Australia y el tenis de importación

John Tomic reavivó la polémica con Tennis Australia Getty

"Estamos comprando jugadores en vez de invertir en los nuestros. Tenemos millones de chicos talentosos y, en vez de alentarlos, traemos de otros países. ¿Qué está pasando?".

La arenga pública corrió por cuenta de John Tomic, el controvertido padre de Bernard, y por estos días reabrió el debate en Australia en torno a una incomodidad latente en el circuito: los jugadores que compiten bajo bandera local después de haber representado a otra Federación.

El cuestionamiento podría resultar curioso si el análisis se redujera a su margen nacionalista. John, en efecto, nació en Croacia y Bernard, en Alemania. Pero la familia vive en la costa Este de Australia desde 1996 y la bronca de Tomic padre surgió por un enredo con la situación de Sara, la menor del clan.

"Compraron a Ajla, compraron a la otra chica que es 250 del mundo, ¿y no pueden poner 200 mil dólares en Sara o en otro chico que lo necesite?", siguió en declaraciones al Sydney Morning Herald.

Ajla es Tomljanovic, la croata de 21 años que en el último Roland Garros tumbó a Agnieszka Radwanska para trepar a octavos y alcanzar el, hasta ahora, mejor ranking de su carrera: 51ª. Ya en 2013 había escalado más de 350 puestos, penetrando el Top 100 tras dejar atrás una mononucleosis.

En el listado de la WTA, Tomljanovic aún aparece como croata. Pero en el US Open (evento ITF) ya estrenó el 'AUS' junto a su nombre. Hasta que la jugadora no obtenga la ciudadanía de su nueva nación, la diferencia de criterios entre las entidades mantendrá esa dualidad.

El caso de Tomljanovic es ilustrativo. En 2013, IMG le consiguió nuevo entrenador: el australiano David Taylor, excoach de Samantha Stosur. El nuevo vínculo también contemplaba la inclusión de un fisioterapeuta y un masajista. "Si quieren competir con las Top 10, deben tener un equipo de elite", resumía su agente, Max Eisenbud (el mismo que maneja a Maria Sharapova), en diálogo con el New York Times.

Pero para proyectar ese progreso, es necesario conservar una estructura. Y en el ejercicio de solventar las nuevas ruedas de asistencia, Tomljanovic encontró en la alternativa australiana el apoyo que la Federación croata no le podía ofrecer.

Algo parecido ocurrió con Daria Gavrilova, "la otra chica" que involucra John Tomic. Nacida en Rusia hace 20 años y ex N°1 entre las juniors, hoy marcha 258ª, tras una inactividad por lesión que la alejó del 128° escalón que llegó a ocupar el año pasado.

En su mejor momento en términos de ranking, Gavrilova explotó en redes sociales contra la Federación rusa por no haberle gestionado un wildcard para el WTA de Moscú. Su bronca tenía un porqué: con la final de la Fed Cup a semanas de distancia y un equipo que ya sumaba innumerables bajas para su conformación, tener ruedo en casa era un aliciente para ser convocada poco después.

En cambio, la beneficiada con invitación al cuadro principal fue Ksenia Pervak, de ranking semejante, pero suspendida para participar en Fed Cup por un motivo que en retrospectiva resulta irónico: previamente había decidido representar a Kazajistán y, ya de nuevo bajo bandera rusa, debía esperar dos años para poder volver a la competencia.

Rusia terminó yendo a aquella final liderada por Alexandra Panova, por entonces 138ª. Si Gavrilova nunca fue tenida en cuenta o si el episodio Moscú conspiró -de cualquiera de los dos lados- contra una eventual convocatoria, jamás trascendió. Lo cierto es que pocos meses después, los trámites con Tennis Australia estaban en marcha.

Con los ingresos de Tomljanovic y Gavrilova, la plantilla australiana en tenis femenino queda con cinco "extranjeras" entre sus nueve mejores jugadoras: Jarmila Gajdosova (Eslovaquia) y las hermanas Anastasia y Arina Rodionova (Rusia) completan la lista. Todas compitieron para su país de origen en el pasado.

Entre los varones, tres de los primeros seis nacieron fuera de Australia: Matthew Ebden (Sudáfrica), Marinko Matosevic (Bosnia y Herzergovina) y el mencionado Tomic. En los tres casos, sus familias migraron cuando ellos eran chicos.

La proporción arroja como caso espejo el de Kazajistán, que a base de incentivos económicos reclutó a unos 10 jugadores de países vecinos: Andrey Golubev, Mikhail Kukushkin, Yaroslava Shvedova, Yulia Putintseva, Sesil Karatantcheva y los nombres siguen. Aunque equiparar ambos escenarios sería exagerado.

"Tennis Australia no le paga a nadie para que venga aquí", expuso el CEO Craig Tiley. "Simplemente recibimos y apoyamos a todo el que quiera jugar para nuestro país, sin discriminar ni hacer diferencias".

Pero aquí entra un nuevo asterisco en la historia, y resurgen las críticas de Tomic padre: "Tennis Australia solo te protege si estás en el sistema. Pero el sistema no sirve". Las diferencias respecto a la formación de Sara hicieron que John la quitara de las academias nacionales. Y por fuera del círculo, no hay apoyo.

Lo mismo sucede con otra junior: Naiktha Bains, quien se entrena con su padre. El reproche hacia la Federación es repetido: al trabajar fuera del sistema, no hay aporte. Y a esta altura es risueño remarcar que Bains nació en Inglaterra y su padre le tramitó el cambio de ciudadanía cuando vio que allí la Asociación no la ayudaría.

Ante este panorama, cobran otro significado los meses que le esperan al tenis australiano puertas adentro: playoff local por un wildcard para Melbourne, anuncio de las restantes invitaciones al cuadro principal y presentación ante su "nuevo público" para las dos recién llegadas. Restará ver cuántas victorias hacen falta para correr de plano tanto enredo previo...