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Jorge López, 'el amigo' de Messi

BARCELONA -- "Muchachos, es un 'fenóoomeno'. Háganme caso, este pibe la romperá". A Leo Messi dicen que Carles Rexach le descubrió para el Barça y que Joan Lacueva le ató comprometiéndose en primera persona a financiar las inyecciones que necesitaba de niño. Nada hace pensar que no fuera así, pero una vez empezó a jugar La Masía hubo una persona en especial que le siguió, le mimó y con el paso de los años disfrutó como un niño de su éxito.

No. No le descubrió, pero sí, desde luego, fue uno de sus personajes más próximos en Barcelona y, también, en Argentina. Se llamaba Jorge López, era periodista, en mayúsculas, y fue quien nos puso a todos sobre la pista de la Pulga. Jorge vivió en Barcelona y trabajó en la redacción de Sport, entre 2000 y 2005. Y presenció en primera persona la eclosión de aquel a quien siempre llamó 'Fenóooomeno'.

Jorge López falleció, le mataron, el 9 de julio de 2014 en Sao Paulo, durante la disputa del Mundial de Brasil. Cubría la cita para el 'Diario Ole', 'La Red' y el diario 'Sport', del que era corresponsal en Argentina. El taxi en el que se encontraba aquella noche, horas antes de que la selección albiceleste eliminase a Holanda en las semifinales, fue arrollado por otro coche que había sido robado.

Ocurrió alrededor de la 1:30 horas de la madrugada, cuando los ocupantes huían de la Policía Militar. Leo jugó aquel partido aturdido, desconsolado, hundido. Lloró sin disimulo y ni Mascherano ni Agüero ni nadie pudieron tampoco reprimir las lágrimas por la pérdida de aquel tipo alegre, optimista y bueno que conocía a Leo desde su infancia porque su relación no era la habitual entre un periodista y un jugador de fútbol.

Era especial, mucho más íntima y personal porque Jorge, el 'Topito', conoció a la 'Pulga' cuando nadie más allá del fútbol base del Barça había reparado en él. La suya fue una amistad pura y sincera que fue creciendo a medida que pasó el tiempo. Fue Jorge quien le regaló una camiseta de Saviola cuando el 'Conejo' era ídolo en el Barça y fue él quien el 17 de octubre de 2003 le hizo la primera entrevista.

A partir de ahí la familia Messi entendió que aquel no era un periodista más, era un tipo especial siempre dispuesto a echar una mano, un confidente, un amigo que siempre supo separar el mundo profesional del personal y que a través de la confianza mutua le acompañó desde la distancia, pero de la mano en el ascenso al éxito del pibe.

"Muchachos, es un 'fenóooomeno", repetía machaconamente al otro lado del teléfono a cada partido que Leo se empeñaba en darle la razón y la rompía, cuando ya de regreso a su Argentina natal vivía desde la distancia la gloria del '10'. Siempre que podía se escapaba a Barcelona y era obligado su encuentro íntimo, acompañado, primero, de su compañera Verónica y más tarde de sus hijos Agustín y Lucía.

"Topito, ¿podrías darle esta camiseta para que me la firme? Es para mi hija". "Topo, a ver si le haces una entrevista hablando del gol de la semana pasada" "Topo..." Risas y más risas y nunca un 'no' por respuesta, aunque sabiendo siempre la línea que separaba el mundo profesional del personal. Y Jorge, el único periodista que había compartido con él un refresco en su primer piso cercano al Camp Nou, se perdía con Messi en su casa de Castelldefels, compartiendo esa amistad íntima y verdadera.

Leo lloró impotente el 9 de julio en Sao Paulo. Quienes estuvieron cerca de la selección argentina en aquellos últimos días del Mundial de Brasil coinciden en que a la Pulga se le acabó de sopetón la alegría cuando conoció la tragedia y que lloró más amargamente, si cabe, cuando cuatro días después el italiano Nicola Rizzoli dio por acabada la final que decidió Götze en la prórroga.

Messi no consiguió ganar el Mundial para Argentina... Y no pudo ofrecerle ese homenaje póstumo a su amigo. Muchos lloramos aquellos días en la soledad de nuestros pensamientos por la pérdida de un amigo. Y uno de ellos fue Leo Messi.

El tipo que hoy cumple diez años como futbolista profesional del Barça y que, seguro, tendrá un instante para elevar sus ojos al cielo y dedicar un suspiro para aquel periodista, aquel amigo, que le siguió en sus comienzos y nos puso a todos sobre la pista de lo que el mundo iba a descubrir.