BARCELONA -- El fichaje de Juan Guillermo Cuadrado por el Chelsea no dejó a nadie indiferente en Barcelona. El futbolista colombiano fue uno de los objetivos primordiales del Barça el pasado verano y cuando se frustró la operación quedó la posibilidad de volver a la carga en el futuro. Al confirmarse el castigo de la FIFA se mantuvo aún esa esperanza para atarlo en enero de 2016, pero la entrada en juego del Chelsea lo desbarató todo.
El Barça quería a Cuadrado y Cuadrado quería al Barça. El jugador ya expresó en agosto su disgusto por no concretar una operación en la que su representante Alessandro Lecci había trabajado a fondo. Tanto que el manager había aceptado un salario menor al demandado en un principio para facilitar las negociaciones entre los clubs, pero a partir del fichaje de Luis Suárez y de Mathieu la directiva del Barcelona cerró el grifo y descartó un fichaje que Luis Enrique había apoyado de forma especial.
Presentado inicial y erróneamente como un simple sucesor de Dani Alves, el colombiano era visto en el plan del entrenador azulgrana como el dueño absoluto de la banda derecha en un sistema novedoso, en el que se ha demostrado que la verticalidad ha ganado espacio ante el fútbol de toque. Ahí Cuadrado se convertía en un futbolista ideal y su descarte final significó una decepción para Luis Enrique.
En Italia se dio por hecho que la Fiore estaba dispuesta a aceptar 35 millones de euros por el traspaso o negociar con base en un pago de 32 con el pase de algún futbolista azulgrana al club viola, pero lo que no aceptó de ninguna manera la entidad italiana fue el propósito del Barça de diferir los pagos en cuatro años como le trasladaron en su última conversación los ejecutivos catalanes.
Ahí se quebraron las relaciones, por mucho que en el Camp Nou se mantuviera en cartera el nombre del colombiano de cara a un futuro. Y que se le tuviera en primer término de cara a enero de 2016, para incorporarse entonces a la plantilla.
EL CHELSEA
Pero Mourinho lo echó todo por tierra. El Barcelona conoció hace dos semanas que el Chelsea había presentado una oferta de 28 millones de euros a la Fiorentina y comprendió inmediatamente que Cuadrado acabaría en Stamford Bridge.
Por mucho que Montella clamara por su continuidad en Florencia y que la Fiore rechazara ese primer contacto, se entendió rápido que la operación llegaría a buen puerto en cuanto el club viola recibió el ofrecimiento de Salah, necesitado como está en su plantilla de un delantero.
Y así, el sábado, Juan Guillermo Cuadrado pasó a convertirse en otro de esos jugadores que estuvieron a un paso del Barça para acabar escapándose. Y personalizando el peor de los desengaños de este último año, siendo como era considerado un fichaje de primer nivel y dirigido a liderar el proyecto de futuro en el Camp Nou.
