Aromas de despedida

MADRID -- El proceso de renovación está siendo paulatino en la selección de básquetbol de Argentina. El fin de la Generación Dorada, un concepto que lleva tiempo hiriendo sensibilidades entre algunos de los jugadores más veteranos de la albiceleste, se diluye con el paso del tiempo. No desaparece del todo, porque aún quedan exponentes de aquellos momentos brillantes para el básket argentino, pero cada vez tiene menos forma por la entrada y salida de jugadores.

Las ausencias de Manu Ginóbili y Carlos Delfino en el Mundial de España y la presencia de una gran mayoría de nuevos exponentes (considerando nuevos a los que no estuvieron en la plata del Mundial de Indianápolis 2002, el oro olímpico de Atenas 2004 o el bronce olímpico de Beijing 2008), hacen que pocos quieran poner fin a un pasado brillante, mientras que otros, los protagonistas, eluden hablar del fin de una generación. No porque se haya terminado con la derrota ante Brasil en octavos de final del Mundial de España, sino porque para muchos nunca hubo un grupo concreto merecedor de ser englobado en una generación.

"¿Qué es la Generación Dorada? ¿De qué grupo estamos hablando? ¿De qué jugadores? ¿De qué equipo estamos hablando? ¿De Indianápolis, de Atenas, de Japón, de Turquía? Son todos diferentes", argumentó Luis Scola tras la eliminación de la albiceleste este domingo.

"De Indianápolis a ahora cuántos jugadores quedaron? ¿De Atenas a ahora cuántos quedaron?. Creo que es el momento de cortarla con esto de la Generación Dorada, del último partido, de la despedida. En la Generación Dorada no habrá despedida, ni último partido. Nunca lo hubo y nunca lo va a haber", afirmó.


Miembros permanentes

En la plantilla que acudió a la cita mundialista hay tres jugadores que estuvieron en el grupo de Indianápolis: el propio Scola, Leo Gutiérrez y Andrés Nocioni. Otros cuatro estuvieron en Atenas: los tres anteriores y Walter Hermann; y a la ecuación de Beijing se suma Pablo Prigioni.

Esos son los jugadores que quedan de la denominada Generación Dorada, algunos de los artífices que llevaron el básquetbol argentino a la cota más alta de su historia. Si Ginóbili y Delfino hubieran podido estar presentes en España, el grupo se hubiera ampliado a siete de los 12 convocados por Julio Lamas. Siete testigos del éxito, siete portadores de unos galones estampados en el pecho que quizás no hubieran cambiado el devenir de Argentina en el Mundial --quizás sí-- pero que indudablemente hubiera mantenido viva la llama de esta generación que ya se ha mezclado con los más jóvenes.

"Va a seguir pasando lo mismo que pasó estos años, que algunos jugadores se van a ir y otros van a venir. Los acogeremos y serán parte importante seguiremos luchando, compitiendo. Va a llegar un día, cuando el último que estuvo en Indianápolis o Atenas que se va a ir y no va a estar más, y entonces se acabará esta pregunta, pero la verdad es que esta pregunta se acabó hace mucho tiempo", incidió Scola.
Argentina no es lo que fue y es difícil que en un futuro próximo se acerque a los momentos de gloria que llegaron a poner nombre a una generación inolvidable. Los veteranos son los que llevan el peso del equipo y el final de su presencia está cada vez más cerca. Prigioni cuenta con 37 años de edad y evitó contestar a una pregunta formulada al oído por un periodista argentino.

"¿Seguirás en la selección?"

El armador de los Kincks de Nueva York se marchó hacia el vestuario sin mirar atrás en lo que pudo ser una contestación en sí misma. Nocioni tiene 34 años de edad; Herrmann, 35; Gutiérrez, 36 y Scola 34.

"Por qué lo va a ser (su último partido con Argentina)", afirmó Scola. "Nunca dije que lo fuera a ser. Todavía estoy sano, soy lo suficientemente joven para jugar. Nunca he dicho nada de eso. Espero seguir jugando en el futuro. No sé lo que pasará si me lesiono o empiezo a jugar mal. Pueden pasar muchas cosas, pero no es mi intención que sea mi último partido aquí. Nunca dije nada de eso", argumentó.


Veteranos llevaron peso en España

Fueron precisamente los veteranos argentinos los que han marcado la pauta del juego elaborado por Julio Lamas. Antes de la hecatombe ante Brasil ellos fueron los que llevaron la batuta del equipo y también los encargados de liderar las estadísticas. Scola (19.5 ppj y 8.5 rpj), Prigioni (10.5 ppj y 4.2 apj), Herrmann (9.0 ppj y 4.7 rpj) Y Nocioni (8.8 ppj y 5.0 apj). De los jóvenes se les acercaron Facundo Campazzo (9.2 ppj y 4.3 apj), Selem Safar (7.2 ppj) y Nicolás Laprovittola 6.2 ppj).

Fueron precisamente los más jóvenes los que hablaron con lágrimas en los ojos después de la eliminación, los que tenían la voz más quebrada, los que tuvieron una consciencia teñida de frustración no más profunda que los veteranos, pero si más notoria, más emocional. El proceso de renovación de Argentina se está haciendo de manera paulatina y no tiene visos de erigirse en una potencia mundial cuando los Scola, Prigioni, Nocioni, Herrmann o Gutiérrez abandonen la nave.

Todo olió a despedida el domingo. El propio Lamas anunció que es muy probable que no continúe dirigiendo al equipo y aunque reculó levemente en su anuncio, sus palabras no dejaron de sonar a despedida.

"En el equipo están dejando de jugar año tras año algunos de los jugadores que ayudaron a escribir las páginas más gloriosas de nuestra generación. Año tras año recibimos algunos jugadores jóvenes al equipo a los que hay que recibir con respeto y cariño e introducirlos en la cultura de la selección nacional", señaló un Lamas que se fue despidiendo de los periodistas argentinos uno a uno.

Aunque duela, el fin de la Generación Dorada está cerca. Los integrantes que quedan de aquellas gestas han seguido en liza hasta este momento. Algunos, como Scola, permanecerán en el grupo, otros irán dando paso a los nuevos jugadores, pero elinevitable paso del tiempo ha terminado por hacer mella en el grupo. Hubo muchos aspectos que olieron a despedida en Argentina tras la derrota ante Brasil, demasiados.