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Murió Maradona: un fenómeno difícil de comprender para los uruguayos

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Desgarra el alma: Así despiden los hinchas a Diego (2:26)

Entre lágrimas y gritos de aliento, el pueblo argentino le dice adiós al 10. (2:26)

Diego Maradona murió este miércoles a sus 60 años. Prendemos la tele y vemos las imágenes desde Buenos Aires, Argentina. Gente llorando, abrazada, aglomerada en plena pandemia en uno de los países más afectados desde lo sanitario. Volvemos a ver bien, nos preguntamos, pero no comprendemos: ¿cómo alguien puede llorar tanto por un jugador de fútbol?

Los más racionales le buscarán la vuelta: es el mejor de la historia, al menos para los que lo lloran, pero, ¿y Messi? ¿Por qué no arrastra a tanta gente como Maradona? ¿Será porque no ganó ningún mundial?

Diego, además de ser el mejor jugador de la historia del fútbol mundial, no puede analizarse sin contexto. Ahí es donde nosotros no comprenderemos jamás el fenómeno maradoniano si no tenemos en cuenta los momentos en los que se dieron sus hitos más relevantes.

Diego fue consuelo y calma en una Argentina agitada, como toda su vida política, social y económica a lo largo del siglo pasado. El partido contra Inglaterra es el ejemplo perfecto: el gol con la mano contra un rival contra el que, cuatro años antes, su país se había enfrentado en una injusta guerra que había dejado miles de pibes sin futuro. Y en el mismo partido, por si fuera poco, dejó sentado a medio equipo inglés y marcó el mejor gol en la historia de los mundiales.

Una humillación doble para sus rivales y una pequeña revancha para los que habían sufrido en carne propia en esos años, pero además para una Argentina que había salido de una dictadura militar, tenía una democracia inestable y estaba entrando en una crisis económica sin precedentes. Las únicas alegrías para los más afectados solo podían venir a partir de él.

Además de haberse hecho “de abajo” desde un barrio “privado de luz, agua y teléfono” -como dijo él para referirse a Villa Fiorito- jamás se olvidó de sus orígenes. Eso, en un país con problemas estructurales y con dos décadas de pobreza creciente (1980-2000), que coincidieron con el auge de su carrera, fue un tesoro para muchos.

Pero, aparte de eso, fue una época en que Diego no la transitó callado: las denuncias a la FIFA, al Vaticano (instituciones intocables) y otras tantas injusticias -con aciertos y errores- lo enaltecieron. Sus frases quedaron para la posteridad, sus imágenes fueron su obra póstuma y sus jugadas y gambetas, piezas de museo.

Maradona representó como nadie a la cultura popular argentina: no fue solo un jugador de fútbol. Fue el colchón para muchos en una época olvidable para el país en todos sus niveles (político, social, económico), y fue el único que logró “saltear” esos obstáculos y sacar alegrías de donde no las había. Por eso es difícil comprender que millones de personas lloran a lo que quizás represente la muerte del siglo para ellos, aunque este siglo recién empiece.