiva capaz de ordenar todos los tiempos del equipo. Camavinga ofreció buenos minutos en este ciclo y fue titular durante 88 minutos ante Bélgica, mientras Manu Koné, Rabiot, Zaïre-Emery, Tchouaméni y otros perfiles compiten por distintos roles. La búsqueda será importante porque Francia necesita un futbolista o una sociedad capaz de convertir la posesión en control territorial y, al mismo tiempo, proteger al equipo cuando la presión queda superada.

La verdadera señal: Zidane ya tiene respuestas

El aspecto más prometedor de estos cuatro partidos aparece en la profundidad del plantel. Zidane cambió nueve jugadores entre Turquía y Bélgica, utilizó jóvenes, probó diferentes combinaciones y mantuvo la competitividad. Después de aquella victoria en Bruselas había explicado: “Todos demostraron que están involucrados”. También había remarcado: “Estoy muy satisfecho. Fuimos muy buenos en todas partes”.

Esa profundidad volvió a aparecer en Saint-Denis. Olise, Cherki y Doué comenzaron en el banco y terminaron cambiando el partido. La capacidad de Zidane para mirar hacia afuera del once inicial puede convertirse en una de las grandes fortalezas de Francia. El seleccionador todavía tiene que elegir una estructura más estable, pero ya sabe que dispone de recursos capaces de modificar una noche desde diferentes perfiles.

La situación de Mbappé también merece atención. El capitán marcó en el debut ante Turquía y luego quedó fuera por lesión. Francia consiguió ganar en Bruselas, empató con Italia y goleó a Bélgica sin él. La selección todavía necesita su capacidad de desequilibrio, su velocidad y su peso goleador, pero estos cuatro encuentros mostraron que el funcionamiento puede encontrar otros protagonistas. Olise aparece en primera línea; Doué gana terreno; Cherki reclama espacio; Barcola continúa siendo una alternativa de enorme velocidad. El regreso de Mbappé obligará a Zidane a tomar decisiones importantes.

También quedó una certeza sobre la personalidad del nuevo entrenador. Zidane no parece querer una ruptura brusca con la Francia competitiva que recibió. Su apuesta pasa por agregar movilidad, posesión y libertad a un equipo que conserva una enorme cantidad de recursos individuales. Antes de este ciclo había explicado: “Voy a intentar hacer lo que sé hacer” y había hablado de continuidad después de los ciclos de Didier Deschamps y Laurent Blanc. Cuatro partidos después, esa intención empieza a tomar forma.

Francia todavía necesita resolver la profundidad frente a defensas cerradas, encontrar una estructura más estable en el mediocampo, reducir los espacios que aparecen cuando falla la presión y convertir su dominio en ocasiones con mayor frecuencia. El empate ante Italia dejó esas preguntas sobre la mesa y la primera hora frente a Bélgica las volvió a mostrar. La diferencia está en que ahora existe una respuesta mucho más contundente: Zidane puede mirar al banco y encontrar talento suficiente para cambiar el partido.

El 4-1 ante Bélgica funciona así como el mejor cierre posible para este primer capítulo. Francia ganó tres partidos, empató uno, recibió dos goles y terminó como líder del grupo. Zidane todavía está buscando su Francia definitiva, pero ya consiguió algo fundamental: que su equipo empiece a tener una identidad reconocible. La pelota, la presión, la movilidad, el talento joven y la capacidad de acelerar aparecen como las primeras huellas de su ciclo.

Las alarmas siguen ahí, aunque ahora conviven con una certeza poderosa: cuando Francia encuentra su ritmo, tiene futbolistas capaces de convertir una idea en una avalancha.